Fotomontaje del magnate del petróleo venezolano Alejandro Betancourt y Donald Trump, presidente de EEUU.

Fotomontaje del magnate del petróleo venezolano Alejandro Betancourt y Donald Trump, presidente de EEUU. Invertia

Observatorio de la Energía

EEUU consigue expulsar a las petroleras chinas y rusas de Venezuela tras su acuerdo con el magnate Alejandro Betancourt

Repsol mejora su presencia en el país caribeño y amplía sus proyectos.

Exxon y ConocoPhillips muestran su recelo y no prevén entrar en el país.

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Las claves

Las claves

EEUU ha logrado expulsar a las petroleras chinas y rusas de Venezuela tras un acuerdo con Alejandro Betancourt.

El acuerdo otorga a un consorcio privado liderado por Betancourt derechos de explotación sobre más de 17 campos petroleros durante 100 años.

Washington obtiene una participación del 35% y derecho prioritario de compra sobre el 20% de la producción de crudo venezolano.

Repsol consolida su presencia en Venezuela mientras grandes petroleras estadounidenses como ExxonMobil y ConocoPhillips muestran dudas sobre el nuevo esquema.

Donald Trump, presidente de los EEUU, ha conseguido expulsar a las petroleras chinas y rusas de Venezuela tras su acuerdo con el dudoso magnate Alejandro Betancourt, aunque no da mucha confianza a los mercados.

"Es una operación, como todo lo que hace Trump, bastante extraña, mostrando mucho poderío americano en el acuerdo", han señalado analistas especializados en Energía y Productos Químicos a EL ESPAÑOL-Invertia.

"Siendo optimistas, esto lo que puede hacer es simplemente abrir la puerta para que se firmen acuerdos entre el Estado venezolano y otras compañías ya sobre el terreno, como los que ya están bastante avanzados de Chevron o la italiana ENI", aseguran.

"Serán los que realmente generen más confianza y más inversión poco a poco y producción, aunque tampoco se descarta que Trump, de repente, convenza a los Emiratos Árabes (EUA) para invertir billones de dólares y se acelere todo, nunca se sabe", detallan.

El multimillonario acuerdo petrolero sellado entre la administración de Donald Trump y la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, con la figura clave de Betancourt (con un perfil salpicado de problemas judiciales) actuando como pivote central del nuevo esquema corporativo genera dudas.

Establece la cesión de derechos de explotación sobre más de 17 campos petroleros estratégicos —equivalentes a unos 65.000 millones de barriles de reservas probadas— por un periodo de hasta 100 años a un consorcio privado.

Dicha estructura corporativa está liderada por la firma North American Blue Energy Partners (NABEP), propiedad de Betancourt, en la que el gobierno estadounidense tomará una participación del 35% a través del Departamento de Estado.

Con este esquema, Washington se asegura además el derecho prioritario de compra sobre el 20% de la producción de crudo a precio de coste.

Pero, a su vez, la intromisión del Gobierno federal en un mercado libre genera dudas precisamente a sus conciudadanos gigantes del petróleo que todavía no quieren poner un pie en Venezuela.

China y Rusia se van del Caribe

La principal consecuencia del nuevo marco regulatorio impuesto por Washington y la administración interina en Caracas es la salida forzada de las operadoras estatales de China y Rusia.

Durante las últimas dos décadas, petroleras como la china CNPC y la rusa Rosneft mantuvieron una posición dominante en la Franja del Orinoco y otras cuencas clave mediante empresas mixtas con la estatal PDVSA.

Sin embargo, los nuevos decretos energéticos revocan las licencias vigentes para aquellos operadores de países no alineados con los intereses de la administración estadounidense.

Las autoridades de Washington confirmaron que los activos previamente controlados por firmas de Pekín y Moscú están siendo invalidados o transferidos progresivamente a la nueva estructura liderada por NABEP y a socios occidentales seleccionados.

Así, se pone fin a la era de preponderancia eurasiática en la industria de hidrocarburos de Venezuela.

Si el objetivo de Trump era hacer desaparecer la competencia de estas potencias, lo ha conseguido. Que la operación tenga un futuro prometedor está por ver.

Repsol se consolida

Al margen de las amistades peligrosas entre Trump y Betancourt, los acuerdos comerciales de las compañías con Venezuela marchan por otra dirección.

Repsol se perfila como una de las grandes beneficiadas tras ajustar sus operaciones al nuevo marco de licencias. La compañía cotizada ha logrado consolidar y mejorar su presencia en el país.

Asegura la ampliación de varios proyectos clave de desarrollo de gas y crudo ligero en aguas profundas y en el occidente venezolano, afianzando sus compromisos de inversión junto a otros socios internacionales como la india ONGC y la estadounidense Chevron.

En el extremo opuesto se encuentran los dos mayores gigantes petroleros de Estados Unidos: ExxonMobil y ConocoPhillips.

A pesar de los constantes llamamientos públicos del presidente Donald Trump asegurando la inminente entrada de estas firmas en Venezuela, ninguna de ellas ha aprobado por el momento participación alguna en el esquema planteado.

Representantes de ambas multinacionales han expresado serias dudas respecto a las garantías jurídicas y la legitimidad a largo plazo de los contratos de 100 años concedidos a través de la empresa de Alejandro Betancourt.

A esto se suman las persistentes disputas por los arbitrajes millonarios sin resolver tras las expropiaciones de la era chavista y el riesgo de un eventual viraje político en el Congreso estadounidense o en Caracas que invalide las concesiones actuales.

El futuro en la OPEP

El sorpresivo pacto no ha estado exento de duras advertencias por parte de analistas de Wall Street y exaltos cargos de energía. Expertos del sector señalan que las infraestructuras venezolanas padecen un deterioro estructural profundo tras años de falta de inversión.

Reconstruir la capacidad de producción requerirá desembolsos superiores a los 100.000 millones de dólares y varios años de trabajos intensivos, por lo que el acuerdo difícilmente tendrá un impacto inmediato en los precios de los carburantes a corto plazo.

Por otra parte, la ambigüedad del gobierno interino sobre el futuro de Venezuela dentro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) añade mayor volatilidad al panorama geopolítico.

La industria petrolera mundial observa con cautela la viabilidad real del mayor rediseño energético en la historia reciente del continente.