Gasoducto
Las gasistas europeas presionan a Bruselas para flexibilizar el comercio con Rusia: el grifo se cierra en enero y hay carestía
Ucrania pide no someterse a la verificación del origen de su gas.
Hay preocupación en las capitales europeas de cara al invierno.
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En pleno verano comienza la cuenta atrás para el sector gasista europeo. Hay que pensar en los meses fríos y se han encendido las alarmas para que no falte suministro durante el próximo invierno. Y hay cierta preocupación por los precios y el impacto de la reducción de suministro.
Las grandes comercializadoras de gas que operan en Europa (especialmente TotalEnergies y Shell) han intensificado la presión sobre la Comisión Europea para introducir flexibilidad en la aplicación del reglamento que prohibirá definitivamente las importaciones de gas ruso a partir de enero de 2027.
"Hay preocupación en varias capitales europeas por lo que pueda pasar en otoño, no sólo por los almacenamientos, sino por los precios y el impacto de la reducción de suministro", señalan fuentes del sector gasista a EL ESPAÑOL-Invertia.
"No sólo es el cierre definitivo del comercio con Rusia, son los trenes de licuefacción de Qatar también, que han sufrido mucho con los bombardeos de hace meses y no hay posibilidad de recuperar esa capacidad de inmediato".
Según el último análisis realizado por ICIS (Independent Commodity Intelligence Services), el problema está en los nuevos requisitos de control del origen del gas en plena cuenta atrás para el cierre definitivo del suministro ruso.
A partir de enero, cuando el grifo se cierre de forma efectiva en el marco del REPowerEU, el mercado teme tensiones adicionales de oferta y un repunte de precios si no se preserva la flexibilidad comercial, especialmente en infraestructuras clave como los almacenamientos de Ucrania.
El núcleo del conflicto radica en las nuevas normas europeas -ya en vigor- que obligan a demostrar el país de producción del gas antes de su entrada en la UE, generalmente con al menos cinco días hábiles de antelación.
Ucrania, bajo la lupa
Esta exigencia afecta tanto al gas por gasoducto como al GNL en operaciones spot, y amenaza, según el sector, con restar agilidad a los flujos comerciales que han convertido a Ucrania en una pieza clave para el almacenamiento estacional europeo.
En este contexto, varios traders han solicitado a la Comisión Europea una exención que permita reexportar gas almacenado sin someterlo a los nuevos requisitos de verificación de origen, señala Aura Sabadus, especializada en energía de ICIS.
Argumenta que los procedimientos aduaneros actuales -incluidas las declaraciones ex post- ya ofrecen garantías suficientes para evitar la entrada de gas ruso en el mercado comunitario.
Las empresas defienden que Ucrania debería recibir un trato diferenciado. Desde 2015 no importa gas ruso, en 2022 amplió la prohibición a productos energéticos de ese país y, tras el fin del acuerdo de tránsito con Gazprom, su red sólo está conectada a la UE y Moldavia.
Bajo este argumento, el gas almacenado en régimen aduanero en Ucrania debería considerarse, en principio, conforme a la normativa europea.
Carestía de gas natural
Sin embargo, Bruselas mantiene reservas. Según fuentes comunitarias, la prioridad es evitar cualquier vía de elusión de la prohibición al gas ruso. Ucrania, además, no cumple uno de los criterios técnicos para obtener una exención automática: haber exportado más de 5.000 millones de metros cúbicos a la UE en 2024.
"El almacenamiento de gas es sólo el 30% de lo que luego se consume en invierno, por lo que no va a ser posible recuperar toda la capacidad que necesitan los países europeos de inmediato", añaden las mismas fuentes a este diario.
El debate ha abierto una brecha también entre analistas ucranianos. Oleh Savytskyi, del think tank Razom We Stand, advierte de que una exención sin condiciones podría convertir la infraestructura ucraniana en una puerta trasera para el gas ruso, especialmente en cadenas comerciales complejas o mezclas de origen incierto.
El reglamento europeo, recuerda, se centra en el país de producción, no en el de tránsito, lo que limita el valor probatorio de que el gas haya entrado en Ucrania desde la UE, continúa el análisis de ICIS.
Como alternativa, se propone un sistema reforzado de trazabilidad que permita mantener la flexibilidad operativa sin comprometer la integridad regulatoria.
Entre las medidas planteadas figura verificar el origen del gas en el momento de su inyección en almacenamiento -o en su primera entrada en la cadena UE-Ucrania- y asignarle un certificado digital que acompañe al volumen en futuras reexportaciones.
Este esquema se apoyaría en un mecanismo conjunto de intercambio de datos entre aduanas, el gestor de almacenamiento Ukrtransgaz y el operador del sistema Gtsou, con registros detallados de volúmenes, puntos de entrada y salida, y titularidad.
El principio clave sería que las extracciones certificadas de gas no ruso no superen las inyecciones previamente verificadas, ajustadas por pérdidas técnicas. A ello se añadirían auditorías independientes, informes periódicos y la capacidad de suspender el régimen simplificado en caso de irregularidades.
Alternativas al gas ruso
En paralelo, el mercado explora vías alternativas, como aumentar las exportaciones de gas de producción nacional ucraniana para compensar las restricciones sobre el gas almacenado.
Sin embargo, esta opción choca con las reticencias del Ministerio de Finanzas de Ucrania, que teme un impacto en el suministro interno y la necesidad de recurrir a importaciones más caras desde hubs europeos, en un contexto de limitaciones presupuestarias.
El pulso entre flexibilidad comercial y control regulatorio se produce en un momento crítico.
Con el calendario de desvinculación del gas ruso en marcha, la UE se enfrenta al reto de cerrar posibles lagunas sin desincentivar infraestructuras que el propio mercado considera esenciales para la seguridad de suministro. Ucrania, en ese equilibrio, aspira a consolidarse como un socio energético fiable, pero bajo un marco que combine trazabilidad estricta y operativa eficiente.