Verónica y Olivia, Loreto y su hija Loreto y Stella y Cloe.

Verónica y Olivia, Loreto y su hija Loreto y Stella y Cloe.

España 11F - DÍA DE LA MUJER Y LA NIÑA EN LA CIENCIA

Las hijas de la ciencia

DISRUPTORES reúne a tres grandes científicas y tecnológicas, Verónica Bolón, Stella Heras y Loreto Martínez, y a sus hijas de 7 y 8 años para reflexionar sobre la presencia de las mujeres en el ámbito STEAM.

Más información: El despertar de una vocación en tiempo real: así vive una niña de nueve años su primera visita a un centro tecnológico

Publicada

Cloe y Olivia no se ponen de acuerdo. La primera tiene la sensación de que en su clase hay más niñas que niños interesados en la ciencia. La segunda afirma rotundamente que, en la suya, "a los chicos les gusta hacer más experimentos" que a las chicas. Intercede Loreto: "En mi clase no hay nadie que se quiera dedicar a la ciencia".

Es sintomático ese desacuerdo y, tratándose de niñas de 8 y 7 años, hay que valorar la pureza y espontaneidad de su respuesta, pero sin perder de vista que aún les queda mucho para comprobar de primera mano que la brecha de género sigue existiendo.

Estas niñas tienen algo en común: son hijas de la ciencia. Es decir, son niñas que han vivido desde su primer minuto de vida lo que supone que la investigación y la curiosidad asociada a la innovación esté en casa permanentemente: sus madres son científicas.

En este 11-F, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, DISRUPTORES reúne a tres reputadas científicas con sus respectivas hijas para reflexionar sobre esa brecha, pero también para ver cómo es esa experiencia educativa en casa cuando la ciencia lo inunda todo.

La madre de Cloe es Stella Heras, investigadora del Instituto Valenciano de Investigación en Inteligencia Artificial (VRAIN) de la Universitat Politècnica de València (UPV).La de Olivia es Verónica Bolón, ingeniera informática y doctora en Computación y Premio Nacional de Investigación en 2024. Y la de Loreto es Loreto Martínez, licenciada en Biología y doctora en Biomedicina por la Universidad Complutense de Madrid.

Es curioso, salvo Loreto -cuya madre era matemática-, Stella y Verónica no tuvieron referentes femeninos en investigación dentro de la familia, como sí les pasa ahora a sus hijas. La primera remarca que su madre era empleada de banca y la segunda reconoce que es la primera de la familia en tener carrera universitaria.

Las tres hijas tienen la ciencia en casa. "Me parece un trabajo importante porque hay pocas científicas mujeres", explica Olivia. "A mí me parece divertido", concreta Cloe. "Es guay y distinto al trabajo de otros padres", remacha Loreto.

Stella y Cloe.

Stella y Cloe.

Quizá transmitir cierta sensación de diversión en el ámbito científico sea clave para empezar a inyectar el gusanillo de la investigación en unas niñas tan pequeñas.

Las tres niñas admiten que en casa se habla "bastante" de ciencias, pero entre Cloe y Olivia vuelve rápido la discrepancia.

La pregunta -hay que reconocerlo- era complicada. Les preguntamos si creen que la educación que reciben en casa es diferente que la que reciben otras niñas solo por el hecho de que sus madres sean científicas.

Mientras Olivia no cree que haya diferencias, sí las hay para Cloe. "Sí que creo que la educación puede ser diferente, porque, por ejemplo, mi madre me cuenta las cosas buenas que podemos hacer con los ordenadores y los móviles, pero también lo que puede pasar si los usamos mal", explica. Loreto da la razón a Cloe: "Mi madre me explica cosas divertidas relacionadas con las células, con el cuerpo, con la buena alimentación…".

Pero vayamos a la gran reflexión, el grado de factor referencial que para estas niñas supone que sus madres se dediquen a lo que se dedican. Las tres admiran el trabajo de sus progenitoras y nos confiesan que por supuesto hablan con sus compañeros de clase de lo que sus madres.

