El petrolero Shenlong, con bandera de Liberia, que transporta petróleo crudo de Arabia Saudita a la India a través del estrecho de Ormuz, llega al puerto de Mumbai.

El petrolero Shenlong, con bandera de Liberia, que transporta petróleo crudo de Arabia Saudita a la India a través del estrecho de Ormuz, llega al puerto de Mumbai. Efe

Mercados

La factura de Ormuz: por qué el cacao y el aluminio suben más que el oro en la guerra de Irán

El cierre del estrecho encarece el petróleo, el gas y algunas materias primas agrícolas y deja en rojo a los índices bursátiles de todo el mundo.

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Las claves

La guerra de Irán y el cierre de facto del estrecho de Ormuz han disparado el precio del gas (59%), el petróleo (40-44%), el cacao (14%) y el aluminio (9%).

Mientras el oro, tradicional refugio, ha caído un 3,7%, materias primas expuestas a rutas marítimas y costes logísticos han sido las grandes ganadoras del conflicto.

El dólar y el bitcoin se han consolidado como refugios financieros, mientras bolsas y bonos globales han sufrido caídas en las dos primeras semanas del conflicto.

La guerra de Irán no ha coronado al oro ni a los bonos, sino al gas, al petróleo… y hasta al cacao. Desde que Teherán llevó el conflicto un paso más allá con el cierre de facto del estrecho de Ormuz, la energía y las materias primas más expuestas a rutas marítimas y costes logísticos se han disparado.

Mientras tanto, el oro —el refugio por excelencia—, la deuda soberana, las bolsas y buena parte de las divisas han acumulado caídas desde que comenzó la guerra.

En las pantallas de Bloomberg o LSEG, la nueva prima de Ormuz no se mide en lingotes ni en cupones de renta fija, sino en toneladas de aluminio, sacos de fertilizante y futuros de cacao.

De la energía al dólar (y al bitcoin)

El primer ganador indiscutible de la guerra de Irán ha sido la energía.

El cierre de facto del estrecho de Ormuz —la arteria por la que sale en torno a una quinta parte del petróleo mundial y buena parte del gas del Golfo— ha puesto precio a cada milla extra que han tenido que navegar los barcos al desviar sus rutas.

En apenas dos semanas de conflicto, el petróleo Brent, la calidad de referencia en Europa, se ha encarecido alrededor de un 40% y ha superado los 100 dólares por barril. A su vez, el West Texas Intermediate se ha elevado cerca de un 44%.

El salto dado por el gas europeo en el mismo periodo ha rondado el 59%.

El shock no se ha limitado a los precios de la energía. Ha golpeado de lleno a la industria de fertilizantes, una de las mayores consumidoras de gas del planeta, que ya venía tensionada desde la crisis de 2022.

En cuestión de días, los principales fertilizantes se han encarecido hasta cerca de un 34% en los mercados internacionales. El siguiente eslabón de la cadena han sido las materias primas agrícolas.

Aunque el grueso de las cosechas de maíz, trigo o soja no pasa por el Golfo, sí depende de insumos energéticos y fertilizantes cuyo precio se fija, en gran medida, en dólares y a golpe de shock geopolítico.

El resultado es que, en estas dos primeras semanas de guerra, la soja ha subido alrededor de un 5% y el maíz y el trigo cerca de un 4%. Los precios del azúcar o el café también se han elevado.

Y, por encima de todos, el cacao: un producto que ya venía de récords históricos por sequía y enfermedades de las plantaciones en África Occidental. Ahora se ha sumado un recargo logístico y energético que lo ha empujado más de un 14% adicional.

Otro de los pocos activos ganadores de estas dos primeras semanas de guerra ha sido el aluminio. Es, probablemente, el ejemplo más extremo de metal electrointensivo.

Producir una tonelada de este metal requiere una cantidad ingente de electricidad y una parte relevante de la capacidad mundial se concentra en fundiciones del Golfo, que dependen tanto de gas barato como de rutas marítimas estables para importar materias primas y exportar metal.

