La presidenta de la CNMC, Cani Fernández.

La presidenta de la CNMC, Cani Fernández. A. Pérez Meca / Europa Press

Observatorio de la Energía

La CNMC apura la retribución del gas para sacar su propuesta en marzo y dejarla atada antes del fin de mandato de Cani

Dentro del regulador reconocen el peso estratégico que ha adquirido el gas en los últimos años y el papel del biometano y el hidrógeno en el nuevo marco.

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Las claves

La CNMC quiere presentar en marzo la propuesta de nueva retribución para las redes gasistas antes del fin de mandato de su presidenta, Cani Fernández.

El objetivo es dejar definido el nuevo marco regulatorio del gas para el periodo 2027-2032, independientemente de los cambios en la cúpula del regulador.

El sector gasista ha sufrido una caída de ingresos de casi 2.500 millones en el actual periodo regulatorio y alerta sobre su vulnerabilidad futura.

Las distribuidoras defienden la eficiencia y el papel estratégico de la red gasista, subrayando que España mantiene tarifas de gas bajas frente a otros países europeos.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) apura la gran reforma de la retribución del gas. Su objetivo es sacar a audiencia pública en marzo la nueva propuesta de retribución para las redes gasistas para dejar la norma encarrilada antes de que venza el mandato de la presidenta, Cani Fernández.

Sobre la mesa ya están las orientaciones de política energética del Gobierno para el periodo 2027-2032 y la nueva tasa financiera. La retribución de las redes gasistas debe aprobarse a lo largo de 2026.

El reloj político aprieta. En junio expira de golpe el mandato de la presidenta y de varios consejeros, y el consejo ya ha afrontado la salida anticipada de una de sus vocales, Pilar Sánchez.

Según explican fuentes conocedoras, el equipo de Energía quiere llegar a la renovación con la nueva retribución del gas, al menos, en fase avanzada de tramitación, para dejar amarrado el marco regulatorio del próximo periodo con independencia de cómo se resuelva el relevo en la cúpula de la CNMC.

Dentro del regulador, se entiende que el gas tiene hoy un peso político y estratégico mayor que en la reforma anterior.

Tras la crisis energética provocada por la guerra de Ucrania, el sistema gasista se ha convertido en una pieza clave de la seguridad de suministro y en la futura puerta de entrada de los gases renovables, como el biometano o el hidrógeno, cuyo despliegue encajará en la nueva metodología.

Al otro lado de la mesa, el sector gasista ya ha tenido reuniones con la CNMC y aguarda con expectación la primera propuesta. En el actual periodo regulatorio (2021-2026), la rentabilidad reconocida a las redes de gas se sitúa en el 5,44% para el transporte y la regasificación y en el 5,83% para la distribución, según la Circular 2/2019.

El sector gasista, a través de la patronal Sedigas, ha advertido que su posición es de vulnerabilidad de cara a los próximos años, tras una caída en ingresos de casi 2.500 millones de euros derivados de las actividades reguladas en el sexenio actual.

Aunque la nueva metodología entra jurídicamente en vigor el 1 de enero de 2027, su aplicación efectiva se realiza por años de gas -del 1 de octubre al 30 de septiembre-, por lo que los nuevos parámetros retributivos no se reflejarán en las liquidaciones hasta el 1 de octubre de ese mismo año.

El valor de las redes

Las distribuidoras de gas han trasladado a la CNMC una batería de informes con los que buscan poner en valor el papel de sus redes dentro del sistema energético.

Entre sus principales argumentos, destacan la eficiencia económica del gas para el transporte de energía frente a la electricidad, especialmente en el suministro de grandes volúmenes o en usos térmicos intensivos como los industriales o la calefacción.

Las compañías también subrayan el carácter estratégico de la red gasista -con unos 80.000 kilómetros que abastecen a más de 8 millones de puntos de suministro- como infraestructura clave para garantizar la seguridad de suministro, tanto de forma directa como en el respaldo al sistema eléctrico.

Asimismo, han puesto el foco en la evolución de los peajes de distribución, que han caído en España entre 2020 y 2025 pese al aumento de la inflación, en contraste con otros países europeos donde estos costes han subido.

Según defienden, este diferencial sitúa a España entre los países con tarifas más bajas tanto para hogares como para empresas, reforzando la competitividad del sistema gasista nacional.