La segunda vida de la lejía: las míticas Lagarto y Conejo, en primera línea contra el virus

La segunda vida de la lejía: las míticas Lagarto y Conejo, en primera línea contra el virus

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La segunda vida de la lejía: las míticas Lagarto y Conejo, en primera línea contra el virus

La pandemia del coronavirus ha disparado las ventas de estos productos por su poder de desinfección y es muy difícil encontrarlos en los 'súper'. 

5 abril, 2020 03:15

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Han vivido una guerra civil, crisis políticas y multitud de dificultades económicas. De todo en esta vida o más bien en sus más de 100 años de existencia. De todo, excepto una pandemia. Y lo más curioso, es que en ningún momento histórico han sido tan importantes como en este: las marcas de lejía tan míticas como Lagarto o Conejo se han convertido en el mejor aliado para desinfectar, especialmente en las casas.

Tan importantes son que en los supermercados han sustituido al papel higiénico. Y no nos referimos físicamente, sino más bien al hecho de que han desaparecido de los lineales al igual que lo hicieron los rollos de papel en los primeros días de pánico. A día de hoy, es difícil encontrar estos productos. 

“Las ventas de lejía, no solo de la marca Conejo sino también de Estrella y Neutrex, han aumentado exponencialmente sus ventas ya desde principios de marzo antes de decretarse el estado de alarma en el país”, explican desde la multinacional Henkel a Invertia. Algo que también aseguran que ha ocurrido en empresas como Euroquímica, propietaria de marcas como Lagarto, que no paran de recibir pedidos de El Corte Inglés, Mercadona y el resto de supermercados. 

Pero, ¿por qué compramos tanta lejía? “Ante la situación actual, los consumidores han apostado por la lejía por sus propiedades de desinfección y por su relación calidad-precio”, reconocen fuentes de Henkel, que se han visto obligados a ampliar el suministro en los supermercados y “tenemos prácticamente al 100% de utilización nuestras capacidades productivas”, apuntan. 

Lo cierto es que la desinfección es una de las armas más importantes para combatir al coronavirus de tú a tú en casa, en los hospitales, en la residencias, en los centros de trabajo que aún siguen abiertos y hasta en las calles. La desinfección es muy importante y los españoles están demostrando, al menos en las ventas de lejía, que lo están llevando a rajatabla.

Así, por ejemplo, en la semana del 16 al 22 de marzo, los artículos de limpieza del hogar  crecieron un 58%, según Nielsen. Solo fueron superados -en términos de crecimiento- por las legumbres. 

La importancia del jabón 

Dentro de estos datos también se incluye al jabón porque tan importante es la desinfección de los espacios físicos como la higiene personal, especialmente la limpieza de manos. Este producto es otro de los que escasean en los lineales de las tiendas. Desde Euroquímica reconocen a este medio que “las ventas del jabón suben como la espuma”. 

Pero esto no es casualidad. Históricamente, el jabón ha tenido un papel fundamental en periodos de guerra. Durante la II Guerra Mundial, el jabón de Marsella se consideró una mercancía esencial, por lo que su fábricas fueron confiscadas con el fin de garantizar la producción y el suministro. 

Y es que Francia sabe mucho de estos temas. La historia de la lejía se inicia en este país en el siglo XVIII, cuando el Conde de Artois funda en Javel una fábrica en la que trabaja Berthollet. En 1820, el farmacéutico Labarraque cambió el potasio por el sodio en la composición inicial. Así nació la lejía moderna, cuya fórmula se ha mantenido hasta nuestros días. 

Historia de la lejía

En España, la lejía está presente en los hogares desde la aparición de la primera botella de lejía Conejo en 1889. Más tarde llegaría Lagarto, que primero se empeñó en elaborar la famosa pastilla de jabón. Su origen se lo debemos a las familias vascas Lizariturry y Rezola, fabricantes de bujías y velas, que contactaron con el inventor alemán Peter Krebitz instalar una de las más modernas fábricas de jabón del continente.

Como dato curioso, aquí es donde surge el nombre de la marca. Tan avanzadas eran las técnicas utilizadas que los operarios, temerosos de que no funcionaran bien tantos avances tecnológicos, exclamaban en alto “¡Lagarto, lagarto!”. El buen funcionamiento de la maquinaria y la calidad del jabón producido, disipó cualquier duda y, como recordatorio de la anécdota, se escogió el nombre de la marca, Lagarto, que comenzó a producirse en San Sebastián en el año 1914. Algo que no ha dejado de hacer hasta nuestros días; aunque ahora en mayores cantidades.

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