Kevin Warsh. Reuters
Este viernes, Kevin Warsh asumirá como el decimoséptimo presidente de la Reserva Federal, pero no esperen que eso implique un cambio repentino en la política monetaria de Estados Unidos.
Las decisiones de la Fed no dependen únicamente de su presidente, sino que se toman mediante votación entre sus 12 miembros. Si la mayoría no apoya una flexibilización, el margen de maniobra de Warsh será bastante limitado y, dado el contexto macroeconómico actual, todo apunta a que ese será el caso.
La inflación sigue siendo el principal problema. Impulsada por el encarecimiento de la energía, en abril el IPC subió al 3,8% anual, su nivel más alto desde mayo de 2023, mientras que el IPP mostró un crecimiento interanual del 6%, muy por encima del 4,8% esperado, impulsando los rendimientos de los bonos soberanos de EEUU, Europa y Japón la semana pasada.
Las decisiones de la Fed no dependen únicamente de su presidente, sino que se toman mediante votación entre sus 12 miembros.
La economía estadounidense está lejos de una recesión. En el primer trimestre, el crecimiento repuntó hasta el 2% desde el 1,4% anualizado registrado en el cuarto trimestre de 2025 y, de cara al segundo trimestre, el modelo GDPNow proyecta una expansión cercana al 4%.
Por último, en el mercado laboral, aunque las contrataciones se desaceleran, el desempleo se mantiene relativamente bajo, en torno al 4,3%. Además, las vacantes laborales aumentaron en 178.000 puestos en marzo, muy por encima de lo previsto, mientras que las solicitudes semanales de subsidio por desempleo continúan cerca de mínimos históricos.
De modo que no hay que esperar que la salida de Jerome Powell cambie por sí sola el rumbo de la política monetaria estadounidense. Todo seguirá dependiendo, en gran medida, de lo que ocurra en Oriente Medio. Si el estrecho de Ormuz se reabre, el riesgo inflacionario disminuirá y el índice S&P 500 podría recibir un impulso. De lo contrario, aumentará el riesgo de corrección.
***Igor Kuchma es analista de Trading View.