Sede del Banco de España en Madrid.

Sede del Banco de España en Madrid. Europa Press

Mercados

La prima de riesgo española se dispara un 20% en diez días: la guerra en Irán reaviva la inflación y encarece la deuda

El repunte de los intereses afecta al sur de Europa tras la subida del petróleo. Los bonos no actúan como refugio para los inversores en este conflicto.

Más información: El Eurogrupo teme un "fuerte shock de estanflación" en la UE si se prolonga la guerra de Irán

Publicada
Actualizada

Las claves

La prima de riesgo española ha aumentado un 20% en diez días, pasando de 40 a cerca de 50 puntos básicos, debido a la guerra en Irán.

El encarecimiento del petróleo y el gas ha disparado la inflación y ha provocado que la financiación de la deuda pública sea más costosa para España y otros países del sur de Europa.

El BCE podría verse obligado a mantener los tipos de interés altos durante más tiempo si persiste la presión inflacionista causada por la crisis energética.

El temor a una guerra prolongada en Oriente Medio genera incertidumbre en los mercados y amenaza con un nuevo repunte de la inflación en la eurozona.

La guerra en Irán presiona la deuda española. La prima de riesgo —el sobrecoste que paga España frente a Alemania para financiarse— ronda los 49 puntos básicos. Llegó a rebasar la barrera de los 50 este lunes.

Justo antes del estallido de la crisis el diferencial se movía en torno a los 40 puntos básicos, lo que supone un incremento de cerca del 20% en diez días, desde que dio inicio el conflicto en Oriente Próximo.

El incremento coincide con el aumento de las rentabilidades de los bonos y con el encarecimiento del petróleo y el gas.

La deuda pública está dejando de comportarse como activo refugio. Los inversores venden, el precio de los bonos cae y, como el cupón que pagan es fijo, la rentabilidad que exigen los mercados sube y financiarse resulta más caro para el Estado.

Desde el 27 de febrero, la foto ha cambiado. Ese día, justo antes del estallido de la guerra en Irán, la prima de riesgo de España se situaba en torno a los 40 puntos básicos.

Ahora ronda los 49, y ha llegado a rozar los 52. El ensanchamiento revierte, en parte, la tranquilidad lograda en 2025, cuando bajó de la barrera de los 50 puntos básicos por primera vez desde la crisis financiera.

En paralelo, la rentabilidad del bono español a diez años ha pasado de algo más del 3% a rondar el 3,4%. El bono alemán al mismo plazo ha variado del 2,65% al 2,9%.

La distancia entre ambos explica la ampliación de la prima y anticipa que el Tesoro tendrá que pagar tipos algo más altos en las próximas subastas si este nivel se consolida.

En teoría, en tiempos de guerra el dinero suele refugiarse en la deuda pública de los países percibidos como seguros: sube la demanda, suben los precios de los bonos y baja su rentabilidad. Esta vez ocurre lo contrario.

El temor no es solo a la guerra en sí, sino a que el encarecimiento del petróleo y el gas vuelva a disparar la inflación. Si eso ocurre, el Banco Central Europeo (BCE) se vería obligado a mantener los tipos de interés en niveles elevados durante más tiempo.

Cuando el mercado da por hecho ese escenario, los bonos ya emitidos con cupones fijos pierden atractivo frente a las nuevas emisiones que pagarán más, de modo que muchos inversores venden, su precio baja y, en consecuencia, la rentabilidad que exigen los mercados sube.

El 30 años y el 'TACO trade'

La tensión no se limita al tramo a diez años. En la parte corta de la curva, la rentabilidad del bono español a dos años se ha situado claramente por encima del 3,5%.

El movimiento del bono español acompaña el repunte de su equivalente alemán, lo que indica que el mercado está empezando a descontar tipos de interés altos durante más tiempo de lo que se preveía hace solo unas semanas.

En el muy largo plazo, el bono español a treinta años se consolida por encima del 4%, en paralelo a las subidas de las referencias de Alemania, Francia o Portugal. Es decir, también la financiación a décadas vista se encarece.

Al otro lado del Atlántico, la señal es aún más elocuente. La rentabilidad del bono estadounidense a treinta años ronda el 4,8%, mientras el diez años se mantiene por encima del 4,1% y el dos años, en torno al 4,3%.

Los bonos de EEUU a más largo plazo se han convertido de nuevo en una especie de canario en la mina. Si los inversores empiezan a temer una inflación más pegajosa y un coste mayor de la deuda pública a largo plazo, es ahí donde el nerviosismo se refleja primero.

En los últimos meses muchos inversores se han acostumbrado a lo que en Wall Street llaman el TACO trade (Trump Always Chickens Out, Trump siempre se acobarda).

Se basa en dar por hecho que, si la rentabilidad de la deuda de EEUU se acerca al 5% y el mercado se revuelve, Trump terminará levantando el pie en el conflicto para evitar un susto mayor.

Esa apuesta —confiar en que el poder político siempre frenará antes de que los bonos sufran demasiado— vuelve ahora a ponerse a prueba.

El sur de Europa

El incremento de las primas de riesgo es común a todos los países del sur de Europa. El diferencial italiano se ha elevado de 62 a casi 80 puntos básicos y el francés de 58 a casi 69. El indicador portugués ha escalado desde los 38 a más de 45 puntos y el griego ha pasado de 60 a más de 70.

La guerra en Irán ha encarecido la deuda de la periferia del euro sin desatar, por ahora, un episodio de tensión grave.

Petróleo y gas se disparan

Detrás de este movimiento en la deuda está, sobre todo, la energía.

Desde que comenzó el conflicto en Oriente Medio, el crudo Brent, la variante de referencia en Europa, se ha encarecido un 40%. Ha llegado a superar los 100 dólares e incluso a rozar los 120.

El West Texas Intermediate estadounidense ha seguido una trayectoria similar al revalorizarse un 45%.

En el mercado TTF de Países Bajos, referencia europea, el gas natural ha repuntado un 73% desde que arrancó la crisis. Cotiza ahora en torno a los 56 euros por megavatio hora.

El fantasma de la inflación

Con el petróleo y el gas donde están, en todo el mercado crece la inquietud de que una guerra larga vuelva a empujar al alza la inflación. El miedo también crece en el seno del BCE.

El economista jefe, Philip Lane, ha advertido de que un conflicto prolongado en Oriente Medio podría provocar un “fuerte repunte” de la inflación energética y un “descenso brusco” del crecimiento si se prolongan las tensiones de suministro.

Otros miembros de la autoridad monetaria, como el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, han avisado de que una guerra larga en Irán mantendría altos los precios de la energía y acabaría empujando de nuevo la inflación por encima de lo previsto en la zona euro.

La escalada de los precios de la energía llega en un momento delicado para la institución. Tras llevar los tipos a máximos en 2023 y empezar a recortarlos en 2024, el mercado había asumido una fase relativamente tranquila, con el precio del dinero estabilizado en torno al 2% mientras la inflación convergía hacia el objetivo.

El repunte de la energía y de los rendimientos de los bonos está obligando ahora a recalibrar esas apuestas.

Muchos analistas descartan nuevos recortes en 2026. Algunos expertos ven una o dos subidas de las tasas de referencia si se da el peor escenario posible, es decir, si la guerra se alarga y el shock energético se cronifica.