Montaje fotográfico de Kevin Warsh y Kevin Hassett.

Montaje fotográfico de Kevin Warsh y Kevin Hassett. Reuters / EE

Bancos centrales

Los 'dos Kevin' llegan casi empatados a la recta final para relevar a la "mula testaruda" Powell al frente de la Fed

En mercados de predicción como Polymarket, Warsh ronda el 42% de probabilidad implícita de ser el elegido y Hassett el 36%.

Más información: La Fed cierra 2025 con tres bajadas de tipos y limita a uno los recortes de 2026

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Las claves

Donald Trump decidirá entre Kevin Hassett y Kevin Warsh, los "dos Kevin", para relevar a Jerome Powell como presidente de la Reserva Federal.

Hassett, cercano al trumpismo, es partidario de recortes de tipos más agresivos y una Fed alineada con la Casa Blanca, mientras Warsh defiende mayor prudencia monetaria.

La Fed ya experimenta cambios internos con la llegada de aliados de Trump y la resistencia de miembros como Lisa Cook, anticipando una reconfiguración antes del relevo.

El próximo presidente de la Fed deberá gestionar la tensión entre las expectativas de nuevos recortes de tipos y el riesgo de perder credibilidad institucional.

Con tres bajadas de tipos encadenadas en 2025 y los mercados apostando por nuevas rebajas en 2026, la Reserva Federal (Fed) estrena el año con más dudas políticas que monetarias.

La próxima reunión, el 28 de enero, llega con una incógnita añadida: Donald Trump ha asegurado que ya ha elegido al sucesor de Jerome Powell y que lo anunciará “muy pronto”, alimentando las quinielas sobre si revelará el nombre antes de esa cita o la utilizará como telón de fondo.

El presidente, que llegó a calificar al actual jefe del banco central de “mula testaruda” por resistirse a bajar los tipos al ritmo que él quería, ha reducido la lista de aspirantes a un duelo casi empatado entre Kevin Hassett y Kevin Warsh.

En este contexto, las casas de análisis y las mesas de trading han ido estrechando la lista de candidatos. Otros nombres —como el actual gobernador Christopher Waller o perfiles más continuistas— siguen sobre la mesa, pero la narrativa dominante en los mercados habla ya de “los dos Kevin” —como los bautizó el propio Trump—, Hassett y Warsh.

La percepción mayoritaria es que Hassett ha mantenido una ligera ventaja gracias a su cercanía política con Trump, pero la remontada de Warsh en los últimos meses permite hablar de una recta final casi empatada.

En mercados de predicción como Polymarket, una plataforma donde los inversores compran y venden participaciones ligadas a distintos escenarios políticos, Warsh ronda el 42% de probabilidad implícita de ser el elegido y Hassett el 36%.

En este último tramo, pesan tanto las afinidades personales como la señal que el presidente quiere enviar a Wall Street y al propio Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC).

Reconfiguración silenciosa

Mientras se decide el nombre de la persona que sucederá a Powell —cuyo mandato termina el próximo 15 de mayo— el tablero interno del banco central ha cambiado de forma significativa.

Adriana Kugler, economista de perfil más cercano a la Administración Biden, ha dejado de ser una pieza central en el equilibrio de la Junta de Gobernadores. Su salida ha permitido a Trump colocar a un aliado en un asiento clave.

Ese aliado es Stephen Miran, asesor económico de la Casa Blanca y una de las voces más agresivas a la hora de pedir una Fed menos celosa de su independencia y más atenta a las prioridades del Gobierno.

Miran defiende una política de tipos más bajos y un marco institucional que limite la libertad del banco central para tomar decisiones, en línea con los recelos de Trump hacia una Fed que no controla del todo.

Su llegada refuerza el bloque de consejeros afines al presidente y condiciona el clima interno con el que se encontrará el próximo presidente.

En paralelo, la figura de Lisa Cook se ha convertido en un símbolo de resistencia institucional. Trump ha intentado, por vías políticas y judiciales, forzar su salida de la Junta de Gobernadores, alegando un conflicto de interés por una hipoteca a bajo interés y cuestionando su idoneidad para el cargo.

De momento, los tribunales han frenado esos intentos y Cook continúa en el puesto, lo que mantiene una voz menos alineada con la Casa Blanca dentro del organismo.

