Javier Targhetta y Mar Madrid, nuevos accionistas de la fábrica junto a las hermanas Luksic, en las instalaciones en su reapertura. Cedida.
Los nuevos dueños de las vajillas de La Cartuja se arman con fichajes en Flex y Molins para facturar 12M en dos años
El negocio renace con el presidente de Atlantic Copper y el impulso de la fortuna de las hermanas chilenas Luksic. Prometen ampliar plantilla.
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El enésimo acercamiento al precipicio de la histórica fábrica de vajillas de La Cartuja Pickman da paso a una etapa de ambición no ya por revivir las instalaciones de Sevilla y salvar a su treintena de trabajadores, sino por convertirse en una marca global.
Así lo anuncian al menos sus nuevos dueños, el presidente de Atlantic Copper, Javier Targhetta y las hermanas Gabriela y Paola Luksic, empresarias chilenas pertenecientes a la familia responsable de uno de los mayores grupos empresariales del país suramericano, han decidido rearmar a la compañía para dar el salto definitivo.
Objetivo primero: empezar a producir en tres semanas. Vender inmediatamente después y sin pausa, tanto como para facturar tras dos años de producción unos 12 millones de euros; entre tanto, buscar nueva nave para crecer en plantilla y capacidad y captar nuevos clientes con un equipo directivo formado por profesionales fichados en Flex y Molins.
Parece una yincana de objetivos ambiciosos, pero Targhetta lo ve perfectamente posible. "Esta vuelta no es a la normalidad, sino a la ambición de ser un referente mundial. Tenemos que pelearnos codo a codo con grandes marcas", ha asegurado en rueda de prensa.
Ese es el mensaje con el que este lunes la fábrica sevillana vuelve al trabajo, una vez cerrado todo el proceso de adquisición tras la adjudicación del negocio a Targhetta y las Luksic y una puesta a punto casi de 'emergencia', recurriendo a multinacionales como Serveo o Ayesa Ingeniería, para habilitar las instalaciones.
Un inédito equipo directivo
Se pone así fin a un parón que arrancó el pasado verano, y la "ilusión" que declaran todos –desde los dueños a los trabajadores– es máxima, teniendo en cuenta todas las novedades. Una de ellas, algo jamás visto en la empresa, es contar con un equipo directivo.
Los nuevos dueños han hecho por ahora tres fichajes: Carmen Granja, con veinte años de experiencia en Flex, se convierte ahora en directora general; Sebastián Fernández Vallejo, es el nuevo director de producción tras su paso por Grupo Molins e Isabel Lara, especialista en retail con experiencia en la dirección de centros comerciales, aterriza como directora comercial.
Ellos tienen como misión diseñar un plan estratégico de tres años que contemple los plazos precisos para hacer realidad esas expectativas de ventas y sobre todo de producción, que se espera pase de la magnitud habitual y conocida de "cientos de miles" a "millones de piezas".
Todo ello sin contemplar la entrada de accionistas nuevos, y muy amparados en el músculo financiero de las Luksic, una familia extremadamente conocida en Chile por sus múltiples inversiones.
A través de Antofagasta Minerals, el grupo es el principal actor privado de Chile en la gran minería de cobre con los yacimientos Los Pelambres, Centinela, Antucoya y Zaldívar.
Además, mediante la otra gran pata del grupo, Quiñenco, participan en el sector financiero (Banco de Chile), bebidas y cervezas (Compañía Cervecerías Unidas), manufacturero (Nexans), energía (Enex, licenciataria de Shell en Chile), transporte (Compañía Sud Americana de Vapores, Hapag- Lloyd), y hasta servicios portuarios (SM SAAM).
Otra nave y más plantilla
El renacer de La Cartuja ha exigido por ahora una inversión de 2 millones de euros. Targhetta da por hecho que es solo un primer paso.
Porque es muy posible que tengan que actualizar la maquinaria. También buscan, asesorados por Savills, una nave nueva en Sevilla que sea más eficiente y que contemple ya un aumento de producción y, poco a poco y en función de la evolución, un aumento de plantilla.
El plan inicial es resurgir con tres líneas de vajillas, incluyendo la más clásica que incluye el dibujo de la Catedral de Sevilla. E incluso ahora, que siguen probando maquinaria y hornos, ya pueden hacer recuento de clientes interesados en comprar en cuanto salgan las primeras piezas.
Clientes de lujo
Concretamente hoteles de lujo. Es el caso de la Casa Palacio Don Ramón, en Sevilla; el Casa Palacio María Luisa, de Jerez, y el proyecto hotelero de Bodegas Góngora. También han recibido ya interés de nuevos clientes en Extremadura.
Dado el conocimiento y arraigo de la marca, el mercado prioritario por ahora será el nacional. Se trabaja ya también para abrir tienda directa de venta a clientes en Madrid y Sevilla.
¿Precios? "Estamos en ello ahora mismo", responde Targhetta. Mira de cerca a los competidores para no estar "por debajo" en ese sentido; otra etapa por definir para un producto de alta calidad y tan alto valor que tradicionalmente se incluía en las listas de boda.