Uso de la IA

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Entonces, ¿estamos ante una burbuja de la IA o no?

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En los tres años desde que OpenAI lanzó ChatGPT, los Siete Magníficos han invertido miles de millones en sus propios modelos LLM para no quedarse atrás en lo que al principio se veía como una revolución tecnológica. Lo que aún no está claro es si eso realmente ocurrirá y los inversores parecen no tener paciencia para esperar.

Así, aunque los resultados del cuarto trimestre de Alphabet superaron las expectativas, con un crecimiento del 48% en Google Cloud hasta 17.700 millones de dólares, mientras Amazon presentó un sólido aumento de ingresos y aceleración en AWS, Meta superó las previsiones en ingresos al registrar 59.890 millones frente a 58.590 millones estimados, y Microsoft también batió expectativas con 81.270 millones frente a 80.320 millones previstos, sus acciones sufrieron drásticas caídas.

Y no es que los inversores ahora exijan cifras espectaculares; más bien, están creciendo las dudas sobre el enorme volumen de inversión en IA.

Solo este año, estas cuatro compañías planean destinar alrededor de 650.000 millones de dólares a esta tecnología, casi el doble de lo invertido en 2025.

El inconveniente es que la rentabilidad potencial de estas inversiones sigue siendo incierta, especialmente si se considera que apenas el 5% de las empresas reporta mejoras claras en sus resultados gracias al uso de la IA.

Crece la sensación de que el impulso de la IA es más narrativa que realidad

También preocupa la concentración de riesgos. Por ejemplo, en el caso de Microsoft, el 45% de los futuros contratos en la nube estaría vinculado a OpenAI. 

Además, no es del todo positivo que las empresas estén empezando a recurrir a la deuda para financiar esta expansión. Así, el lunes Alphabet emitió 20.000 millones de dólares en deuda en moneda estadounidense y, al día siguiente, colocó al menos 9.000 millones en bonos denominados en libras y en francos suizos.

Aunque incluso con estas nuevas emisiones Alphabet mantiene una posición de deuda neta negativa —es decir, tiene más efectivo que deuda—, los gastos de capital previstos para este año, que rondan los 180.000 millones de dólares, podrían empezar a presionar su balance.

Dicho esto, si en los próximos trimestres las compañías no logran acompañar el gasto con resultados tangibles y crece la sensación de que el impulso de la IA es más narrativa que realidad, podríamos ver correcciones aún más profundas en el mercado. 

***Igor Kuchma es analista de Trading View.