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Barra de oro. Reuters

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El 2026 se complica para el oro: de aspirar a renovar sus máximos a pelear por revertir la caída del 8% que lleva en el año

La onza del metal amarillo ha llegado a caer por debajo de los 4.000 dólares.

Los analistas vaticinaban un nuevo año de récord antes de la guerra de Irán.

Más información: La fiebre del oro: el metal precioso brilla como nunca y se revaloriza un 170% en los últimos cinco años

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Las claves

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El oro ha caído un 8% en lo que va de año y un 22,5% desde el inicio de la guerra en Irán, alejándose de sus máximos históricos.

El conflicto en Oriente Próximo, el fortalecimiento del dólar y la reducción en la compra de oro por parte de bancos centrales han impactado negativamente al metal.

La política monetaria restrictiva de la Reserva Federal y la preocupación por la inflación también han penalizado al oro, que enfrenta un entorno desfavorable.

Analistas prevén que el oro podría recuperar terreno a largo plazo, pero superar sus máximos históricos parece improbable en el corto plazo.

El oro revierte su exponencial racha alcista y se juega terminar el año en negativo después de haber subido un 150% en los últimos cinco. El metal amarillo ha pasado de aspirar a renovar sus máximos históricos -registrados en los 5.434,1 dólares por onza- a caer por debajo de los 4.000 dólares esta misma semana. Una frontera que no perdía desde noviembre de 2025.

El estallido de la guerra en Irán fue el punto de inflexión para el metal precioso. Desde que comenzara el conflicto en Oriente Próximo el pasado 28 de febrero, el oro se ha desplomado un 22,5%.

Lejos de convertirse en un activo refugio para los inversores en un momento de inestabilidad e incertidumbre en el mercado, el oro ha pagado consecuencias directas del conflicto. Entre los principales culpables de su debacle: su falta de liquidez, el repunte del dólar, la reducción de compra de metal de los bancos centrales y el miedo al repunte de la inflación.

A estas amenazas se ha sumado otra recientemente. Los inversores han empezado a convivir con una Reserva Federal más preocupada por la inflación, lo que se traduce en una mayor expectativa de subida de tipos por parte del ente liderado por Kevin Warsh.

A pesar de que en su última reunión la Fed optó por mantener las tasas en el rango de entre el 3,5% y el 3,75%, los miembros del FOMC (Comité Federal de Mercado Abierto, por sus siglas en inglés) adelantaron en sus previsiones económicas -el conocido como diagrama de puntos o dot plot- una subida de tipos para 2026. En la última actualización habían previsto una bajada para este año.

¿Y cómo afecta todo esto al oro? Por un lado, como explica Antonio Castelo, analista de mercados de iBroker, a este diario, el cambio de expectativas en cuanto a la política monetaria estadounidense penaliza directamente al oro porque es un activo sin cupón ni rentabilidad.

Por otro, la subida del dólar -cuyo índice se ha revalorizado un 3,5% desde que estalló la guerra en Oriente Próximo- tampoco ayuda al metal precioso. La fortaleza del billete verde ha demostrado históricamente tener una correlación inversa con el oro, porque este se encarece para los inversores internacionales.

Política monetaria en contra

Hay otros factores a tener en cuenta. Desde el Banco de Japón también se muestran preocupados por la inflación y anticipan que subirán los tipos si es necesario para paliar el repunte del coste de la vida.

Lo que supondría una pérdida de liquidez que también lastra al metal amarillo, como explican los analistas de XTB.

Bajo este contexto, los propios analistas adelantan que el reto para el oro ya no es poder o no superar este año su récord histórico.

Ahora el desafío es poder revertir la bajada antes de que sea demasiado tarde.

¿Revertir el revés?

Desde Julius Baer se reafirman en esta idea. Sus analistas sí que prevén que el oro recupere el terreno perdido a largo plazo, aunque señalan que atacar los máximos históricos no está a su alcance ahora mismo.

En ello concuerda Castelo, aunque se muestra prudente ante la posibilidad de que el metal precioso pueda rebotar. Además, destaca que para que el oro pueda salir del terreno negativo, el dólar tiene que perder fuerza, las rentabilidades de deuda se tienen que moderar y la tensión geopolítica tiene que mantenerse estable.

Además, insiste en que el rebote del que venía el activo no ayuda y que el revés ha hecho tanto daño técnico como psicológico.

El metal amarillo experimentó en 2025 su mayor subida desde 1979. En total, durante el conjunto del año pasado, avanzó un 67% al pasar de cotizar en los 2.600 dólares por onza hasta los 4.300 dólares.