Una refinería

Una refinería Invertia

Observatorio de la Energía

Ormuz dispara el margen de beneficios en las refinerías: de los 10 ó 20 dólares de media a cerca de 100 dólares el barril

El cierre de instalaciones años atrás también empuja a la escasez de diésel.

Europa propone un gravamen a las petroleras para la emergencia climática.

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Las claves

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El cierre del estrecho de Ormuz y los ataques en el Golfo Pérsico y Rusia han disparado el crack spread del diésel a más de 100 dólares por barril.

Este margen está muy por encima de los niveles habituales, que suelen oscilar entre 10 y 30 dólares, reflejando una fuerte escasez de productos refinados.

Europa ha perdido capacidad de refino en los últimos años, lo que la hace más vulnerable ante crisis de suministro como la actual.

Bruselas estudia un gravamen sobre los beneficios extraordinarios de las petroleras para financiar un Fondo Europeo de Adaptación al Cambio Climático.

La crisis de suministro provocada por el cierre del estrecho de Ormuz y los ataques contra instalaciones petroleras en los países del Golfo Pérsico y Rusia han llevado al mercado internacional del diésel a una situación inédita.

El diferencial entre el precio de producir el gasóleo y el del crudo, conocido como crack spread (que se diferencia ligeramente del concepto de margen de refino y que es utilizado como referencia de la rentabilidad del refino), ha superado por primera vez los 100 dólares por barril.

Una situación extraordinaria que pone de manifiesto hasta qué punto la escasez de productos refinados se ha convertido en el principal problema del mercado petrolero.

El crack del diésel para las entregas en el sur de Europa llegó esta semana a 104,08 dólares por barril, según datos de Argus citados por el Financial Times. En el norte de Europa alcanzó los 99,66 dólares. El diferencial llegó así a duplicar con creces el coste del crudo sobre el que se calcula. Y en EEUU, los números son los mismos.

La cifra contrasta radicalmente con los niveles considerados normales.

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'Crack spread' de diésel en EEUU.jpg MishTalk

En condiciones equilibradas de oferta, demanda e inventarios, los crack spreads del diésel suelen situarse aproximadamente entre 20 y 30 dólares por barril, según DieselNet.

Otras referencias utilizadas habitualmente por el mercado sitúan los márgenes en torno a 10-20 dólares en periodos de mayor normalidad. Ahora, la prima se ha multiplicado varias veces como consecuencia de la extraordinaria tensión que atraviesa el mercado mundial de combustibles.

Crack spread y margen de refino

Conviene, no obstante, hacer una precisión: esos 100 dólares no equivalen al beneficio neto que obtiene una refinería.

El crack spread mide la diferencia entre el valor del producto refinado y el crudo y constituye un indicador aproximado del margen bruto de transformación, antes de descontar costes como energía, personal, transporte, mantenimiento o financiación.

Las energéticas con refinerías en nuestro país, Repsol, Moeve y BP, reflejan en sus cuentas de resultados las cifras de los márgenes de refino, y por eso, hay cierto descuadre con las cifras previas.

"A veces el crack spread está más alto en Estados Unidos, pero hay que tomar como referencia el margen de refino", señalan fuentes del sector petrolero a EL ESPAÑOL-Invertia.

"Porque hay que restar los costes energéticos, como es el de la materia prima, el petróleo, y también el del gas, (disparado en Europa a diferencia de EEUU). Las refinerías son los principales consumidores de gas toda la industria. Y el coste de la electricidad", puntualizan.

Menos refinerías, más vulnerabilidad

La actual crisis también está revelando una debilidad estructural que se ha ido acumulando durante años: Europa ha perdido capacidad de refino justo cuando más necesita productos petrolíferos.

El continente lleva años cerrando instalaciones poco competitivas por sus elevados costes, las exigencias medioambientales y la perspectiva de una reducción de la demanda de combustibles fósiles. Europa perdió alrededor de 400.000 barriles diarios de capacidad de refino desde comienzos de 2024, según datos de Argus.

El cierre de la refinería de Grangemouth, en Escocia, en 2025 es uno de los ejemplos más significativos: la instalación tenía una capacidad de unos 140.000 barriles diarios y suministraba alrededor del 65% de los productos petrolíferos consumidos en Escocia.

La paradoja es que unas instalaciones consideradas poco rentables en un mercado con abundante oferta pueden convertirse en estratégicas cuando desaparece el suministro exterior. La crisis de Ormuz ha hecho visible el coste de esa reducción de capacidad.

Gravar los beneficios de las petroleras

La situación coincide además con una nueva propuesta de Bruselas para la creación de un Fondo Europeo de Adaptación al Cambio Climático, que podría financiarse, entre otras vías, mediante un gravamen europeo sobre los beneficios de las compañías petroleras y gasísticas.

La propuesta pretende movilizar recursos para hacer frente a sequías, incendios y otros fenómenos extremos y plantea también un sistema europeo permanente de respuesta ante emergencias climáticas.

La iniciativa llega, precisamente, cuando las compañías de refino están capturando buenos márgenes por la escasez de combustibles. El mercado de la gasolina ofrece una fotografía similar: el margen de refino europeo superó esta semana los 62 dólares por barril, cerca del récord histórico registrado en 2022.

En el caso del diésel, la presión es todavía mayor.

El problema para los consumidores es que esos márgenes no desaparecen simplemente porque baje el precio del crudo. Mientras persistan las restricciones de oferta, las refinerías seguirán teniendo un enorme poder de fijación sobre el precio de los productos derivados.

Y el diésel es especialmente sensible porque no se puede prescindir de él con facilidad: mueve camiones, maquinaria agrícola, construcción, industria y buena parte del transporte pesado. Por eso, una crisis que comenzó en Ormuz amenaza con convertirse en un problema mucho más amplio para la economía europea.