Carlos Cuerpo, vicepresidente primero y ministro de Economía.

Carlos Cuerpo, vicepresidente primero y ministro de Economía. Marta Fernández / Europa Press

Macroeconomía

El aumento de los precios amenaza con frenar el crecimiento de la economía en el segundo semestre del año

El peligro está en que la inflación suba más que las rentas a corto plazo.

El encarecimiento de gas y electricidad, lo más relevante para las empresas.

Más información: El PIB crece un 0,7% en el segundo trimestre pero los precios se disparan un 3,5% en julio por los combustibles.

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Las claves

Las claves

El crecimiento económico en España se mantiene gracias al consumo interno y la inversión, pero la subida de precios amenaza con frenarlo en el segundo semestre.

La inflación ha escalado al 3,5% en julio y podría superar el 4% a final de año, superando el crecimiento de los salarios y reduciendo el poder adquisitivo de las familias.

El encarecimiento del gas y la electricidad, junto a la dependencia energética y las tensiones en Oriente Medio, agravan el riesgo para la economía española.

La inversión en maquinaria y tecnología sigue siendo un motor, aunque se observa estancamiento en vivienda y bienes de equipo, mientras el empleo se fortalece por la contratación de inmigrantes.

El consumo de los hogares y la inversión siguen siendo la base de crecimiento de una economía española que acumula ya cuatro trimestres a un aumento medio anual del 2,7%. La amenaza está en los precios, que han escalado al 3,5% en julio y pueden frenar ese crecimiento a final de año si suben más que los salarios.

La mayor parte de los analistas reconocen la resistencia que está teniendo España a las tensiones energéticas que no cesan desde Oriente Medio. Pero al mismo tiempo ven en el impacto acumulado de las subidas del gas y del petróleo en las cadenas de valor de los productos como el mayor riesgo.

El propio Ministerio de Economía advierte de que sus medidas anticrisis han servido para frenar hasta un punto la subida de la inflación. Eso situaría la evolución real de los precios en niveles superiores al 4%, que son los de los escenarios adversos estimados para final de año y que pueden frenar el consumo y la capacidad de inversión.

El crecimiento en España sigue basado en la actividad económica que genera la mejora del empleo, sobre todo la mayor contratación de inmigrantes. Nadie duda a estas alturas de que la regularización va a distorsionar al alza los datos de empleo este año para dejar la tasa de paro en el entorno del 9%.

Los datos del INE dejan claro que más de la mitad del crecimiento económico entre abril y junio se debe al consumo interno, frente a un 20%, por cabeza, que se pueden llevar la inversión y el gasto público. Pero todas esas variables pueden verse muy distorsionadas a corto plazo si los precios se disparan o las medidas anticrisis no sirven para frenarlos.

El economista y experto en energía, Antonio Merino, alerta del tremendo efecto que tiene la subida de precios de gas y electricidad en la producción de bienes y servicios y, por ende, en la formación de los precios.

El bloqueo al queroseno y el gas de Catar que se produce en el Estrecho de Ormuz genera un shock a corto plazo en los precios, que empeora cuando llega a una economía como la española, con un problema grave de dependencia del gas en este momento.

El precio estaba en 30 euros el megavatio hora a primeros de año. Pero en junio cerró en el doble y en julio parece que se ha moderado a los 45 euros. Dos veces y media ese precio es el que resulta para la electricidad, de la que depende la economía.

Incluso desde la Cámara de España ven a la inflación como el "elemento de riesgo a vigilar", sobre todo por la vuelta a la inseguridad en las rutas del gas de Oriente Medio. Aun así, consideran que su efecto en los precios ha sido hasta ahora más contenido de lo que se esperaba en los costes de producción o el transporte.

En ese contexto de riesgo, el cuadro macroeconómico aguanta gracias a un consumo doméstico lanzado por el empleo y la inmigración, junto a un chute del gasto público en la economía y la inversión que se mantiene en el último año.

En esa línea, el profesor de Economía y Empresa de la Universidad Europea, José Manuel Corrales, admite que la economía avanza, pero una parte de la población puede no percibir esa mejora si los precios llegan a crecer por encima de sus ingresos.

Ese deterioro puede ser muy negativo sobre todo para las rentas medias y bajas, que son las que más parte de sus presupuestos familiares dedican a alimentos, transporte y energía.

“Cuando los precios aumentan más rápido que los salarios, las familias pierden capacidad de compra y empiezan a recortar aquellos gastos que no consideran imprescindibles. El consumo de los hogares representa más de la mitad de la economía española, por lo que una reducción prolongada de la demanda puede frenar con rapidez el crecimiento”, advierte el profesor.

Inversión contenida

Con el empleo tan fuerte y el Estado haciendo caja con la recaudación de impuestos (hinchada por la inflación), la incertidumbre se vislumbra también en la inversión. Los datos intertrimestrales dejan ver cierto estancamiento en la vivienda y los bienes de equipo (suben una décima desde marzo) y se salvan por el boom de los productos de propiedad intelectual, que suben un 1,7%

El Gobierno defiende la fuerza de esa inversión en maquinaria y construcción mediante el dato anual, que presenta subidas del 3% al 5% gracias a la inercia que arrastran de los elevados aumentos del segundo semestre del año pasado, que duplicaban a las actuales en algunos casos.

Es decir, la tendencia es a la baja salvo en el caso citado de la propiedad intelectual y la actividad científica y técnica, que según fuentes de ese sector acapara ya casi un 5% del PIB. La inversión en estos ámbitos crece a un ritmo anual del 7,7%. Aunque no se libra de la desaceleración en la comparación entre trimestres.

Ese dato de inversión en áreas como los bienes de equipo, el software o la inteligencia artificial son una de las claves que sostienen la economía, señala el economista José Carlos Díez. El problema es hacer que esa inversión genere más productividad y no deje todo en manos de los servicios y el consumo privado.

Antonio Merino recuerda que una parte de ese gasto en servicios son sectores intensivos en consumo de energía, como el transporte, la IA y los centros de datos. Y en los precios del sector España y Europa tienen un problema regulatorio y de coste del CO2 que no permite bajar precios con flexibilidad.

Incluso en el caso de los carburantes, el economista advierte que al precio del petróleo hay que añadir el coste de refino, que en el caso del diésel está en máximos históricos por las tensiones en los mercados asiáticos, sobre todo en China.

“La inflación va para arriba de forma clarísima –asegura Merino-, y cuando los precios lleguen a subir más que los salarios, tendremos un problema grave de renta real”.

El profesor Corrales corrobora esa tesis, tanto por el riesgo que supone para las rentas, como para la inversión. Si la inflación se mantiene elevada, los tipos de interés pueden permanecer altos durante más tiempo, lo que encarece el crédito y dificulta la puesta en marcha de nuevos proyectos.

“Para evitar que el aumento de los precios termine debilitando la economía, es fundamental proteger los salarios reales y sostener la demanda interna. De lo contrario, podríamos tener una economía que crece sobre el papel mientras una parte importante de los hogares pierde poder adquisitivo”, remata.

Sobre ese papel, el Gobierno tiene claro que llegará al 2,6% previsto de subida del PIB en este año, sobre todo por la inercia que se acumula desde 2025. Pero salvo la AIReF, Funcas y Oxford Economics, la media de la mayor parte de los servicios de estudios se queda en el 2,3%, con tendencia clara a la baja el año que viene, incluso por debajo del 2%.

En cualquier caso, el vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, se ha mostrado seguro de que los organismos internacionales de referencia, como el FMI o la OCDE, acabarán elevando sus vaticinios actuales, que están muy por debajo de su previsión. Lo averiguaremos en otoño.