El 70,6% de las compañías perciben la colaboración con startups como secundaria, poco relevante o inexistente.
El 15,7% de las compañías españolas tiene capacidad para innovar, mientras el resto sólo se queda en el intento
La cultura corporativa, los costes o la dificultad para medir el retorno son parte de las dificultades que señalan las empresas, que siguen apostando por la innovación interna frente a un modelo abierto.
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Innovación es sinónimo de ideas nuevas, de procesos mejorados que transforman sistemas ya implantados y que aportan valor. Esto, en teoría. En la práctica, requiere estrategia, inversión y un ánimo claro por experimentar.
Entre los actores que tiran del carro están las grandes compañías. Cuentan con estructuras que les permiten crear equipos internos dedicados, disponen de capacidad económica y, desde luego, están dispuestos a explorar si eso les lleva a ser más competitivos. Pero pasar del piloto al despliegue no es fácil, y es ahí donde ha de medirse la verdadera innovación.
En España hay números halagüeños:ocho de cada 10 compañías (79,6%) están en fases intermedias o avanzadas de madurez, según el informe El estado de la innovación en España, elaborado por Patio Campus. Un dato que evidencia que este factor ya forma parte de la agenda comparativa.
Sin embargo, si miramos cuántas son capaces de pasar a casos reales y con impacto, los datos no son tan buenos: sólo una de cada seis (15,7%) tiene capacidad de hacerlo, mientras el resto se queda en el intento.
“Hoy las organizaciones cuentan con capacidades, talento y ambición para innovar, pero el verdadero desafío está en integrar esas iniciativas en la operación diaria y en los procesos de negocio”, reconoció María Barrié, cofundadora de Patio Campus y directora de Innovación de L’Oréal España y Portugal, este miércoles durante la presentación del documento.
Dificultades para el despliegue
La complejidad para la integración con sistemas heredados, los costes o la dificultad para medir el retorno de la innovación son parte de las barreras técnicas con las que se encuentran las organizaciones, pero no son las únicas. Así lo han manifestado los directivos de innovación y transformación en grandes compañías que operan en España que han participado en este informe de forma anónima.
La cultura corporativa y la organización interna son factores que muchos de ellos señalan entre las dificultades estructurales para innovar. Entre esos frenos, más de la mitad de las compañías identifica los procesos internos, la inversión en riesgo y los silos de la organización como los grandes obstáculos para dar el salto a la transferencia y escalado.
Pero aún van más allá. Casi la mitad de las compañías señala que estas dificultades son altas o muy altas (48,1%), mientras que casi cuatro de cada 10 las sitúan en un nivel medio (38,9%) y alrededor de una de cada 10 las percibe como bajas (13%).
En conjunto, el estudio dibuja un ecosistema maduro en ambición, pero aún en transición en lo relativo a ejecución, donde el verdadero desafío no es innovar más, sino innovar mejor, integrando el ecosistema, escalando soluciones y conectando la innovación con las prioridades reales del negocio.
Tanto es así que apenas un tercio de las organizaciones declara contar con una capacidad muy alta para implantar tecnología de forma efectiva.
Pero cuando lo logran, el impacto se concentra sobre todo en el lanzamiento de nuevos productos y servicios (61%), la eficiencia operativa (48%) y la generación de nuevas capacidades organizativas (46%).
La innovación abierta como reto pendiente
El documento hace referencia a los dos modelos de innovación que siguen las empresas: abierta (en colaboración con startups) e interna (proyectos que surgen en la propia compañía). Y hay diferencias relevantes.
La primera de ellas no termina de consolidarse. Únicamente tres de cada 10 compañías (29,4%) considera la colaboración con el ecosistema externo como un eje central de su estrategia, frente a más de siete de cada 10 (70,6%) que la perciben como secundaria, poco relevante o inexistente. De hecho, el grupo mayoritario reconoce su valor, pero lo mantiene fuera de las prioridades inmediatas.
Una prudencia que también se observa en los presupuestos: aunque el 44% prevé aumentar su inversión en innovación, muchas compañías siguen una línea conservadora y no prevén el aumento de sus partidas para este área.
No es el único epígrafe en el que las cifras no acompañan. El informe también revela que sólo dos de cada 10 organizaciones (18,5%) generan más de la mitad de su innovación en colaboración con empresas emergentes.
El problema no es acceder a ellas, sino integrarlas dentro de su estrategia. Al analizar el origen de los proyectos de innovación, el informe confirma que menos del 25% nace fuera de la organización, mientras que una de cada 10 (11,1%) admite que no realiza ningún tipo de innovación abierta.
El informe refleja así grandes diferencias entre lo que las compañías desean y lo que son capaces de ejecutar. Ese es el reto pendiente. Las que consigan superarlo convertirán la innovación en una ventaja competitiva y ganarán la carrera a las que no sepan salir de la fase piloto.