“The simple things you see are all complicated, I look pretty young, but I'm just back-dated” Pete Townshend

Ayer en un debate, Luis Garicano le dijo a Nacho Álvarez, de Unidos Podemos, que “el modelo productivo se cambia invirtiendo en educación, no poniendo molinos”. Y no le falta razón. El programa de Unidos Quebremos promete una arcadia feliz de empleo y transición “verde” que “bajará la luz en 700 euros”. Bueno, no muy verde, porque mantiene las subvenciones al carbón, que es que les gusta más una subvención que un lápiz, siempre que vaya a sindicatos filocomunistas.


¿Cuál es el problema? Unidos Podemos propone hacer “lo que se ha hecho en Alemania”, que ha generado los siguientes resultados:


El consumidor alemán, con una política de cierre progresivo de nucleares y despliegue subvencionado de solares, paga ahora un 25% más que en España. Su sistema se ha encarecido hasta duplicar la tarifa al consumidor. Además, no han desmantelado en carbón, que pesa el 42% (incluido lignito) en el mix del país. De hecho, en Alemania se ha duplicado la tarifa al consumidor subvencionando plantas solares que suponen el 6% del mix de generación. En Alemania, la eólica ha conseguido ser competitiva, pero la solar fotovoltaica, sin embargo, supone menos del 4% de la energía producida y, sin embargo, los subsidios suponen el 90% de la subida de tarifa.


El impacto en el empleo ha sido…. Negativo. La quiebra de empresas solares como Q-Cells, Solar Millenium o Pairan, a pesar de las subvenciones multimillonarias, adicional a la pérdida de empleo en las grandes eléctricas, ha hecho que la creación neta de empleo en el sector haya sido negativa desde 2011.

El cuento de lo gratuito es muy caro


Lo explicábamos hace poco y lo detallamos en “La Madre de Todas las Batallas” (Deusto). Con una planificación de burbuja y subvenciones disparadas, entre 2004 y 2011, España pasaba de tener un coste medio de la electricidad antes de impuestos dentro de la media europea, a tener un coste medio un 20,5% superior a la media (fuente CNE). Sin embargo, la media de costes de generación -precio del pool– no se movió de la media europea.

¿Qué ocurrió? Empezamos a cargar la tarifa de costes fijos y subvenciones. Hoy, más del 60% de la tarifa eléctrica son impuestos, costes regulados y subvenciones. Podemos anuncia un idílico escenario verde, donde toda la electricidad sería producida por energías renovables -menos el carbón subvencionado, ese lo mantienen “a medio plazo”- y se habrían cerrado las centrales nucleares y las térmicas.

Se trata de un sueño irreal que esconde otro Plan E a lo bestia que paga usted. Las renovables no son baratas; y a pesar de la caída de costes, siguen siendo más caras que las llamadas tecnologías convencionales (gas, que ha bajado más, o nucleares). Para poder financiar las renovables es necesario liberar primas como complemento por encima del mercado mayorista. Actualmente las energías renovables reciben unas primas que suponen unos 6.700 millones de euros anuales, que supone del orden del 20% de la factura de un consumidor residencial. El esfuerzo verde cuesta dinero y lo paga el consumidor eléctrico.


A futuro está previsto que este coste de las renovables se vaya reduciendo, lo que permitirá avanzar en un mix más limpio. Sin embargo, hay que ser realista, no nos podemos creer que la generación eólica produzca electricidad suficiente para abastecer todo el país, ya que habría que multiplicar por cinco el número de parques existentes en la actualidad. Lo mismo sucedería con la solar que actualmente solo produce el 4% de la energía que necesita el país, y que tendría que multiplicarse por 25 veces.

Podemos ha anunciado la reversión al Estado de las centrales hidráulicas, que supondrá miles de millones de indemnizaciones que paga usted en impuestos.


Además, en caso de que consiguiéramos esa proeza ladrillera -que al fin y al cabo eso es, repetir los errores de 2007 y los planes E lo bestia promoviendo sectores rentistas-, hay que tener en cuenta que son los consumidores los que eligen el momento de consumir la electricidad y este momento no va a coincidir con el momento cuando hay viento o sol. Por eso, es necesario que haya centrales de respaldo (ciclos combinados de gas natural) siempre disponibles. Estas centrales de respaldo funcionan pocas horas, y también reciben un complemento económico fijo de apoyo para su funcionamiento. Más costes fijos.


Resulta curioso que en el mismo momento en que Unidos Quebremos, los “nórdicos” de boquilla, quieren cerrar las centrales nucleares, en Suecia -los nórdicos de verdad- se haya aprobado la construcción de diez nuevos reactores y en su Parlamento una Ley de apoyo a la energía nuclear como no emisora de gases a la atmósfera, eliminando la tasa nuclear.


