Un grupo de estudiantes en un aula. iStock
La universidad, ante el desafío de lanzar perfiles digitales al mercado: "Toca cambiar el paradigma de aprendizaje"
Formar talento técnico e híbrido y adaptarse a una IA que cambia constantemente las reglas del juego marcan las pautas de los itinerarios universitarios en la era de las carreras STEM.
Expertos de la Universidad de Navarra, la Universitat Oberta de Catalunya y de la Universidad Alfonso X el Sabio analizan el estado actual del talento en el marco educativo.
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A marchas forzadas. De esta manera ha respondido el ecosistema español -y global- a la prácticamente inalcanzable velocidad de crucero que ha tomado la demanda de perfiles tecnológicos y científicos en los últimos años. Pero la dificultad para acompasar la oferta de talento al ritmo que exige el mercado no puede achacarse únicamente al sistema educativo, como muchos podrían llegar a pensar.
Es más, tal y como declaran a DISRUPTORES – EL ESPAÑOL responsables universitarios, los centros de enseñanza superior no cesan en el empeño por actualizar sus grados, lanzar nuevos itinerarios y buscar programas de colaboración con empresas del sector para reducir la distancia.
La cuestión de fondo es mucho más amplia y responde a factores estructurales y coyunturales. Desde la falta de interés general por las denominadas carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, de sus siglas inglesas) y las altas tasas de abandono, pasando por cuestiones endémicas como la brecha de género, hasta desembocar en una ‘guerra mundial’ por el talento, auspiciada por las condiciones de teletrabajo actuales, en la que, en este caso sí, el dólar se impone al euro.
Los números así lo sentencian: el empleo TI (Tecnologías de la Información) representa el 4,4% del total en España. Una cifra muy lejana si atendemos a los objetivos europeos para 2030, que aspiran a elevar el porcentaje al 10%. Con este déficit, el país necesitaría sumar más de 1,39 millones de especialistas en los próximos años, según estimaciones de la Comisión Europea (CE) y de su ‘monitor’ educativo.
El estudio pone el acento en puestos de trabajo más tensionados relacionados con el software, la ciberseguridad, la ciencia de datos, la inteligencia artificial o las tecnologías ‘verdes’, entre otros. Además, certificarse en estas lides no siempre es garantía de encontrar una posición con rapidez y que esté bien remunerada.
El estado del arte del talento tecnológico
“Es cierto que no está llegando talento nuevo a la velocidad que las empresas desearían”, apunta Daniel Riera, director de los estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). “Incluso, cuando el grado de Ingeniería Informática está en el ‘top’ de los más ofrecidos por las universidades españolas”.
El experto confirma que son muchas las personas que empiezan una titulación y no la acaban y que, a menudo, las ofertas de trabajo requieren de una especialización que se debe complementar con un máster “como mínimo”, lo que reduce todavía más las posibles candidaturas.
"Un tercio de nuestros estudiantes son internacionales, muchos de los cuales se incorporan al mercado laboral local, contribuyendo a mejorar ese déficit"
Íñigo Gutiérrez, director de desarrollo de Tecnum - Escuela de Ingeniería de la Universidad de Navarra
Con este diagnóstico, Luis Couceiro, director de la facultad de Business & Tech de la Universidad Alfonso X el Sabio (UAX), alega que es “complicado” que se cierre la brecha en el empleo porque “la tecnología es el mayor driver de demanda de talento que hemos visto hasta la fecha”.
Aunque el directivo se niega a ver el vaso medio vacío mientras se pueda evitar que este problema impida el correcto desarrollo de industrias y economías: “Que exista este gap no es algo negativo, sino un motor para que las universidades trabajemos de forma constante en evolucionar la formación”.
Por otros derroteros marcha Íñigo Gutiérrez, director de desarrollo de Tecnum - Escuela de Ingeniería de la Universidad de Navarra. El docente explica que en España la baja natalidad es evidente y que este es uno de los factores que explica la brecha.
"Abordarla requiere de políticas específicas. Aquí aportamos una contribución relevante: un tercio de nuestros estudiantes son internacionales, muchos de los cuales se incorporan al mercado laboral local, contribuyendo a mejorar ese déficit".
La IA cambia las reglas y las universidades reaccionan
Para más inri, bien puede valer aquí el mantra de que cuando uno parece tener las respuestas le cambian las preguntas. La revolución generativa de la inteligencia artificial ya ‘amenaza’ con comerse también muchas de las tareas de la industria que la engendró. Es decir, el desarrollo y la programación de código informático, el testeo de software o la filtración y resolución de incidencias.
