Santiago Quemada, Víctor Rubio, María Antonia Rodríguez y Francisco Javier García.
Las edades del talento: definición, reflexión y consejos de los 18 a los 74 años
Dos estudiantes de matrícula de honor y dos grandes directivos tecnológicos, uno de ellos ya jubilado, muestran su visión sobre qué es el talento y sus retos asociados.
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La RAE da a la palabra 'talento' tres acepciones. La primera es "inteligencia"; la segunda, "aptitud"; y la tercera, "persona inteligente o apta para una determinada ocupación". Pero, como tantas otras cosas de la vida, todo depende de los ojos con que lo miremos.
No debería definir igual el talento quien objetivamente no lo tiene que quien objetivamente lo tiene en exceso. Puede que, desgraciadamente, ni tan siquiera un hombre y una mujer coincidan en darle el mismo significado.
Y, obviamente, no debería ser lo mismo el talento para alguien que está en el instituto con respecto a alguien que ocupa un puesto de responsabilidad o con respecto a alguien que está jubilado.
Suele ser bastante controvertido el debate sobre si el amor tiene o no tiene edad. Pero, en cuanto al talento, este debate no existe porque se da por hecho que sí la tiene. ¿O no?
DISRUPTORES ha reunido a cuatro talentos intergeneracionales dentro del mundo de la tecnología y la innovación; ya no solo para intentar demostrar o desmentir el argumento anterior, sino también para que analicen, desde su punto de vista, cómo ven lo que de forma recurrente se advierte como problema: la dificultad para retener o atraer capital humano con altas capacidades.
Santiago Quemada (18 años y Premio Extraordinario de la ESO en la Comunidad de Madrid), Víctor Rubio (de 22 años y el mejor expediente académico de la UPV valenciana en el grado de ingeniería de Tecnologías y Servicios de Telecomunicaciones), María Antonia Rodríguez (de 60 años y que ha sido dos años directora general de Dell Technologies -donde estuvo 27 años- y directiva de Fujitsu) y Francisco Javier García Tobío (ex director del Centro de Supercomputación de Galicia y ahora ya jubilado a sus 74 años) representan las diferentes edades del talento: desde la adolescencia efervescente de un instituto a la madurez tranquila de un feliz retiro.
La primera reflexión es obligada: ¿qué es el talento para cada uno de ellos? En líneas generales, hay algo en sus definiciones que resulta común y que, en cambio, no contempla la RAE: la actitud. Cada uno, eso sí, lo expresa de una manera.
Teoría del talento
Así, por ejemplo, Santiago Quemada tiene muy claro que el "talento es fruto del esfuerzo, por supuesto; sin embargo, también creo que es algo innato. Lo bonito e interesante es que no se puede definir el talento de una única manera".
Incluso se permite Santiago responder a la pregunta de dónde está el mérito. "El mérito es todo, al 100%, de mi familia. Soy plenamente consciente de que sin la familia que tengo no hubiera sacado estos resultados".
Santiago Quemada.
Por su parte, Víctor Rubio afirma que el talento es "la combinación entre la curiosidad, la capacidad de trabajo, la constancia y las ganas de mejorar continuamente"; María Antonia Rodríguez personifica el talento en alguien que "destaca en las capacidades requeridas y, además de la formación y conocimientos, destaca por su actitud, capacidad de relacionarse y trabajar en equipo y la habilidad en la comunicación".
El universitario, que suma tantas matrículas de honor como asignaturas, desarrolla un poco más su idea. "Cuando escucho la palabra talento, no se me viene a la cabeza únicamente la facilidad para algo. Creo que hay personas que pueden tener una predisposición especial para lograr ciertos objetivos, pero realmente el talento se construye mucho con el tiempo. En mi caso, no pienso que el talento esté relacionado con conseguir buenos resultados sin esfuerzo. No es algo innato, sino algo que se consigue con el tiempo", explica.
