Una turbina de gas.

Una turbina de gas. Invertia

Observatorio de la Energía

Colapso en las fábricas de turbinas: los centros de datos acaparan las compras frente a cogeneración, ciclos y aviones

El crecimiento de centros de datos y, en particular, los dedicados a IA está disparando la demanda de generación de gas para generar energía.

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Las claves

La demanda de grandes centros de datos, especialmente para IA, está saturando la producción de turbinas y motores a nivel mundial.

Las turbinas de gas, incluidas las aero-derivadas tipo motor de avión, se han vuelto esenciales para suministrar potencia inmediata donde la red eléctrica no llega o está saturada.

El auge de los data centers está desplazando la cogeneración industrial y el sector aeroespacial, generando un cuello de botella en la cadena de suministro de turbinas.

La competencia por turbinas pone en riesgo la modernización de la cogeneración en fábricas y redes de calor, especialmente en España y Europa.

El tsunami del negocio de los grandes centros de datos, especialmente para Inteligencia Artificial (IA), está provocando un colapso en los fabricantes de turbinas y motores.

La realidad es que necesitan mucha potencia firme, muy rápido y en sitios donde la red no llega o está saturada, y las turbinas de gas (incluidas las aero-derivadas “tipo motor de avión”) son justo el producto que resuelve ese problema mejor que casi cualquier otra tecnología hoy.

"Si queremos renovar los equipos de cogeneración, cuando hacemos un pedido para comprar esas turbinas, si hace unos años tardaban unos dos años, ahora hay que esperar entre 5 y 7 años", explica a EL ESPAÑOL-Invertia Javier Rodríguez Morales, director general de ACOGEN, la asociación española de cogeneración.

Está pasando en todas las marcas que compiten en ese segmento del negocio. "Siemens Energy, GE (General Electric) Vernova, Mitsubishi, Rolls‑Royce, Baker Hughes, Kawasaki o Pratt & Whitney están colapsados", puntualiza el experto, en algunos casos duplicando las ventas anuales respecto a hace apenas un par de ejercicios.

Dentro de esta demanda, un nicho específico son los modelos modulares que se están colocando masivamente en campus de datos de hasta 1,2 GW de demanda.

Los centros de datos están acaparando turbinas que antes iban a la cogeneración industrial y al sector aeroespacial. La combinación de urgencia eléctrica, poder de mercado y debilidad regulatoria frente a los objetivos climáticos está provocando un cuello de botella peligroso.

El denominador común es el mismo: asegurar electricidad inmediata para la nueva industria estrella del momento, las “fábricas de IA”.

Renacer del gas

En este contexto, el gas, que muchos daban por amortizado en favor de las renovables, ha regresado como solución rápida para garantizar potencia firme.

Los gigantes centros de datos requieren cientos de megavatios y a veces los nudos de red, que no fueron diseñados para soportar esas cargas, se ven saturados, al igual que las subestaciones y las líneas de transmisión.

"Hay que pensar que muchos desarrolladores de centros de datos reciben hoy la misma respuesta de las eléctricas: tienen que esperar de tres a siete años para disponer de la capacidad requerida en el punto de conexión, es desesperante", continúa Rodríguez Morales.

Esa brecha entre la velocidad de la economía digital y la inercia de la infraestructura eléctrica está dando alas a un nuevo lema en el sector: “bring your own power”, trae tu propia energía.

A falta de interconexiones y refuerzos suficientes, la solución pasa por desplegar generación distribuida: turbinas de gas, motores de gas, pilas de combustible u otras tecnologías instaladas dentro del propio recinto del data center.

Y si está pasando en EEUU, también ocurre en Europa, y cada vez más en España: la carrera por alimentar la nueva oleada de centros de datos de IA está reordenando silenciosamente el mapa del gas y de la cogeneración, las turbinas que antes miraban sobre todo a la industria pasan a girar al servicio de la nube.

Turbinas tipo “jet”

Aunque se están instalando todo tipo de ciclos de gas, un segmento destaca por su crecimiento: las turbinas aero-derivadas, hermanas tecnológicas de los motores de aviación.

Estas máquinas, diseñadas originalmente para aviones y helicópteros, han sido adaptadas durante años para usos terrestres como la cogeneración industrial y la generación de ciclos. Hoy, sin embargo, encuentran en los centros de datos de IA su cliente más voraz.

La razón es técnica y económica. Las aero-derivadas arrancan y rampan en cuestión de minutos, lo que permite seguir mejor los perfiles de carga volátiles de los servidores de alto rendimiento.

Son modulares, escalables por bloques, y encajan bien en esquemas “behind the meter”, donde el propio data center genera su electricidad in situ para esquivar retrasos de conexión a la red.

Ese apetito está tensando una cadena de suministro que nunca se recuperó del todo de la anterior crisis del gas y del giro inversor hacia las renovables.

La pugna por las turbinas que podían alimentar fábricas, redes de calefacción urbana o helicópteros es, en el fondo, un síntoma del choque entre dos transiciones.

La digital, acelerada por la IA, que exige más electricidad y más rápido que nunca. Y la energética, que necesita tiempo, inversión y coherencia política para desplegar redes y renovables al ritmo adecuado. Por ahora, la primera va ganando la partida.

Tropiezo para la cogeneración.

La gran incógnita para el tejido industrial europeo es si el apetito de la nube por turbinas y motores de gas acabará encareciendo o retrasando modernizaciones de cogeneración en fábricas y redes de calor.

En España y otros países, la cogeneración a gas ha sido la columna vertebral energética de refinerías, papeleras, químicas y redes de calor.

Sin embargo, el auge tardío pero intenso de la demanda asociada a data centers, sumado a años de incertidumbre regulatoria y retrasos en marcos de apoyo, pone a la cogeneración en desventaja a la hora de competir por los mismos equipos y capacidades de ingeniería.