Francisco Reynés, presidente de Naturgy y vicepresidente ejecutivo de Criteria Caixa.

Francisco Reynés, presidente de Naturgy y vicepresidente ejecutivo de Criteria Caixa.

Empresas

La salida de BlackRock de Naturgy fortalece a IFM y obliga a Criteria a buscar un socio este año para reforzar su control

A finales de 2026 termina la vigencia de las duras condiciones que el Gobierno impuso al fondo australiano para que no influyera en la gestión.

Más información: Repsol, Naturgy, aerolíneas y hoteleras, las empresas españolas más afectadas por la inestabilidad en el Golfo Pérsico.

Publicada
Actualizada

Las claves

La salida de BlackRock del accionariado de Naturgy fortalece la posición del fondo australiano IFM, que podría aumentar su participación e influencia en la compañía.

CriteriaCaixa, principal accionista con el 28,5%, busca un nuevo socio energético fiable para reforzar el control y dar estabilidad a Naturgy ante la apertura del capital.

Entre las opciones de socios se barajan empresas como Endesa, EDP o la emiratí Taqa, aunque esta última enfrentaría restricciones estatales si supera el 10%.

Naturgy afronta desafíos adicionales por la renegociación del aprovisionamiento de gas tras la prohibición europea de importar gas ruso y las tensiones internacionales.

Naturgy afronta un nuevo año convulso tras la salida de BlackRock de su accionariado. Más allá de las fluctuaciones del precio del gas y de la garantía de suministro en pleno conflicto bélico global, CriteriaCaixa deberá reordenar su accionariado en torno al 28,5% que ya tiene para no perder el control en la toma de decisiones.

Fuentes del sector energético aseguran que el segundo accionista de la gasista, el fondo australiano IFM (Global Infrastructure Fund), con un 15,5% del capital, no va a perder la oportunidad de ampliar su participación y tratar de incrementar su influencia en la gestión.

Cabe recordar que en octubre se cumple la vigencia de cinco años de las duras condiciones que el Gobierno le impuso en 2021 para entrar en Naturgy con más de un 10% de las acciones, por ser una empresa estratégica para la economía española.

IFM siempre se ha mostrado a favor de colaborar y apoyar la gestión de los actuales responsables de la compañía bajo el mando de Francisco Reynés. Pero la salida de BlackRock y el contexto internacional sobrevenido han dado un vuelco a la situación, sobre todo de cara a la segunda parte de 2026.

El fondo australiano tiene grandes intereses gasistas en todo el mundo y está considerado un inversor a largo plazo en el sector, más allá de la pura rentabilidad de sus operaciones.

Cuenta con grandes inversiones en Australia y controla una de las mayores plantas de GNL de EEUU (Texas) con Freeport LNG, uno de los grandes exportadores de gas licuado. Por tanto, cabe la posibilidad de que trate de aumentar su influencia en Naturgy y en su gestión.

A todo ello hay que sumar la posibilidad de que los fondos activistas puedan adentrarse en el capital de Naturgy. Por eso, el casi 30% que queda en free float deja abiertas opciones para que un socio energético fiable pueda aliarse con Criteria y dar estabilidad a la gasista.

La españolidad de la empresa siempre ha sido una prioridad para Criteria. Ya hubo contactos para una posible unión con Repsol a través del proyecto Gemini. Pero se quedaron en nada por el veto público a la operación.

Las fuentes consultadas descartan que vuelva a haber un acercamiento entre Naturgy y Repsol. Cabe recordar que la petrolera estuvo en su accionariado y vendió su 30% a los fondos GIP (un 10% en 2016) y CVC (un 20% en 2018).

Ahora, GIP, controlado por BlackRock, acaba de dejar el 11,4% que le quedaba. Por el camino, el fondo también ha renunciado a los tres asientos que tenía en el consejo de Naturgy.

CVC conserva un 13,8%. Y aunque ha declarado estar cómodo por la rentabilidad que obtiene cada año, nunca ha descartado salir si tiene una buena oferta.

Otro 5% de Naturgy lo mantiene la Corporación Financiera Alba. Y un 4,1% está en manos del socio argelino que le provee de gas, Sonatrach.

Aunque no sea una prioridad en la primera parte del año, fuentes de mercado advierten de que opciones como Endesa o EDP son buenas para convertirse en los partners de Naturgy en la nueva etapa que se abre para la compañía.

Queda guardada en un cajón, sin haber estado descartada nunca del todo, la posibilidad de que la emiratí Taqa (Abu Dhabi) retome su intención de entrar en la gasista española. Aunque se tendría que contar con un veto estatal a que tuviera más del 10% de Naturgy, algo que obligaría a contar con otro socio más para tener la deseada estabilidad.

Un mal momento

Fuentes empresariales del sector apuntan que el momento escogido por BlackRock para salir no es el mejor para la gasista. Naturgy está renegociando todo el aprovisionamiento de gas natural tras la prohibición de la UE de cooperar con la rusa Yamal LNG, que le entrega casi una cuarta parte del suministro que necesita.

En noviembre del año pasado anunció un acuerdo de 4.000 millones, a pagar en veinte años, con la norteamericana Venture Global para paliar una parte de la pérdida de gas ruso. Incluso está intentando renegociar con Yamal la entrega a otros puntos fuera de la UE para sortear el veto.

El gran proveedor de gas de Naturgy sigue siendo Argelia, a través de la sociedad Medgaz que comparte con Sonatrach (controla un 51%) y con BlackRock, que tiene la inversión del 49% a medias con la gasista española.

En el mercado se descarta que la salida BlackRock vaya a afectar a su participación en Medgaz. En este caso hablamos de controlar una de las grandes infraestructuras gasistas al sur de Europa. Y la vocación de fondo es mantenerse en ese tipo de activos estratégicos.

Es más, se considera que BlackRock tenía previsto salir de Naturgy hace tiempo, aunque algunas declaraciones de sus responsables locales no apuntaran en esa dirección. Eso sí, la operación se ha podido adelantar una semana para evitar las caídas en bolsa que ha provocado el conflicto bélico en Irán.

Hasta ahora, Argelia ha estado ajena al enfrentamiento que tienen sus vecinos en Oriente Próximo, pero los analistas han advertido ya que una prolongación de la guerra en toda esa zona puede afectar a las infraestructuras críticas de cualquier país.

Tras el conflicto comercial con España, a raíz del respaldo a la postura de Marruecos sobre el Sáhara, las relaciones con Argelia no son las mismas.

No obstante, el sector energético argelino está controlado por los operadores rusos, de forma que una mayor implicación en la zona siempre se haría con la aquiescencia del Gobierno de Putin.