La secretaria general del Tesoro, Paula Conthe, junto a la directora general del Tesoro y política financiera, Carla Díaz Álvarez de Toledo.

La secretaria general del Tesoro, Paula Conthe, junto a la directora general del Tesoro y política financiera, Carla Díaz Álvarez de Toledo. Ministerio de Economía

Macroeconomía

La OCDE señala a España como uno de los grandes países donde los fondos de alto riesgo ganan más poder en la deuda pública

El organismo alerta del récord histórico de deuda global y de unas necesidades de financiación cercanas a los 29 billones de dólares en 2026.

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Las claves

La OCDE destaca que España es uno de los grandes países donde los fondos de alto riesgo (hedge funds) están ganando peso en la deuda pública.

Estos fondos han asumido un papel relevante en el mercado de bonos español, desplazando a inversores tradicionales y aportando liquidez, pero también volatilidad.

El fenómeno se atribuye a la regulación más estricta sobre los bancos tras la crisis de 2008, que ha reducido su presencia como creadores de mercado.

La OCDE advierte que la creciente dependencia de hedge funds aumenta el riesgo de fuga de capitales en momentos de crisis, afectando la estabilidad financiera.

El mercado mundial de deuda se enfrenta a un escenario de presión sin precedentes, y el Tesoro español está notando un cambio fundamental en el perfil de quién compra sus bonos.

Según el último gran informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), España destaca como uno de los pocos países desarrollados que ha reconocido expresamente este fenómeno.

Los hedge funds —fondos de alto riesgo o de cobertura— están asumiendo un papel cada vez mayor en su mercado de deuda soberana.

Este fenómeno se produce en un momento crítico. Gobiernos y empresas pulverizarán todos los registros al pedir prestados 29 billones de dólares a los mercados durante 2026.

El informe del organismo internacional revela que once oficinas de gestión de deuda pública han observado en el último año una mayor presencia de "otros participantes" en las operaciones de mercado secundario.

Sin embargo, sólo España, Bélgica, Finlandia y Lituania han señalado específicamente a los fondos de cobertura como los actores clave de esta transformación.

En estos países, estos fondos especulativos están asumiendo actividades que antes recaían en inversores más tradicionales.

Han comenzado a mantener bonos en cartera durante cierto tiempo o a realizar operaciones más técnicas que buscan aprovechar pequeñas diferencias de precio entre distintos títulos de deuda.

De hecho, la OCDE advierte de que en varios mercados clave (como Estados Unidos, Reino Unido y la zona euro) los hedge funds se han convertido ya en los proveedores de liquidez marginales y acaparan la mayor parte del volumen de transacciones.

¿Por qué ahora?

La irrupción de estos actores en la deuda pública no es casualidad, sino el resultado de un vacío normativo.

Tras la crisis financiera de 2008, las estrictas regulaciones bancarias impuestas (como Basilea III y la ley Dodd-Frank en Estados Unidos) elevaron los requisitos de capital y encarecieron drásticamente para los bancos tradicionales el hecho de mantener grandes inventarios de bonos en sus balances.

Al reducir los bancos su papel directo como creadores de mercado, los fondos de cobertura, menos regulados, han tomado el relevo.

Para llevar a cabo estas operaciones, los hedge funds se apoyan en altos niveles de apalancamiento financiados a través de operaciones de recompra (repo) que, paradójicamente, les facilitan los propios bancos.

"Riesgo de fuga"

Aunque la propia OCDE reconoce que la intervención de los hedge funds aporta una liquidez muy necesaria y respalda la demanda en las subastas públicas de deuda, alerta de un grave peligro para la estabilidad financiera.

A diferencia de compradores como los bancos centrales o los fondos de pensiones, los fondos de alto riesgo operan muy apalancados y tienen mayores tasas de fracaso.

Además, carecen de un compromiso orgánico a largo plazo con los países en los que invierten, lo que los hace más volátiles por naturaleza.

Esto genera un elevado “riesgo de fuga”: ante cualquier turbulencia o pánico financiero, tienden a liquidar sus posiciones de manera repentina, retirando la liquidez y amplificando la volatilidad del mercado exactamente cuando más se necesita su apoyo.

29 billones y sin los bancos centrales

La urgencia de los gobiernos por garantizar compradores para su deuda llega en un momento de auténtico desbordamiento de emisiones.

Sólo en 2026, la OCDE prevé que los países coloquen bonos por valor de 29 billones de dólares, un 17% más que en 2024 —es decir, unos 4 billones adicionales—.

La mayor parte de este dinero no servirá para financiar nuevos proyectos, sino para cubrir los enormes vencimientos que se acumulan. La deuda viva de los gobiernos de la OCDE ya alcanzó los 61 billones de dólares en 2025, una cifra sin precedentes.

A este récord de oferta se suma un problema adicional: están desapareciendo los compradores más seguros.

Los principales bancos centrales, en plena retirada de los programas de estímulo y con políticas de endurecimiento monetario (quantitative tightening), están reduciendo sus balances y han dejado de adquirir deuda pública.

Con su salida, el mercado se enfrenta a una nueva realidad. Debe encontrar inversores alternativos, mucho más sensibles a la rentabilidad y menos previsibles, justo cuando la estabilidad se vuelve más necesaria que nunca.

La IA

No sólo la deuda pública alcanzó un nuevo récord en 2025. El endeudamiento corporativo global alcanzó el año pasado los 13,7 billones de dólares, el mayor registro de la historia.

El gran motor detrás de esta cifra es la inteligencia artificial (IA). Las enormes exigencias de capital de esta tecnología superan ya lo que las compañías pueden financiar por sí mismas.

En 2025, sólo nueve gigantes tecnológicos acapararon 122.000 millones de dólares en emisiones de bonos, el 45% de todo el sector tecnológico mundial.

Se espera que estas nueve corporaciones gasten 4,1 billones de dólares en capital entre 2026 y 2030, lo que anticipa una absorción de crédito sin precedentes que podría transformar las reglas del mercado privado.

"Calma superficial"

La OCDE señala que, a pesar de las tensiones geopolíticas y los obstáculos macroeconómicos, los mercados de deuda no están reflejando la tensión.

La volatilidad se ha moderado, la liquidez ha mejorado y las primas de riesgo corporativo están cerca de mínimos históricos.

Sin embargo, el organismo advierte de que esta estabilidad a nivel superficial "enmascara desarrollos estructurales más profundos" que podrían cristalizar en riesgos repentinos si las tendencias actuales continúan.