Para Francisco Javier García Tobío, el talento "es la aptitud, la actitud, la capacidad y la iniciativa de la persona para afrontar nuevos retos profesionales".
Parten los cuatro, pues, de una misma idea de talento pese a que su realidad hoy en día es muy distinta entre ellos.
El talento en acción
Evidentemente, no todo lo que rodea al talento tiene que ver con una cuestión de actitud. La acción es también muy importante. La acción talentosa de los dos estudiantes es la de adquirir la base; la acción talentosa de la directiva de una gran multinacional es la gestión; la acción talentosa de un jubilado es saber desconectar y a la vez tratar de mantenerse al día.
Los estudiantes miran al futuro y sueñan con pasar a la acción, tanto mirando al presente como al futuro. "Me atrae mucho el mundo de las ciencias. En Ingeniería se aprenden muchísimas cosas, pero sobre todo se aprende a entender. El objetivo muchas veces no es resolver problemas de manera mecánica ni estudiar cosas de memoria, sino entender realmente lo que estás haciendo, lo que estás estudiando", explica Santiago.
Por su parte, Víctor se ve "en investigación aplicada, donde la tecnología pueda convertirse en una solución real".
La ex directora general de Dell relata cómo desempeñó su acción talentosa en varias etapas de su carrera. "El primer momento clave fue cuando pasé de ser becaria a ser comercial. La principal diferencia es el peso de la cuota. El cambio más relevante fue pasar a gestionar un equipo: tener responsabilidad sobre personas. Mis acciones ya no me afectaban solo a mí y cada integrante de ese equipo necesitaba su propia motivación para contribuir a los resultados", recuerda.
Víctor Rubio, durante una presentación.
El "salto importante" -revela- fue ser directora general. "Además de responsabilidad de negocio, responsabilidad de representación corporativa tanto internamente con los compañeros como externamente con clientes, socios, instituciones y medios", admite.
Para nuestro talento retirado, hay tres velocidades tras dejar atrás una carrera profesional. La primera velocidad es la que él considera más importante "disfrutar de la compañía de los míos". La segunda, no menor, "ayudar a implantar y mantener operativos múltiples equipos informáticos de la familia". La tercera, curiosamente, intentar mantenerse al día pese a no tener una vinculación profesional: "Dejé el CESGA con supercomputadores hoy llamados tradicionales, y ahora ya estamos en la cuántica; tengo que hacer un esfuerzo extra para tratar de mantenerme mínimamente al corriente de esta rápida evolución de las tecnologías".
Los problemas del talento
Llega el momento de que el propio talento hable de las dificultades de retenerlo, de recuperarlo o de atraerlo. Especialmente críticos son Víctor y Francisco Javier.
El universitario y el jubilado coinciden en su análisis. "Es una cuestión bastante compleja. En España hay infinidad de talento tanto en tecnología como en investigación pero tiene un gran margen de mejora en inversión para la investigación y estabilidad en estos puestos de trabajo", reflexiona el estudiante de la UPV.
Y añade: "Las personas no se van porque quieren irse, sino porque las condiciones fuera son mejores para crecer profesionalmente o involucrarse en proyectos de mayor escala. Irse fuera suele ir ligado a trabajar en proyectos más ambiciosos, con más recursos, mejores condiciones económicas y una carrera profesional más definida".
Similares argumentos los que aporta el informático retirado. "En las instituciones privadas, generalmente, el talento se contrata y protege. En las instituciones públicas, el nuevo talento está muy desprotegido, con contratos temporales generalmente con una retribución escasa, y además la burocracia asociada a los procesos de contratación y posterior gestión de las personas contratadas es insufrible".
María Antonia Rodríguez.
En definitiva, "en España tenemos mucha gente con talento, y para retenerlos, o rescatarlos del extranjero, se necesitan puestos de trabajo estables con retribuciones dignas".
