Centrales nucleares de Vistra.

Centrales nucleares de Vistra. Meta Omicrono

Observatorio de la Energía

El CSN unifica las reglas para el desmantelamiento de las nucleares españolas: así será el cierre de las centrales

La nueva instrucción establece requisitos de seguridad nuclear y protección radiológica.

Lo deberán cumplir durante todo el proceso de desmontaje, descontaminación y clausura.

Más información: El Gobierno extiende la vida de la central nuclear de Almaraz hasta junio de 2030

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El CSN aprueba la Instrucción IS-49, que unifica por primera vez los criterios de seguridad nuclear y protección radiológica para desmantelar instalaciones nucleares.

La norma no modifica el calendario de cierre de las centrales, pero regula las fases posteriores: desmontaje, gestión de residuos, clausura y posible liberación del emplazamiento.

Cada instalación deberá presentar un plan detallado y reevaluar los riesgos durante el proceso; los cambios relevantes necesitarán evaluación previa del regulador.

Enresa tendrá un papel central tras el cese definitivo, y el cierre exigirá un Informe Radiológico Final que acredite la seguridad del emplazamiento.

El cierre de las centrales nucleares españolas entra en una nueva fase regulatoria, según se ha publicado en el BOE este jueves 8 de octubre.

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha aprobado la Instrucción IS-49, de 14 de septiembre de 2026, que establece por primera vez un marco específico y homogéneo de criterios y requisitos de seguridad nuclear y protección radiológica para el desmantelamiento de las instalaciones nucleares.

La norma no modifica el calendario de cierre acordado para las centrales españolas ni supone por sí misma el inicio del desmantelamiento de ninguna instalación.

Pero sí fija las reglas que deberán seguirse cuando una instalación entre en esta etapa, desde las primeras operaciones de desmontaje hasta la declaración de clausura y, en su caso, la liberación del emplazamiento del control regulador.

El objetivo del CSN es que el desmantelamiento se realice manteniendo en todo momento la seguridad nuclear y la protección de los trabajadores, la población y el medio ambiente.

La nueva instrucción establece que cada instalación deberá contar con un plan de desmantelamiento detallado, en el que se determine la estrategia que se seguirá.

En concreto en las diferentes fases del proceso, como las estructuras y equipos que se desmontarán y los sistemas que deberán permanecer operativos.

Además, de la cantidad y características de los materiales radiactivos que se prevé generar.

El plan tendrá además que contemplar la gestión de los residuos y materiales resultantes y definir cuál será el estado final que se pretende alcanzar en el emplazamiento.

Revisarse continuamente

Una de las claves de la nueva regulación es que el desmantelamiento no se concibe como un procedimiento cerrado desde el primer día.

A medida que se desmonten equipos y desaparezcan fuentes de riesgo, también cambiarán las condiciones de seguridad de la instalación.

Por ello, el titular tendrá que reevaluar los riesgos durante las distintas fases del proceso y analizar las consecuencias que puedan tener las operaciones previstas sobre la seguridad nuclear y la protección radiológica.

La clasificación de estructuras, sistemas y componentes relevantes para la seguridad también podrá modificarse a medida que avance el desmantelamiento.

El CSN exige, además, que cualquier modificación significativa de los planes sea sometida a la correspondiente evaluación antes de ejecutarse.

La instrucción contempla tanto el desmantelamiento inmediato como el diferido. En este último caso, el titular deberá justificar la decisión y garantizar que durante los periodos de espera la instalación permanece en condiciones seguras.

El regulador apuesta especialmente por que, cuando sea posible, se utilicen sistemas pasivos que reduzcan la necesidad de vigilancia y mantenimiento durante estas fases.

Enresa, pieza clave

En el caso de las centrales nucleares españolas, Enresa tendrá un papel central en el proceso, una vez que se produzca el cese definitivo de la explotación y se conceda la correspondiente autorización de desmantelamiento.

La nueva regulación establece también exigencias sobre la organización y los recursos humanos que deberán mantenerse durante las operaciones.

El titular tendrá que garantizar que existe una estructura de responsabilidad clara y que el personal dispone de la cualificación necesaria para desarrollar las actividades.

En función del riesgo de cada operación, deberán intervenir supervisores, operadores y especialistas en protección radiológica con las correspondientes capacidades y autorizaciones.

El objetivo es evitar que el desmantelamiento se convierta en una simple operación industrial de desmontaje. Mientras exista material o contaminación radiactiva, las exigencias de seguridad nuclear y protección radiológica seguirán vigentes.

Emplazamiento, seguro

La fase final será especialmente relevante.

Una vez concluidos los trabajos, deberá elaborarse un Informe Radiológico Final que permita demostrar cuál es la situación radiológica del emplazamiento.

El documento deberá recoger información sobre los terrenos, edificios, estructuras, aguas subterráneas y posibles contaminaciones residuales, así como sobre los radionucleidos que puedan permanecer en la instalación.

Con esta información se podrá solicitar la declaración de clausura o, cuando proceda, la liberación del control regulador de una parte del emplazamiento.

Es decir, el desmantelamiento no terminará simplemente cuando desaparezcan los grandes equipos de la central. Será necesario demostrar documental y radiológicamente que el emplazamiento ha alcanzado las condiciones exigidas por el regulador.

Cierre nuclear

La publicación de la IS-49 llega mientras España afronta uno de los mayores procesos de transformación de su sistema eléctrico: el cierre progresivo de sus centrales nucleares y su sustitución por nuevas capacidades renovables, almacenamiento y otras tecnologías de respaldo.

El calendario actualmente previsto contempla el cierre escalonado de las centrales españolas durante la próxima década, comenzando por Almaraz y continuando con el resto de instalaciones.

La nueva instrucción no altera esas fechas ni decide cuándo debe cerrar cada reactor. Su función es otra: establecer qué tendrá que ocurrir después.

Además, la regulación incorpora referencias a los estándares internacionales del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y de la asociación europea de reguladores nucleares WENRA.

El CSN pretende así que los procesos de desmantelamiento españoles se desarrollen bajo criterios homogéneos y alineados con las mejores prácticas internacionales.

La instrucción será aplicable a las instalaciones sometidas a autorización de desmantelamiento y también contempla determinados supuestos relacionados con instalaciones de almacenamiento definitivo de combustible gastado o residuos radiactivos.

No obstante, existe una excepción relevante para el actual proceso español: la disposición transitoria establece que la nueva instrucción no será aplicable a los titulares que ya dispongan de una autorización de desmantelamiento concedida antes de su entrada en vigor.

La IS-49 entrará en vigor el 9 de octubre de 2026.

Con ella, el CSN completa una pieza más del complejo entramado regulatorio que deberá acompañar a España durante el cierre de su parque nuclear. El reto ya no será únicamente garantizar que las centrales dejan de producir electricidad de forma segura, sino también desmontarlas, gestionar los residuos y devolver sus emplazamientos a una situación compatible con el uso que se determine para el futuro.