A todo ello se suma la renovación escalonada de varios presidentes de los bancos regionales de la Fed que, aunque menos visibles, influyen de forma decisiva en las reuniones del FOMC. El resultado es una Fed que, sin haber cambiado aún de presidente, ya se está reconfigurando por dentro.

Dos recortes más

El contexto monetario en el que aterrizará el sucesor de Powell no se parece al de la última vez que se cambió de presidente. El banco central estadounidense recortó los tipos de interés de referencia en tres ocasiones en 2025, situándolos en un rango aproximado del 3,5% al 3,75%.

Las proyecciones internas de la institución apuntan a, como mínimo, un nuevo recorte en 2026. Parte del mercado descuenta dos bajadas adicionales en el año, con tipos desplazándose hacia un nivel que permita sostener el crecimiento sin reavivar la inflación.

Este desacoplamiento entre el mensaje prudente de la Fed y las expectativas más agresivas de los inversores será una de las primeras pruebas de fuego para el próximo presidente.

Y aquí empiezan a marcarse las diferencias entre los dos Kevin: el mercado ve a Hassett más dispuesto a recortar más el precio del dinero si la economía da síntomas de fatiga, mientras que considera a Warsh más preocupado por no quemar la credibilidad de la institución.

El economista de Trump

Kevin Hassett encarna la opción de continuidad política con el trumpismo económico. Fue presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca en el primer mandato de Trump y uno de los arquitectos intelectuales de las rebajas de impuestos y la agenda de desregulación que el republicano presenta como la clave del crecimiento de aquellos años.

Economista de carrera académica, con años en la universidad y en think tank conservadores, y muy presente en medios, se ha convertido en una de las voces que reclaman una Fed más alineada con las prioridades económicas de la Casa Blanca.

En materia de tipos, Hassett se ha mostrado partidario de ir más lejos en los recortes si los indicadores de actividad se enfrían y ha relativizado los riesgos de inflación a corto plazo frente al peligro de un frenazo del empleo.

Sus declaraciones suelen insistir en que la Fed “no debe asustarse” de bajar el precio del dinero si la economía real lo necesita y en que el banco central no puede convertirse en un “obstáculo burocrático” para el crecimiento.

Esa visión encaja bien con la obsesión de Trump por abaratar el crédito. El magnate lleva años —desde su primer mandato— reprochando a Powell haber subido los tipos demasiado deprisa y haberlos bajado demasiado despacio.

Con todo, Hassett sería leído por los mercados como una apuesta por una Fed más cómoda con recortes adicionales y más permeable a la presión política. La incógnita es hasta qué punto mantendría las líneas rojas de independencia que han protegido hasta ahora a la Fed de las turbulencias de Washington.

Kevin Warsh, el hombre de Wall Street

Kevin Warsh representa, en cambio, la opción de combinar sintonía política con Trump y respeto por cierta ortodoxia monetaria. Ex gobernador de la Fed y con una larga trayectoria en la banca de inversión, conoce bien tanto la mecánica interna del banco central como la sensibilidad de los grandes inversores.

Su nombre circula desde hace años como posible presidente de la Fed en administraciones republicanas, y su perfil gusta a una parte del establishment financiero que recela de un control demasiado directo de la Casa Blanca sobre la política monetaria.

Warsh se ha mostrado más atento a los riesgos de inflación y a la estabilidad financiera que a la tentación de bajar las tasas de referencia a cualquier precio.

Aunque no puede encasillarse como un halcón puro, su discurso tiende a advertir contra el peligro de que los bancos centrales se acostumbren a rescatar a los mercados ante cualquier turbulencia.

Eso lo sitúa como una figura que podría frenar las expectativas de recortes demasiado agresivos si la inflación se resiste a bajar del todo o si se detectan nuevos excesos en los precios de los activos.

Nombrar a Warsh enviaría la señal de que Trump quiere un giro en la Fed, pero no una ruptura total con la cultura de prudencia acumulada en los últimos años.

Sería percibido como una apuesta por alguien capaz de hablar el lenguaje de Wall Street, de negociar con los presidentes regionales del FOMC y de marcar distancias puntuales con la Casa Blanca si considera que la credibilidad del banco central está en juego.

La pregunta es si Trump estaría dispuesto a tolerar esas distancias después de años de choque abierto con Powell.