Víctor, en cualquier caso, mira su futura carrera sabiendo que irse fuera a veces es inevitable. "En mi caso, no descarto trabajar fuera en algún momento. Me encantaría poder trabajar en algo que me llene y ojalá que España sea el lugar donde pueda hacerlo".
Pero el problema del talento no es solo atraerlo o retenerlo, a veces el problema del talento también tiene que ver con causas sociales. En este punto interviene Rodríguez para hablar del impacto que tuvo el covid-19 para el talento y en el impacto del machismo en el sector.
Sobre lo primero, admite que "la tecnología se impuso como valor crítico para la continuidad de los negocios. Vivimos, con responsabilidad, la relevancia de las infraestructuras tecnológicas y su impacto en la investigación y en la salud de la humanidad".
Sobre lo segundo, "siempre me centré en hacer bien lo que estuviera haciendo, aprender de los que me rodeaban y seguir progresando sin dejar que me afectara, pero tomé conciencia del entorno masculinizado cuando unas compañeras me agradecieron que fuera un referente para ellas por mi evolución profesional; a partir de ese momento, me sentí responsable de proporcionar apoyo activo a la diversidad de género".
Aunque todavía le quede mucho para independizarse, el más joven de todos, Santiago, añade otro punto de vista. "España es un país maravilloso para vivir por muchas razones. Ahora bien, con el precio actual de la vivienda y los salarios que tenemos, los jóvenes nos encontramos ante una situación muy difícil para independizarnos, y se hace prácticamente imposible soñar con comprar una casa en el futuro, por mucho talento que pueda tener cada uno".
Los consejos del talento
Y qué mejor que recurrir a personas talentosas para pedir consejo. Como la experiencia es un grado, empecemos con Francisco Javier: "A un estudiante le aconsejaría que complemente los estudios con formación en gestión: dinámica de grupos, gestión del tiempo, gestión de proyectos, aplicaciones de la IA, etc. Al que ya esté ejerciendo, le recomendaría que ponga su talento al servicio de su organización, alineándose con la política de la entidad y aportando propuestas e iniciativas que permitan alcanzar los objetivos estratégicos de la institución y abrir nuevas líneas de actividad y progreso".
Para una ex directiva de primer nivel, el mejor consejo es el que se daría a ella misma si volviera atrás: "Mi madre me decía que escuchara la opinión de todos y, después, tomara mis propias decisiones. Tengo la fortuna de haber recibido de mis padres una educación basada en el respeto a las personas por lo que, si tengo que resumir todos en un único consejo, sería: elige tener éxito antes que tener razón", refrenda María Antonia.
Francisco Javier García Tobío, cuida de su jardín.
¿Y qué le aconsejaría un universitario top a las generaciones que aún están en el colegio o en el instituto? "Que no tengan miedo a equivocarse. No recomendaría a alguien que estudie pensando en las notas. En muchas ocasiones así es y frustra bastante no conseguirlo. Las notas pueden ser importantes, pero más importante es desarrollar la curiosidad y aprender a trabajar bien. Que se hagan preguntas, muchas preguntas. Pero que no se quede solo en planteárselas: que intenten resolverlas", sugiere Víctor.
Santiago, desde sus 18 años, se permite dar un consejo al propio sistema educativo español. "Creo que nuestro sistema educativo premia más el trabajo duro que el talento. Esto tiene un punto positivo, pero no se le da la suficiente atención a niños que despuntan, cada uno en su materia. Ahora bien, depende mucho de cada colegio", remarca.
Quizá como pasa con el amor, la edad en el talento tampoco existe si nos atenemos a las reflexiones de nuestros cuatro protagonistas. En la definición del talento, en su aplicación práctica, en los análisis sobre los problemas asociados y en los consejos que ofrecen, se vislumbran conclusiones muy similares.
La importancia del factor humano, la importancia de la actitud, la importancia, en definitiva, de las soft skills, sitúan a todas las edades del talento en un mismo escalón, unidos por algo que también define a los cuatro: su brillantez.