“Lashing out the action, returning the reaction, weak are ripped and torn away” James Hetfield


Pocos lo esperaban, y la reacción no ha podido ser más rápida. Cuando Theresa May y Amber Rudd tomaban la palabra en el congreso del partido conservador, certificaban lo que muchos negaban. El proceso de desconexión de Reino Unido de la Unión Europea no solo es imparable, sino que no va a ser esa especie de “reunión de Operación Triunfo” que predecían –rezaban más bien- muchos operadores del mercado y empresas. Se presenta un 'brexit' que, cuando se aplique el artículo 50 -en principio, en mayo de 2017- será probablemente más duro de lo que pensaban muchos. Ya explicamos aquí varias de las implicaciones de esa desconexión.


La reacción no podía ser más clara. La libra caía con respecto al dólar estadounidense a niveles no vistos desde 1985. Muchos analistas creen que ese movimiento puede continuar hasta un 5% inferior. A partir de esos niveles este movimiento a la baja parece más que completado, para repuntar posteriormente a medida que se vayan confirmando catalizadores.


Implicaciones evidentes

En mi opinión esta reacción no es equivalente a la aparición de un “cisne negreo” sobre la economía global. Debemos tener la suficiente honestidad intelectual para reconocer que los que pensaban que el impacto económico de la votación a favor del Brexit iba a ser inmediato, se han equivocado. Los datos macroeconómicos del Reino Unido han sorprendido al alza desde finales de junio, y la debilidad de la libra se ha compensado con unos activos de riesgo que han recuperado su fortaleza –bolsa y renta fija local-. Pero no debemos pensar que, porque no haya un efecto inmediato, no se vayan a generar problemas.


La primera preocupación es el posible impacto a medio plazo en el consumo, la importación de bienes y servicios y el turismo ante la pérdida de valor relativo de la libra. Los sectores más perjudicados son claramente el de consumo y el financiero, con el inmobiliario, aseguradoras y bancos afectados por una menor capacidad de repago de deuda, menor renta disponible y revisión a la baja de estimaciones de crecimiento del país.


Pero lo más importante es que la evidencia de los últimos meses nos demuestra que el impacto positivo sobre los sectores exportadores no se da, y mucho menos compensa el riesgo interno. El famoso mantra de que las exportaciones crecen devaluando vuelve a mostrarse incorrecto en economías abiertas y endeudadas.

Las exportaciones de Reino Unido se han desplomado un 10,8% en 2016, acelerando su caída con la debilidad de la libra, mientras que las importaciones subían un 1,9%.
Los sectores británicos más expuestos al mercado doméstico, consumo, eléctricas, telecomunicaciones, inmobiliario y financiero, acumulan entre un 50’ y un 60% de sus ventas en el país. Pero adicionalmente, los exportadores están muy expuestos a mercados que, por precio –energía y minería- o demanda –países en ralentización como China-, no suponen una mejora competitiva real por devaluación.

España y Reino Unido, la oportunidad


Pero si algo nos debe importar por la importancia que tiene como mercado es nuestra capacidad de exportar a Reino Unido. Es nuestro tercer socio comercial tras Francia y Alemania y uno de los principales motores del crecimiento del turismo. De momento el impacto no es relevante, pero un periodo prolongado de debilidad de la libra que ataque al crecimiento potencial de la economía británica nos puede afectar de manera significativa.

¿Y el proteccionismo? Esta semana saltaban las alarmas ante las palabras de Amber Rudd sobre posibles “listas de trabajadores extranjeros” en las empresas –que estoy convencido de que no se van a implantar- y un giro económico en los mensajes de Theresa May. Atrás queda la propuesta de bajar el impuesto de sociedades al 15% y con esos mensajes, muchas empresas empiezan a ver el Brexit como algo serio a considerar.

Para mí el 'brexit' no es un juego de suma cero. No se trata de “llevarse la City” como si fuera Eurovisión, sino mostrar las indudables ventajas de la Comunidad de Madrid para aquellas empresas y fondos que ya han expresado su interés y deseen implantar toda o parte de su actividad en una ciudad comprometida con la Unión Europea. La City va a seguir existiendo, como no podía ser de otra manera. Pero igual que otras plazas globales han aprovechado oportunidades como la que ofrece el Brexit en el pasado para atraer capital y desarrollar inversiones, tenemos la obligación de trabajar por ello, porque tenemos los ingredientes para hacerlo un éxito.

La Comunidad de Madrid, en este entorno, ofrece importantes ventajas que debemos poner en valor. Es la segunda en Europa en cuanto a disponibilidad de oficinas de alta calidad y buen precio. Cuenta con talento joven y dinámico, conocedor de idiomas –aunque pocos bilingües, seamos sinceros- y además dispone de centros tecnológicos y de innovación reconocidos mundialmente (como hemos visto en el South Summit esta semana).


Es líder en Libertad Económica en España y la UE y supera en muchos casos a París, Frankfurt o Milán en fiscalidad –tasa efectiva- tanto en Impuesto de Sociedades como en IRPF gracias a su política de incentivar la inversión y la innovación.
Cuenta con infraestructuras modernas que permiten desplazarse en muy poco tiempo por toda la Comunidad desde el aeropuerto (los que sufrimos los traslados de aeropuerto constantemente agradecemos una ciudad donde se tardan 20 minutos del centro a la terminal).

Acceso privilegiado y directo a países de alto crecimiento y potencial en América Latina. Poner en valor el acceso al segundo idioma más hablado del mundo es también muy relevante. Una de las mejores comunidades autónomas en sanidad y educación bilingüe pública y privada. Pero además, un gran diferencial de coste y calidad de vida que hace que un trabajador británico con una familia de dos hijos se pueda ahorrar hasta 25.000 libras anuales en coste de vida.


Tenemos escollos –administrativos, fiscales, políticos- como todos sabemos, pero ninguno es insalvable y, desde luego, nuestro tradicional pesimismo cañí no nos debe hacer olvidar que esos retos los tienen también los otros, y no son pequeños. Los mensajes de “como es difícil, mejor que no lo hagamos” mejor se los dejamos a otros países.


Decía Mark Twain que “las noticias sobre mi muerte han sido enormemente exageradas” y certificar la desaparición o traslado completo de la City –como si fuera un rebaño de ovejas, no miles de empresas con intereses y estrategias distintas- es un error. Pero cada día que se van mostrando más claras las oportunidades que ofrece un proceso de desconexión que el gobierno británico intentará que funcione bien y del que nosotros tenemos la obligación de hacer un éxito mayor.