Ya está. Mario Draghi ya ha finiquitado su última reunión de política monetaria como presidente del Banco Central Europeo (BCE). La siguiente cita, la del 12 de diciembre, está conducida ya por su sucesora, la francesa Christine Lagarde, que le relevará en noviembre.

Tal como se esperaba, el cónclave monetario de octubre se ha saldado sin cambios ni novedades de envergadura después de la batería de medidas anunciada en septiembre. El BCE ha mantenido los tipos oficiales en el 0% y los de la facilidad de depósito, en el -0,50%, al tiempo que ha confirmado que comenzará a comprar activos en el mercado en noviembre a un ritmo de 20.000 millones de euros al mes. Y que ambas palancas seguirán en marcha de manera concatenada hasta que la inflación se acerque de manera consistente en la Eurozona al objetivo del 2% o cerca. 

Y también tal como se esperaba, la cita ha estado marcada por el adiós de Draghi. Su despedida lo ha marcado todo, otorgando a cada mensaje un sabor a legado. Y en esa atmósfera, de la que ha participado un Draghi más sonriente y relajado, el banquero central italiano no ha ocultado de qué se siente orgulloso. 

"Si hay algo de lo que estoy orgulloso es que siempre hemos cumplido nuestro mandato. Nunca te rindas", ha declarado.

El mandato. Siempre el mandato. Principio y final de su trabajo en el BCE. Su gran obsesión, de hecho. Lo demostró bien a las claras en el histórico compromiso que ha marcado su mandato. Aquel con el que, el 26 de julio de 2012, salvó al euro. 

De sus 23 palabras -en inglés-, el protagonismo se las llevan aquellas en las que dice que "el BCE está preparado para hacer lo que sea necesario para salvar al euro. Y créanme, será suficiente". Y queda en un segundo plano el comienzo de ese mensaje: "Dentro de nuestro mandato" -"Within our mandate"-. El propio Draghi las consideró tan importantes, que las repitió. Las pronunció dos veces, para dejar claro que su actuación siempre se movería dentro de los confines recogidos en los estatutos del BCE. 

"Si alguien quiere ver unos mayores tipos de interés más pronto, la política fiscal debería ser activa. Con la ayuda de la política fiscal, el objetivo de la política monetaria será alcanzado antes con menos efectos secundarios""

Con esta prerrogativa, mostró su astucia. Con esa referencia, y con todas las veces en las que desde entonces ha aludido al mandato del BCE, ha querido poner precisamente a ese mandato de su parte, como un parapeto ante sus críticos

Pero no ha sido su único propósito. Cubriéndose en la autoridad del mandato, lo ha llevado al límite, y casi, casi más allá, incorporando al radar monetario del BCE cuestiones como las primas de riesgo o la fragmentación financiera, en otros momentos menos asociadas con el mandato de salvaguardar la estabilidad de los precios. "Me siento como alguien que ha intentado cumplir el mandato por el mejor camino posible", ha asegurado también este jueves. 

SI LA POLÍTICA FISCAL AYUDA...

En su última rueda de prensa, Draghi también ha aprovechado para acudir en defensa tanto de las medidas activadas en septiembre, de las que ha dicho que supondrán "un sustancial estímulo económico", como de los tipos negativos, de los que ha valorado que "la evaluación general", aunque no niega que el BCE "monitoriza" los efectos secundarios negativos que puedan provocar. 

Y han insistido en la idea que expuso de manera más que considerable en septiembre, cuando pidió un paso fiscal adelante a los países que tienen margen para darlo. Su apoyo reforzará los efectos de las medidas monetarias, defiende, contra "los riesgos a la baja" que persisten sobre la economía. Es más, ha vinculado esta aportación fiscal a la futura normalización de las condiciones monetarias. "Si alguien quiere ver unos mayores tipos de interés más pronto, la política fiscal debería ser activa", ha afirmado. "Con la ayuda de la política fiscal, el objetivo de la política monetaria será alcanzado antes con menos efectos secundarios", ha remachado. 

En lo monetario, y tras el despliegue de septiembre, Draghi lo ha dejado todo atado y bien atado. Y dentro del mandato del BCE. Ahora la batalla se traslada al campo fiscal. Y ahí es donde se espera que las credenciales institucionales de Lagarde se hagan valer. 

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