Podemos ha anunciado la reversión al Estado de las centrales hidráulicas -que supondrá miles de millones de indemnizaciones que paga usted en impuestos-, trocear las empresas eléctricas y que los sistemas de producción queden en manos de ayuntamientos, y entidades públicas. Curiosamente, en Italia, donde las municipalidades y entidades públicas gestionan la mayoría del sector eléctrico, los precios de la energía son de los más altos de Europa, y, casualmente en Grecia, la empresa estatal de electricidad es la más ineficiente y de las más caras de Europa. Pero seguro que los politólogos nacionales, asesorados por señores que viven de subvenciones, van a hacerlo mejor.

El autoconsumo ha de ser un derecho del consumidor, sin duda, pero si permanece conectado a las redes eléctricas ha de pagar una cuota de conexión, o estaría trasladando costes a su vecino sin panel.


Otro de los lemas que se incluyen en la campaña es de la “democratización de la energía”, término que parece asociarse al del autoconsumo, dando así una falsa idea de que cada ciudadano va a poder instalarse un panel fotovoltaico en su casa y así, la sociedad va a ser más democrática. Sin embargo, la realidad es que la fotovoltaica no es barata. Para una familia media, puede suponer del orden de 8.000-10.000 Euros, instalación incluida, y la necesidad de disponer de un tejado con superficie libre.


Además, el autoconsumo sigue teniendo un coste más caro (sobre 120 €/MWh) que la generación tradicional (sobre 40 €/MWh). Así lo están percibiendo ya los países con más desarrollo de esta opción, como algunos estados concretos de Estados Unidos, como California. Porque se daba un encarecimiento para el resto de los consumidores (los más pobres), que deben hacer frente a los costes que no pagan los autoconsumidores (los más ricos), por no soportar el coste de las redes eléctricas y costes del sistema eléctrico.

El autoconsumo ha de ser un derecho del consumidor, sin duda, pero si permanece conectado a las redes eléctricas ha de pagar una cuota de conexión, o estaría trasladando costes a su vecino sin panel. En cuanto al llamado balance neto, que consiste en usar verter energía que sobra del panel por la mañana, cuando hay sol, y recibir esa misma energía por la noche, cuando no hay sol, es sencillamente un subsidio -de nuevo-, ya que la energía no cuesta lo mismo en esos dos momentos; es más cara en las horas de más consumo, de noche. De nuevo la historia de todos pagando subsidios a unos pocos, lo cual es muy poco democrático. La verdadera democracia la otorgan las redes eléctricas, que nos hacen a todos los consumidores iguales, y cuyo coste se soporta entre todos.


Podemos propone un mínimo vital de electricidad y gas para los hogares. Es decir que cada familia reciba una cantidad de energía gratuita. La medida parece atractiva. Nadie es este país renunciaría a nada gratis. Pero no es gratis y supone que el coste se añade al euro por kwh por consumidor del resto utilizado, o peor todavía, en mayores impuestos si lo ponen como gasto público.

En España la luz tiene que bajar, no subir, y cambiar el modelo productivo desde la innovación y la competitividad, no desde la subvención y el rentismo


¿Cuánto subiría la luz en España?


Muy lejos de la “promesa” de bajada de 700 euros -que viene fundamentalmente por la mayor intervención en el sector energético, cercenando los ingresos de las empresas en una cifra que es equivalente al 30% de sus beneficios en España-, enormes subidas. Con el cierre de nucleares y de todo el carbón en España, sustituyendo la potencia desmantelada por renovables (sol y viento) y con el consiguiente aumento de gasto en redes, la factura actual del consumidor residencial español subiría un 40%. La propia CNE ha alertado de ello, y el ejemplo alemán nos muestra que la promesa de bajadas (allí también lo prometieron) se convierte en enormes subidas. Eso sin asumir la caída de consumo que ya trae la eficiencia y que generaría la brutal subida de tarifas. Porque el euro por kwh por consumidor aumenta.


Unidos Podemos colocaría, así, la factura de la luz un 80% por encima de Francia. El consumidor residencial paga en Francia un 30% menos que en España gracias a que el 83% del mix energético proviene de los más de 50 reactores nucleares. Y en Francia y Alemania, con dos empresas cada uno controlando la mayoría del mercado, hay mucha menor competencia que en España. Este efecto además crea nichos de clientes vulnerables, y deslocaliza empresas, que dejan de crear empleo. Además, un país tan volcado en el turismo vería como sus PYMES (hoteles, restaurantes, etc) pasan a soportar una presión en energía aún más insoportable.

En España la luz tiene que bajar, no subir, y cambiar el modelo productivo desde la innovación y la competitividad, no desde la subvención y el rentismo.