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Las claves

La inmigración ha evitado que el envejecimiento cause un daño mucho mayor a la economía española en las dos últimas décadas. Sin embargo, la llegada de trabajadores extranjeros no basta para frenar el deterioro del nivel de vida que se avecina si la productividad no mejora.

Un nuevo estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) calcula que la llegada masiva de población foránea ha tapado en torno al 60% del agujero económico que abre el envejecimiento.

Lo ha hecho rellenando con mano de obra joven una pirámide demográfica cada vez más vacía en la base. Sin embargo, el informe advierte de que este salvavidas tiene límites.

La inmigración alivia la presión sobre las pensiones y el mercado laboral, pero no logra frenar por sí sola el deterioro de la renta per cápita en un país con baja productividad y una población que sigue envejeciendo.

El informe, titulado Inmigración, Envejecimiento y Dividendo Demográfico, lanza un jarro de agua fría sobre quienes fían todo el futuro del Estado de bienestar a la llegada de nuevos vecinos.

La conclusión de los investigadores es clara: el flujo migratorio es vital y necesario, pero “no es una solución suficiente por sí sola”.

Aunque los inmigrantes cubren buena parte de los puestos de trabajo que quedan sin ocupar, no logran revertir la tendencia negativa de fondo. Para mantener el nivel de vida en el futuro, España necesitará algo más que trabajadores; necesitará aumentar claramente su productividad.

El agujero

Para entender la magnitud del problema, hay que mirar atrás. Durante los años 80 y 90, España disfrutó de lo que los economistas llamandividendo demográfico: la población en edad de trabajar crecía sin parar, empujando el producto interior bruto (PIB) hacia arriba casi por inercia.

Pero el año 2000 marcó un cambio de ciclo. La población empezó a envejecer y la demografía pasó de ser un motor a convertirse en un lastre.

Es ahí donde entra la inmigración. Según los cálculos de Fedea, entre los años 2000 y 2019 la proporción de población en edad de trabajar (de 16 a 64 años) se habría desplomado a un ritmo del 0,39% cada año si no hubieran llegado extranjeros.

Gracias a ellos, esa caída se suavizó hasta el 0,16% anual. La diferencia entre ambas cifras es el agujero que los inmigrantes han logrado rellenar.

Evitaron el 59% de la pérdida de fuerza laboral potencial de España en esas dos décadas.

En términos acumulados, aportaron 4,6 puntos extra de músculo laboral al país, impidiendo una contracción mucho más severa de la economía y un envejecimiento aún más asimétrico.

A enero de 2025, residen en España 9,5 millones de personas nacidas en el extranjero, lo que representa ya el 19,3% de la población total. Y traen consigo dos activos que España pierde a marchas forzadas: personas jóvenes y dispuestas a trabajar.

Los datos son contundentes. La edad media de los nacidos en el extranjero es de 41,3 años, cuatro años menos que la de los nacidos en España (45,1 años).

Además, su tasa de actividad —la proporción de gente que trabaja o busca empleo— es 15 puntos superior a la de los nativos: un 71,4% frente al 55,7% de los españoles. 

En los últimos años su aportación al mercado laboral ha sido aún mayor que en etapas anteriores. El informe destaca que, en 2023, los trabajadores foráneos aportaron 2,3 puntos porcentuales al crecimiento total del empleo en España.

Para ponerlo en contexto, su aportación al mercado laboral español fue más del doble que en Alemania (1 punto) y muy superior a la de Países Bajos (1,3 puntos). 

Si esa es la cara de la moneda, la cruz es el paro. Aunque son más activos, los inmigrantes sufren una tasa de desempleo del 15,4%, cinco puntos por encima de la de los españoles.

La España vacía

Para ilustrar la importancia de los flujos de inmigrantes, Fedea proyecta un escenario hipotético que roza lo apocalíptico: ¿qué pasaría si mañana se cerraran las fronteras y el saldo migratorio fuera cero?

Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) recogidas en el estudio dibujan un país en vías de extinción demográfica. Sin inmigración, la población española se encogería desde los 49,44 millones actuales hasta los 33,7 millones de habitantes en 2070.

Perderíamos casi 15 millones de personas, volviendo a niveles de población de hace décadas, pero con muchos más jubilados.

El problema no sería sólo de cantidad, sino de estructura. Sin nuevos trabajadores, la tasa de dependencia —la relación entre jubilados y gente en edad de trabajar— se dispararía al 71,1% en 2070.

Esto significaría que por cada 10 personas en edad laboral habría más de 7 dependientes. Dicha proporción es prácticamente insostenible para cualquier Estado del bienestar.

De cumplirse este escenario de inmigración cero, España se convertiría en el segundo país de la Unión Europea con la mayor carga de dependencia en 2050, sólo por detrás de Italia.

No basta

Pese a la contundencia de los datos a favor de la inmigración, Fedea advierte de que fiarlo todo a la demografía es un error. Aunque la inmigración “mitiga” el deterioro, “no lo revierte”.

En los últimos años, España ha mejorado su nivel de vida sobre todo a base de crear más empleo, no porque cada trabajador produzca mucho más.

Pero eso tiene un límite. No se puede seguir creciendo siempre sólo sumando personas ocupadas si la población se estanca y las empresas no ganan eficiencia.

“El margen para sostener el aumento del bienestar dependerá esencialmente de las ganancias de productividad”, subrayan desde la Fundación.

La inmigración suaviza la caída, pero no arregla el problema estructural de una economía que necesita ser más eficiente, más innovadora y menos dependiente de empleos de baja productividad.

En Fedea no se quedan en el diagnóstico y apuntan hacia dónde debería moverse la política económica. España va a depender de la mano de obra extranjera para no encoger, así que la clave pasa por cómo se integra y qué tipo de empleo se le ofrece.

El think tank pide mejores políticas de formación, reconocimiento de títulos y un uso inteligente de ese capital humano, acompañado de una agenda seria para mejorar la productividad.