Fleur Pellerin, exministra francesa de Comunicación y Cultura y CEO del fondo de capital riesgo Korelya Capital.

Fleur Pellerin, exministra francesa de Comunicación y Cultura y CEO del fondo de capital riesgo Korelya Capital.

Europa ENTREVISTA

La exministra francesa, F. Pellerin, defiende la soberanía digital europea: "Tenemos un legado filosófico que nos diferencia"

La exfuncionaria pública de origen coreano, Fleur Pellerin, lidera ahora Korelya Capital, un fondo de capital riesgo que lleva a las startups europeas al sudeste asiático.

"Europa todavía no es un mercado único", dice en entrevista con DISRUPTORES. "Hay divergencias legislativas, de hábitos de consumo y, por supuesto, culturales".

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Las claves

Fleur Pellerin, exministra francesa, defiende la soberanía digital europea basada en valores filosóficos y éticos distintos a los de EEUU y China.

Pellerin subraya las dificultades para escalar startups en Europa debido a diferencias legislativas, culturales y de hábitos de consumo entre países del continente.

A pesar de la competencia global y la falta de profesionales técnicos, destaca que Europa cuenta con talento, grandes ingenieros y sistemas educativos sólidos.

Advierte sobre la importancia de regular el sector digital sin sobrecargar a empresas locales, y destaca la necesidad de proteger el mercado frente a grandes tecnológicas extranjeras.

Antigua responsable en Francia de las áreas gubernamentales de pequeñas y medianas empresas e innovación digital, y ministra de Cultura y Comunicación de 2014 a 2016 coincidiendo con la presidencia de François Hollande, la de Fleur Pellerin es hoy una de las voces más autorizadas en el análisis del panorama tecnológico actual en Europa.

Su trayectoria como funcionaria pública no está exenta de ruido, pero tampoco de logros estructurales para el tejido digital galo. Si se vio envuelta en una fuerte polémica al oponerse firmemente a la venta de herramientas de vigilancia masiva, sus días de vino y rosas bien pueden ser en los que elevó al ecosistema startup del país a otra dimensión bajo la denominación de origen France Tech.

Precisamente, esta empresaria nacida en Corea del Sur se dedica ahora a facilitar el puente aéreo entre las compañías digitales del Viejo Continente y el mercado asiático. Su fondo de capital riesgo, Korelya Capital, gestiona más de 800 millones de euros en activos para escalar sectores como inteligencia artificial, deep tech o fintech, entre otros.

Una tarea complicada, aunque los números que la avalan muestren lo contrario. Porque, tal y como defiende en videollamada con DISRUPTORES – EL ESPAÑOL, realizada en el marco del evento ‘World Government Summit’ de Dubái, ni siquiera es fácil crecer en las diferentes regiones comunitarias.

“Europa no es sólo un mercado”, afirma, a pesar de los esfuerzos institucionales por armonizar la burocracia. “Hay diferencias legislativas, de hábitos de consumo y, por supuesto, culturales”. No es lo mismo, prosigue, nacer en España e intentar expandirte a Alemania que hacerlo en Michigan y abrirte camino por otras geografías de Estados Unidos.

“Supone mucho esfuerzo”, apostilla. Titánico, casi, si se traslada el foco a Asia. “He visto acuerdos fracasar por completo debido a estas diferencias: porque no hay un entendimiento de las tradiciones comerciales de los demás y falla la comunicación”.

Para cerrar esta brecha, su firma se postula como el socio “adecuado”. El que abre redes en el extranjero y ayuda a medrar a las grandes ideas con un buen plan de financiación. “La escalabilidad también es cuestión de comprender otras culturas”, sostiene.

"Europa no es sólo un mercado. Hay diferencias legislativas, de hábitos de consumo y, por supuesto, culturales"

Porque, en su opinión, en Europa no faltan proyectos ni talento. “Tenemos grandes ingenieros y sistemas educativos increíbles. Contamos con los ingredientes”.

Preguntada concretamente por España, donde cuenta con una cartera de startups bastante engrosada con grandes jugadores participados como Wallapop, entre otros, destaca el “dinamismo”, el “atractivo” y el “potencial” de su ecosistema, amén de su fuerte talento. También pone en valor el papel de la administración pública, para la que destaca su posicionamiento en acoger una gigafactoría de inteligencia artificial.

Europa en el tablero geopolítico

Con todo, estos activos nacionales y europeos pueden llegar a ser muy efímeros. Hay una carestía de profesionales técnicos por todo el mundo y la competencia -Estados Unidos y China- juega en otra liga superior.

“Hace poco, alguien me comentó que un ingeniero de unos 25 años fichó por una empresa estadounidense por un millón de euros ¿Quién puede competir en esos términos en Europa si tenemos en cuenta, además, que la captación de fondos ha sido una locura en el sector de la IA?”, plantea.

Tenemos un gran reto por delante: ofrecer algo diferente, un propósito y una trayectoria enriquecedora, no sólo dinero”.

En este contexto, Europa ha decidido librar la batalla de la soberanía digital. Un concepto que Pellerin aplaude en términos de éticos. “No quiero decir que otros enfoques sean malvados, pero hay un poso filosófico que nos hace diferentes”.

"Si un ingeniero de 25 años cobra un millón en Estados Unidos, ¿quién puede competir en Europa?"

En sus palabras, este enfoque se traduce en cómo las organizaciones tecnológicas abordan el dato, su privacidad y también los derechos civiles. Sobre esta base, apunta que mucho talento está regresando de Estados Unidos para levantar su propia startup aquí. Como ejemplo cita a Yann LeCun: recientemente abandonó su puesto director de tecnología en Meta para regresar a París con una firma de IA que ha levantado ya 1.000 millones de euros en financiación.

“Creo que es un gesto muy simbólico. Tiene un profundo significado porque este no es el entorno más amigable para los negocios. Este tipo de personas están creando un liderazgo que puede servir para las próximas generaciones porque transmiten valores diferenciales”.

El ánimo de Bruselas es plasmar esos valores en su nutrido cuerpo legislativo. De hecho, suya es la primera ley global que pone coto al uso de la inteligencia artificial, a pesar de que ahora pretende, con el pretexto de simplificar y ganar competitividad, matizar ciertos artículos. Lo que para muchos expertos supone una concesión a las demandas de los hiperescalares norteamericanos.

“Es muy difícil crear la regulación adecuada porque la economía digital no empezó con la IA, sino con internet y las redes sociales”, responde. “No hay límites físicos que se puedan controlar, ni flujos monitorizables. No hay bienes que pasen por una aduana”

"No podemos dejar todas las puertas abiertas a las grandes tecnológicas, que ya parten de una cuota de mercado enorme y una ventaja impositiva injusta”

Pellerin cree que, por el momento, no se ha tocado la tecla correcta que impulse la innovación “No me gustaría estar en la piel del regulador ahora mismo. Por una parte, tenemos que ponernos frente a frente. Y, por otra, no dejar todas las puertas abiertas a las grandes tecnológicas, que ya parten de una cuota de mercado enorme y una ventaja impositiva injusta”.

En conclusión, añade: “Debemos evitar sobrecargar a nuestros actores y empresas emergentes locales y, al mismo tiempo, impedir que los hiperescalares, que saben cómo gestionar estas vicisitudes, puedan encontrar recovecos e incluso eludir la ley”.