Y, tanto orgullo y admiración, evidentemente, trasciende en respuestas muy claras: "Sí, de mayor me gustaría ser informática y trabajar en inteligencia artificial como ella", dice Cloe; "yo quiero ser científica para hacer experimentos en un laboratorio", añade Olivia. "Me gustaría ser matrona, mi madre ayuda a que nazcan los fármacos, y yo quiero ayudar a que nazcan los bebés", refrenda Loreto.

"Me gustaría ser matrona: mi madre ayuda a que nazcan los fármacos y yo quiero ayudar a que nazcan los bebés"

Loreto (8 años)

Más claro agua. Pero como no hay dos sin tres, para acabar esta conversación aún queda espacio para otra pequeña disparidad de opiniones. La cuestión ahora es tratar de identificar cómo ven las niñas el hecho de que en el mundo de los mayores haya más oportunidades para los chicos que para las chicas.

Loreto nos revela que su madre le ha contado que "hay mujeres científicas mayores súper buenas que han ayudado mucho a la ciencia y yo creo que si hablamos más de ellas, muchas más niñas querrán ser como ellas".

Pero, de nuevo, Cloe y Olivia piensan diferente. "Opino que eso no debería ser así porque las chicas tienen derecho a hacer lo que quieran, como ser científicas. Creo que se podría solucionar si viésemos a más científicas chicas", resume Olivia. Pero Cloe la contradice con un argumento basado en su propia clase que invita al optimismo de cara al futuro: "En mi clase creo que no pasa eso, pero si pasase me parecería mal y si esas chicas supieran más de ciencia estarían más interesadas. Mi madre siempre dice que no te puede gustar lo que no conoces".

Esta respuesta de Cloe, en la que desmiente esa tendencia de mayores oportunidades para hombres que para mujeres, ha gustado mucho a su madre.

Verónica y Olivia.

Verónica y Olivia.

Stella Heras lo argumenta: "La mejor manera de educar en igualdad es que sea algo innato, que lo que observen y escuchen las hijas en casa, o lo que lo que vivan en el colegio, no les haga plantearse ni por un momento que deba haber una lucha por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Eso se consigue eliminando estereotipos y no asignando roles a géneros concretos... lo que no resulta una tarea fácil. Debemos estar atentas porque nosotras, las madres de las niñas de hoy en día, venimos de una cultura en la que las desigualdades se percibían como algo normal. Para mí, la mejor prueba de que vamos por el buen camino es que mi hija responda no a esa pregunta".

Las explicaciones de Verónica Bolón, la madre de Olivia, recuperan el concepto de "esfuerzo". "Pongo mucho empeño en que mi hija entienda que llevo muchos años esforzándome para llegar a donde he llegado, pero que no es un camino fácil y que hay que seguir luchando. Por ejemplo, a ella no le gusta que viaje por mi trabajo, y me dice cosas como 'las otras madres no viajan'. Yo le intento explicar que los viajes forman parte de mi trabajo, y que me gustan. También le cuento que, hace años, a las mujeres científicas no las llamaban para dar charlas, para asistir a congresos, o para estar en tribunales. Y que ahora que podemos asistir, que yo quiero y debo hacerlo porque además es una responsabilidad de cara al colectivo", resume.

Para Loreto Martínez, "creo que hemos avanzado mucho (o por lo menos así lo veo en mi entorno) y que la verdadera igualdad se alcanza desde el respeto y el mérito, no desde la comparación".

En esta conversación con las madres, es un buen momento para rebajar intensidad y recordar algunas anécdotas domésticas relacionadas con la ciencia.

"La ciencia incorpora de forma natural valores vinculados a la igualdad"

Stella Heras, investigadora

Nos cuenta Loreto que "el otro día cenando con mis hijos les dio un ataque de risa cuando les expliqué que las células de los ojos se llaman conos y bastones. Enseguida empezaron a imaginar el porqué de esos nombres, y uno de ellos me dijo '¡Se llaman bastones porque si te quedas ciego necesitas un bastón!'".

"Me viene a la cabeza una anécdota de cuando yo misma era pequeña. Tenía cinco años, acababa de nacer mi hermana, y yo quería saber si los bebés sentían dolor. Así que le agarré un dedo de la mano y se lo mordí hasta que mi hermana lloró de dolor. Fue uno de mis primeros experimentos científicos", bromea Verónica.

