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Las letras del Tesoro a 12 meses mantienen la rentabilidad sobre el 2% y vuelven a seducir al pequeño ahorrador

La demanda de los inversores minoristas roza los 1.200 millones de euros. Es la cifra más elevada desde el pasado junio.

Más información: La rentabilidad de las letras del Tesoro a tres y nueve meses resiste en torno al 2%

L. Piedehierro
Publicada

Las claves

El Tesoro Público ha colocado más de 6.100 millones de euros en letras a seis y doce meses, consolidando el interés de los ahorradores por el plazo a un año.

La rentabilidad marginal de las letras a 12 meses se mantiene ligeramente por encima del 2%, lo que sigue atrayendo a los pequeños inversores.

Las órdenes no competitivas de los hogares en letras a 12 meses han vuelto a niveles elevados, mientras que la demanda por letras a seis meses baja a mínimos desde febrero de 2024.

El contexto de tipos de interés más bajos favorece que los ahorradores opten por plazos más largos, como el año, en vez de vencimientos más cortos.

El Tesoro Público ha arrancado febrero con una subasta de letras a seis y doce meses en la que ha colocado algo más de 6.100 millones de euros, en la parte alta del rango previsto según los datos oficiales del organismo.

La referencia a un año resiste sobre el 2% y se consolida como el plazo preferido de los hogares, mientras que el interés por las letras a seis meses se enfría de forma visible.

En las letras a doce meses, el Tesoro ha adjudicado 4.324,72 millones de euros frente a unas peticiones que superaban los 5.975 millones.

La rentabilidad marginal se ha situado en el 2,039%, apenas por debajo del 2,048% de la subasta anterior.

Así, entre una subasta y otra apenas hay cambios en el tipo, que se mantiene ligeramente por encima del 2%.

Con ese cupón, las letras conservan buena parte de su atractivo para los pequeños ahorradores pese al final del boom de rentabilidades.

Las familias y otros inversores minoristas acuden a las subastas del Tesoro a través de las peticiones no competitivas.

Ahorro doméstico

En estas órdenes el inversor sólo indica cuánto quiere invertir y acepta el tipo que resulte de la subasta, sin fijar un interés mínimo ni competir con bancos y grandes fondos. Es la vía más habitual para ellos porque evita cálculos y tecnicismos y permite invertir en letras de forma sencilla.

Los datos recientes muestran que esas órdenes no competitivas en el plazo a doce meses han vuelto a ganar fuerza.

Desde junio de 2025 se han mantenido en niveles elevados, con un máximo entonces de 1.207,75 millones de euros. La subasta de febrero se acerca a esa cota y vuelve a poner el foco en la capacidad de las letras a un año para atraer ahorro doméstico en un entorno de tipos más bajos.

El contraste con las letras a seis meses es evidente. En esta referencia, el Tesoro ha colocado 1.809,635 millones de euros frente a una demanda de 3.341,762 millones. La rentabilidad marginal ha sido del 1,985%.

El plazo corto mantiene aún el 2% como referencia psicológica, pero con menos holgura que el vencimiento a un año.

A pesar de ello, la demanda minorista se ha ido desinflando tras varios picos por encima de los 1.000 millones en 2025.

En la subasta de febrero, las órdenes de los pequeños ahorradores en letras a seis meses han rondado los 612 millones de euros. Es el nivel más bajo desde febrero de 2024, cuando la demanda apenas superó los 474 millones.

El dato encaja con la idea de que el semestre ha perdido atractivo para las familias, que ya no necesitan refugiarse en vencimientos tan cortos y empiezan a estirar algo más sus plazos dentro de la deuda pública.

El contexto de tipos explica buena parte de este giro. Tras un periodo en el que las letras españolas llegaron a rozar el 4% en algunos tramos, el ciclo de bajadas del Banco Central Europeo (BCE) ha llevado la deuda a corto al entorno del 2%.

Las letras siguen siendo un producto seguro, líquido y accesible, pero han dejado atrás el furor de 2023, cuando las colas ante el Banco de España y el aumento de las cuentas directas del Tesoro convirtieron este activo en el símbolo del ahorro conservador.

Con las bajadas de tipos, el comportamiento del minorista se ha vuelto más selectivo.

En lugar de entrar en cualquier vencimiento disponible, los hogares concentran sus órdenes donde perciben una mejor combinación de rentabilidad y visibilidad, que ahora mismo se encuentra en las letras a 12 meses.

El plazo de seis meses pierde brillo si la diferencia de tipos con el año es mínima y si el ahorrador prefiere fijar el cupón para un periodo algo más largo.

En el Tesoro este patrón encaja con una fase de normalización tras el boom. El organismo no espera un nuevo salto masivo de entrada de las familias, pero tampoco teme una salida abrupta del producto.

El objetivo pasa por estabilizar la base de inversores minoristas, mantener abierto el canal de peticiones no competitivas y reforzar al mismo tiempo el peso de fondos e inversores internacionales en la financiación del Estado.