Un manifestante muestra un cartel del fallecido líder supremo iraní Alí Jamenei durante una protesta de simpatizantes hutíes en apoyo a Irán y Líbano, en Saná, Yemen.

Un manifestante muestra un cartel del fallecido líder supremo iraní Alí Jamenei durante una protesta de simpatizantes hutíes en apoyo a Irán y Líbano, en Saná, Yemen. Reuters

Mercados

La guerra de Irán sacude pero no tumba a las bolsas: el mercado cree que es un "susto energético" y no otra Covid

Europa sufre más que Wall Street. La economía del Viejo Continente es mucho más dependiente del petróleo y, sobre todo, del gas que pasan por Ormuz

Más información: La guerra en Irán borra 70.000 millones del Ibex 35 y convierte a la Bolsa española en una de las más castigadas de Europa

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Las claves

La guerra de Irán ha provocado fuertes caídas en las bolsas europeas, con descensos del 5% al 7% desde finales de febrero, aunque los mercados no han entrado en pánico.

El conflicto está siendo interpretado como un "susto energético" debido al encarecimiento del petróleo y el gas, y no como una crisis económica global como la pandemia de 2020.

El impacto es mayor en Europa y mercados emergentes, especialmente por la amenaza sobre el estrecho de Ormuz, que afecta al suministro energético y eleva la inflación.

El escenario podría empeorar si el conflicto se prolonga o se produce un bloqueo efectivo de Ormuz, lo que dispararía aún más los precios de la energía y la inflación.

La guerra de Irán ha sacudido con fuerza a las bolsas, pero no las ha tumbado. En cuestión de días, los principales índices del mundo han encadenado dos sesiones de ventas muy intensas, un rebote parcial y nuevas tomas de beneficios.

El mercado está leyendo el episodio como un susto energético, no como otra crisis como la que en 2020 provocó el estallido de la pandemia.

El arranque del conflicto deja una pauta reconocible en las bolsas, especialmente en las europeas: fuertes ventas concentradas en las dos primeras jornadas, seguidas de un ligero rebote y nuevos descensos.

En conjunto, los grandes índices del Viejo Continente -incluidos Ibex 35, Dax, Cac, Euro Stoxx 50, Stoxx 600 o el FTSE Mib- acumulan desde el 27 de febrero caídas del entorno del 5% al 7%.

​En el caso español, el golpe inicial se concentró en el arranque de la semana. El Ibex cayó un 2,64% el lunes y un 4,55% el martes. El miércoles rebotó un 2,49%, pero el jueves volvió a ceder un 1,38% y el viernes otro 1,11%. La pérdida acumulada, pese al respiro intermedio, es del 7,1%.

​En Wall Street, en cambio, la sacudida ha sido mucho más suave. El Dow Jones, el S&P 500 y el Nasdaq Composite ceden entre un 0,9% y un 3,3% desde que comenzó el conflicto.

A escala global, el MSCI World, que agrupa a las grandes y medianas empresas de los países desarrollados, retrocede en torno a un 3% desde finales de febrero.

El MSCI All‑Country World, que suma además las bolsas emergentes, cae algo más, alrededor de un 3,5%, en el mismo periodo.

En cambio, el índice de mercados emergentes pierde algo más de un 7%, reflejando su mayor dependencia energética y el temor a salidas de capital.

¿Qué tipo de shock es?

Para entender por qué las bolsas no se han hundido más, hay que fijarse en cómo está golpeando esta crisis a la economía.

Esta vez el canal principal no es un parón abrupto de la demanda, como en 2020 con la Covid, ni la incertidumbre regulatoria que generaron los aranceles de 2025. Es, sobre todo, un shock de oferta energética y logística.

La guerra encarece el petróleo y el gas, dispara las primas de los seguros marítimos, eleva el coste de los fletes y obliga a desviar rutas, con el estrecho de Ormuz como gran punto de fricción.

En ese sentido, muchos analistas encuadran este episodio más en la lógica de 2022 -cuando la guerra de Ucrania disparó el precio del gas y abrió una crisis energética en Europa- que en la de 2020.

El temor central, señalan, no es que la economía mundial se apague de golpe, sino que un problema de suministro de energía reabra durante un tiempo el riesgo de más inflación y menos crecimiento.