Por su parte, Stella sonríe al recordar cómo alguna vez su hija le ha preguntado "si podría programar algo que nos diera superpoderes; le he dicho siempre que depende de lo que considere un súper poder, pero diría que sí que podría".

Volvamos a ponernos serios. ¿Cómo creen estas madres que ayuda la ciencia (si es que ayuda) a mejorar esa educación en valores como el feminismo, la igualdad de oportunidades…?

Loreto con su hija Loreto.

Loreto con su hija Loreto.

Arranca Stella confirmando que "la práctica científica incorpora de forma natural valores vinculados a la igualdad: el criterio esencial para evaluar cualquier investigación es el rigor, la calidad técnica y el impacto del trabajo, independientemente del género o la procedencia de quien investiga; en este sentido, se reconoce el valor del conocimiento generado y los beneficios sociales y económicos que puede aportar, por encima de cualquier otra consideración".

Algo parecido opina Verónica. "Desde la educación familiar, la ciencia nos ayuda a desarrollar un pensamiento crítico que es tan importante para cuestionar estereotipos. Educar en la ciencia implica hacerse muchas preguntas y darse cuenta de que las desigualdades no son algo natural, sino social, y que por tanto se pueden cambiar", añade.

¿Ciencia en casa?

"Creo que en el ámbito familiar es clave educar en valores sociales como el respeto, la integridad, la solidaridad y la igualdad, entre muchos otros. Estos principios ayudan a desarrollar personas con pensamiento crítico, capaces de valorar a los demás por lo que son, sin distinciones. En ese sentido, la ciencia puede aportar mucho puesto que nos enseña a observar, a cuestionar y a buscar respuestas basadas en la razón y la evidencia, no en prejuicios", concluye Loreto.

Y ahora introduzcámonos en la intimidad del hogar. ¿Cómo son en casa esas madres científicas? ¿Ejercen o desconectan?

"Yo en mi casa soy una madre normal y normalmente no hablamos mucho de ciencia. Sí que me gusta comprarles algún juego relacionado con las STEM y, por supuesto, mis hijos saben a lo que me dedico y alguna vez hablamos de ello", admite Verónica. Stella, por su parte, reconoce que "aprovecho cualquier oportunidad para darle una explicación científica a lo que está ocurriendo o para jugar con los números, por ejemplo; son conversaciones sencillas en situaciones cotidianas, pero a través del juego, ella va entendiendo el porqué de las cosas y de esta forma integra lo que está estudiando en matemáticas y conocimiento del medio en el colegio, por ejemplo". Loreto es de la opinión de que "no sé si la ciencia está más presente en mi casa que en otros hogares, lo que sé es que intento aprovechar cada situación como una oportunidad para que conecten con ella".

No puede cerrarse esta conversación sin conocer cómo ven las madres a esas hijas de la ciencia. Cada una aporta su visión, pero en todas se transmite también ese orgullo que, al hablar con las niñas, se desprendía hacia sus madres.

Verónica espera de su hija Olivia que la considere un referente, porque "me esfuerzo mucho en que vea que las mujeres podemos y debemos tener las mismas oportunidades que los hombres". Aun así, también deja claro que "no tengo un especial interés en que sea científica, lo que sí que me gustaría es que tenga estudios superiores y que no sienta que está atrapada toda la vida haciendo algo que no le gusta". De momento, "es muy curiosa, me hace muchas preguntas, aunque de momento no noto que se sienta atraída hacia las STEM".

Stella habla ahora de su hija Cloe. "Me pregunta sobre lo que hago y ha venido conmigo a la universidad. Además, he viajado en familia a algunos congresos. Evidentemente me gustaría que fuera científica, pero no me importaría que se dedique a otra cosa siempre que le haga feliz. Por suerte, los niños de su edad aprenden más de lo que ven y de lo que experimentan que de lo que les cuentas y es una suerte que hoy en día hay muchos eventos para acercar a los niños a la ciencia".

Por último, Loreto, tiene la esperanza de que su hija la vea cada vez como un mejor referente "si consigo transmitirle la importancia de conocer y comprender la ciencia de la vida, del mismo modo en que me la transmitieron a mí". ¿Una futura hija científica? "Lo que quiero para mi hija es que encuentre una profesión que le motive y en la que disfrute".