Unos cambios vertiginosos que obligan a las universidades a reinventarse cada vez más si cabe. Ante este desafío, Riera no cree que se vayan a sustituir puestos en el ámbito de la ingeniería, aunque sí muchas tareas.
"Esto va de revolucionar la educación: hay que pensar en qué queremos convertirnos como seres humanos"
Daniel Riera, director de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC
“No podemos desdeñar los conocimientos ni las prácticas que ofrece la formación. Nadie podrá desarrollar un proyecto solo con la ayuda de la IA. El humano seguirá siendo quien gobierne el trabajo, y la diferencia será que esta tecnología le apoyará para ser más eficiente y ahorrarse todo aquello que sea automatizable. La validación y las decisiones finales no se pueden delegar”, analiza.
No obstante, prosigue: “A las universidades sí que nos toca cambiar el paradigma de aprendizaje. Tenemos que repensar qué se necesita aprender y de qué manera. Esto va de revolucionar la educación e ir mucho más allá. Hay que pensar en qué queremos convertirnos como especie”.
Una opinión que va en consonancia con la de Couceiro, quien estima que “ya no basta con saber programar o ejecutar tareas técnicas concretas. Ahora, se necesita entender cómo integrar la IA en los procesos, supervisar sus resultados, diseñar arquitecturas más eficientes, resolver problemas complejos y tomar decisiones con adecuación técnica, ética y de negocio”.
Por ello, añade, “ponemos el foco en que nuestros estudiantes aprendan a usar la tecnología con propósito, entendiendo cómo aplicarla y para qué, ya que consideramos que son las herramientas que les ayudarán a entender cualquier disrupción que aparezca en el mercado”.
En este sentido, no cambian tanto las titulaciones como el hecho de saber utilizar la tecnología en todo tipo de profesiones. “Utilizamos herramientas de IA en muchos estudios para que la gente entienda cómo puede aplicarla tanto en su formación como en su futuro laboral”, dice Couceiro.
De hecho, el Observatorio de Impacto de la Tecnología en las Profesiones de la propia UAX identifica una creciente demanda de perfiles que trascienden a lo puramente técnico, como juristas especializados en el ámbito digital.
“La transformación digital también incluye marcos éticos, regulatorios y de gobernanza. […] Se necesitan profesionales híbridos, capaces de entender la tecnología y de aplicarla a las empresas con contexto”.
Gutiérrez, de la Universidad de Navarra, se muestra parejo en sus pensamientos al resto de sus compañeros: "Un experto en inteligencia artificial, en informática o en cualquier disciplina tecnológica seguirá siendo muy valioso si cuenta con pensamiento crítico y una clara orientación hacia la aplicación empresarial".
¿Quién lidera la carrera educativa?
La UOC también se mueve en la intersección de lo tecnológico con profesiones, a priori, más tradicionales. En este curso, ha añadido a su oferta formativa un máster en Análisis y Visualización de Datos orientado a ocupaciones que viven de la información para “potenciar” su día a día, como periodistas, profesores, economistas o politólogos, por ejemplo.
Para Riera, este es un ejemplo de cómo las universidades lanzan “formación de calidad, validada por expertos y altamente formal”, lo que permite certificar el aprendizaje. Sin embargo, reconoce que hay todo un ecosistema que responde a capacidades y necesidades diferentes. “Las empresas también pueden ayudar en esto, aunque normalmente con un enfoque dedicado a las tecnologías asociadas a sus actividades. Y, no debemos olvidar los Ciclos Formativos de Grado Superior (CFGS), que actualmente preparan muy bien a sus titulados siguiendo un camino más guiado por la práctica”.
“La tecnología es el mayor driver de demanda de talento que hemos visto hasta la fecha”
Luis Couceiro, director de la facultad de Business & Tech de la UAX
Por otro lado, expresa Couceiro, no hay que olvidar el papel que tienen las universidades como espacio de formación continua para los profesionales. “El aprendizaje se ha convertido en un requisito constante para cualquier trabajador, y nosotros debemos adaptarnos a esta realidad, adaptando nuestras titulaciones y capacidades para ayudar a las compañías a reclutar el mejor talento”.
Por último, concluye Gutiérrez, "las instituciones universitarias tienen un papel clave en este momento de transformación; somos el espacio natural para liderar el cambio".