Chairman Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Chairman Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. Reuters

Blue Monday

Powell reconoce por fin su error

6 diciembre, 2021 05:30

La inflación ha sido una de las temáticas más debatidas a lo largo del año. Siempre en el epicentro del debate económico la persistencia de la misma ha acabado por imponerse al término transitorio lo cual ha obligado a alterar el mensaje de los bancos centrales.

No por comentado en esta columna deja de ser un asunto capital como sostiene el hecho de que el error del discurso de los que planifican la política monetaria merece un nuevo análisis.

Powell ha esperado a su reelección como presidente de la Fed para reconocer que la inflación ya no es transitoria, al afirmar hace solo unos días que “probablemente es un buen momento para retirar esa palabra y tratar de explicar más claramente lo que queremos decir". Sin llegar a afirmarlo reconoce que el término ya no puede ser utilizado en un contexto de persistente alta inflación.

El dato de octubre recoge una tasa de variación de los precios medios de la cesta del consumidor americano del 6,2%. Ya no es que el último dato triplique el objetivo medio de la Fed sino que la media a doce meses es del 3,8% y por encima del 5% en los últimos seis meses. Powell, al igual que el BCE, se agarró desesperadamente al discurso de los crecientes precios de las materias primas y de los cuellos de botella, para exponer lo que pensaba que sería un período pasajero de alta presión en los precios de consumo e industriales. Error mayúsculo.

El deflactor del PIB, que no recoge la volatilidad de los precios de la energía importada, está igualmente disparado con tasas de variación anuales de casi el 6%.

Si esto fuera un problema en EEUU, se podría de alguna forma aislar para que el mismo tuviera impacto localizado en los mercados pero con menor medida en las expectativas económicas. Pero no es el caso.

En Europa, la inflación ha llegado a su punto más alto en un año con un crecimiento del 4,9% y una tendencia tan disparada como desbocada. Solo en 1991 se alcanzaron cotas similares. Las diferencias son tan abismales entre aquella Europa que se preparaba para una convergencia económica para el euro que no merece la pena ni compararse. Lagarde hace bien en no mencionar que desde esa cota del 5%, hace treinta años, los precios se estabilizaron en los diez siguientes para situarse en el rango medio del mandato de control del BCE.

Lo he comentado muchas veces. Solo los factores coyunturales permiten absorber un repunte de los precios. Basta vigilar que el generador de ese brote de crecimiento no desestabilice la economía (energía, vivienda y alimentos esencialmente). El problema es que la inflación está causada por una sincronización al alza de los precios. Y el de la vivienda preocupa especialmente.

Los últimos datos publicados para septiembre de 2021 muestran que los precios de las viviendas continúan aumentando en los EEUU (el índice nacional subió en septiembre un 19,5% interanual). Según los datos de S&P Case-Shiller ajustados por estacionalidad y por inflación desde 1987, el actual nivel no solo es de record sino que la velocidad de la subida muestra un mercado que empieza a dar señales de burbuja.

Powell, Lagarde, Bailey… tienen por delante un reto titánico como es reconducir de manera inmediata su política monetaria sin asustar a consumidores ni a inversores. No es nada fácil. El consumidor se ha instalado en la creencia de que los tipos de financiación serán bajos o muy bajos de por vida, por lo que el tránsito del consumo a la inversión lo hace desde hace tiempo sin valorar el verdadero nivel de riesgo. El inversor por el contrario, sabe que los bancos centrales no pueden variar mucho su política de estímulos por miedo a que revienten las economías, especialmente Europa, por lo que añade un componente especulativo a los próximos movimientos en materia de tipos de interés.

No se puede personalizar en Powell, aunque sea muy obvio, el error de una política común y global, insostenible por la cuantía y por la extensión en el tiempo pero es evidente que tiene muchas papeletas para pasar a la historia como el presidente al que la burbuja le estalló.

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