Luis Fernando Utrera, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), recuerda por qué el paralelismo con la pandemia tiene límites.

"La crisis por la Covid es incomparable a ninguna otra porque, en aquel momento, la economía mundial simplemente se fue a negro", subraya.

​En la invasión de Ucrania, en cambio, "la volatilidad se mantuvo durante casi 12 meses, aunque aquello demostró que los mercados se acostumbran a convivir con las crisis", algo que también pesa ahora en la reacción de los inversores.

Energía, inflación y bancos centrales

En este conflicto, el punto más sensible está en el estrecho de Ormuz, por donde pasa alrededor de un 20% del crudo mundial y cerca de una quinta parte del gas natural licuado.

De momento, no hay un cierre oficial del estrecho, pero sí un parón casi total del tráfico: Irán ha amenazado con atacar a los buques que crucen la zona y muchos petroleros y metaneros han optado por quedarse fondeados o desviarse.

Los precios lo reflejan. En Europa, el gas TTF ha pasado de unos 32 a más de 52 euros/MWh, un salto de alrededor del 63% en pocos días.

El petróleo Brent se ha encarecido algo menos, pero también con fuerza, con una subida superior al 25% hasta situarse por encima de los 90 dólares por barril.

​En este contexto, cálculos de entidades como CIC CIB o Crédit Mutuel AM apuntan a que cada subida de 10 dólares en el precio del petróleo podría añadir algo más de un punto a la inflación general en Europa y restar alrededor de 0,3 puntos al PIB real.

Es un bache incómodo: más inflación importada y menos crecimiento, justo la combinación que peor sienta a las bolsas y complica la vida al Banco Central Europeo (BCE).

Aun así, estos expertos creen que "la situación actual no requiere una reacción específica por parte de los bancos centrales en esta fase", más allá de vigilar si el shock se prolonga y si empiezan a aparecer efectos de segunda ronda en salarios y expectativas.

En XTB y en Ibercaja dan por hecho un conflicto intenso pero acotado en el tiempo, con ataques a distancia y mucha presión sobre el régimen iraní, pero sin intervención terrestre de Estados Unidos.

Los expertos de Julius Baer hablan de un "repunte breve e intenso" de los precios de la energía, con un petróleo en el entorno de 80–90 dólares y un gas europeo en 40–50 euros en el corto plazo.

​Después, prevén una cierta moderación a medida que se normalice el tráfico y se reconfiguren los flujos.

No todos comparten ese grado de confianza: desde Global Evolution, parte de Generali Investments, sospechan que los mercados "están descontando una resolución rápida, subestimando los riesgos de un conflicto prolongado y la voluntad de Irán de atacar las infraestructuras petroleras y los canales comerciales".

​En su escenario, los precios del petróleo se mantendrían elevados durante más tiempo, con episodios de picos puntuales, y habría que ser mucho más selectivo con los mercados emergentes y con los activos de riesgo.

​Qué puede hundir las bolsas

Con este contexto, las caídas de estos días se parecen más a un ajuste por miedo al conflicto que a un desplome duradero de la bolsa.

El mercado ha puesto precio a un susto energético serio, que golpea sobre todo a Europa y a los países emergentes más expuestos a la factura de la energía.

Pero la corrección todavía limitada de los grandes índices globales y la relativa calma en las expectativas de inflación y tipos indican que, por ahora, no se está descontando ni una recesión mundial ni un cierre prolongado del estrecho de Ormuz.

Si el guion se oscurece, el escenario cambia por completo: el conflicto dejaría de ser un susto manejable para convertirse en un golpe mucho más dañino.

​Si el conflicto se alarga y se complica, el guion cambiaría de forma radical. Un bloqueo efectivo y prolongado de Ormuz, o ataques serios a oleoductos, refinerías o terminales de gas, serían un salto de escala en el impacto económico.

Y una guerra enquistada durante meses, con el petróleo instalado por encima de los 100 dólares, obligaría a revisar al alza la inflación esperada, a retrasar las bajadas de tipos y a recortar las previsiones de beneficios empresariales.

Mientras ese escenario no se materialice, los mercados seguirán moviéndose en una zona intermedia: con volatilidad y miedo, pero sin el pánico que suele acompañar a las crisis sistémicas.