Con el encarecimiento del crudo y del gas, el aluminio se ha encarecido algo más del 9%.

El último ganador es el dólar. El índice dólar —que mide la evolución de la divisa estadounidense frente al resto de monedas del mundo— ha sumado casi un 3%.

El billete verde se ha consolidado como uno de los pocos refugios financieros en esta crisis.

Otro de los pocos ganadores financieros es el bitcoin. En pleno castigo a las bolsas y con el oro corrigiendo, la mayor criptomoneda se ha anotado una subida del 7,2%. El movimiento ha sido acompañado por el ethereum, que se ha revalorizado un 8,5%.

El rebote ha llegado después de una corrección muy intensa en los meses previos. Además, ha coincidido con la entrada de dinero institucional a través de nuevos vehículos de inversión y con un marco regulatorio algo más definido para las criptomonedas, especialmente en Estados Unidos.

La paradoja de esta crisis es que el oro, refugio clásico en casi todas las guerras, no ha brillado. El metal precioso venía de marcar máximos históricos en enero, cerca de los 5.600 dólares por onza, impulsado por años de compras de bancos centrales, inflación elevada y tensión geopolítica acumulada.

Sin embargo, desde el estallido de la crisis en Oriente Próximo, el oro ha perdido en torno a un 3,7%, mientras gas, petróleo, cacao o aluminio han encadenado subidas de dos dígitos.

Al menos dos razones explican la evolución del metal amarillo. La primera es que buena parte del riesgo geopolítico ya estaba en precio: el conflicto en Oriente Medio no ha pillado al oro barato.

La segunda es que los tipos de interés, una vez descontada la inflación, han seguido ofreciendo rentabilidades positivas y el dólar se ha fortalecido. En ese contexto, un activo que no paga intereses ni dividendos, como el oro, resulta menos atractivo para muchos inversores.

De los bonos a las bolsas

Los bonos tampoco se han salvado. Los intereses que han exigido los mercados para financiar a los grandes Estados —desde Estados Unidos hasta Alemania— han repuntado con fuerza en estas dos semanas.

Cuando sube ese tipo de interés, el valor de los bonos ya emitidos cae, de modo que la deuda pública también se ha sumado al grupo de activos castigados en esta primera fase del conflicto.

El golpe de la guerra en Irán ha sido aún más evidente en los activos de riesgo clásicos. Las bolsas globales han encadenado dos semanas en rojo desde el estallido del conflicto.

El MSCI World, que agrupa a las grandes compañías de los países desarrollados, ha acumulado pérdidas del 4,8% en ese periodo. El MSCI All Country World —que añade a los emergentes— ha retrocedido un 5,2%.

El epicentro del castigo ha estado en Europa y en los países en desarrollo. En estas dos semanas, el Dax alemán ha perdido alrededor de un 7,4%; el Cac 40 francés, un 7,8%, y tel FTSE 100 británico y el FTSE Mib italiano en torno a un 6%.

El Ibex 35 no ha escapado al golpe. La pérdida acumulada desde que comenzaron las hostilidades ha sido del 7,1%.

Casi la totalidad del descenso se explica por el desplome del 7% registrado en la primera semana de conflicto, mientras que la caída de esta semana que acaba de concluir se ha limitado al 0,03%.

De hecho, si no hubiera sido por la bajada de este viernes, del 0,47% y hasta los 17.059,3 puntos, el selectivo español hubiera terminado la semana al alza.

Los mercados emergentes han profundizado la corrección: el índice MSCI Emerging Markets ha descendido un 8,8%, penalizado por su dependencia energética y financiera del exterior.

Wall Street, en cambio, ha aguantado mejor el temporal. Aun así, los principales índices de la Bolsa de Nueva York también se han teñido de rojo. El Dow Jones, el S&P 500 y el Nasdaq Composite han caído entre un 4,7% y un 2,2% en estas dos semanas.