Montaje creado con IA sobre la disputa entre Estados Unidos y China a propósito de los robots humanoides y cuadrúpedos.
Trump cierra la puerta a los robots humanoides chinos cuando Estados Unidos apenas vende 450 dispositivos al año
La FCC veta la importación de humanoides y cuadrúpedos chinos por seguridad nacional. Pero las cifras denotan una realidad muy distinta: China controla el 90% del mercado global mientras que las empresas estadounidenses apenas representan el 5% de las ventas
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La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos anunció este martes una nueva entrega de su guerra comercial con China, en este caso plasmada en la prohibición de importar robots humanoides y cuadrúpedos fabricados en el extranjero. La medida apunta directamente al Gigante Asiático, que respondió de inmediato con amenazas de tomar "medidas resueltas de retaliación".
La decisión de la FCC, adoptada por unanimidad por sus comisionados, declara que estos dispositivos robóticos avanzados plantean "riesgos inaceptables" para la seguridad nacional del país. En concreto, el decreto apela a que "las capacidades en red de los sistemas robóticos avanzados crean extensas vulnerabilidades y vectores para ataques que pueden manipular los datos y la operación física del sistema robótico avanzado", así como "recopilan datos que podrían ser aprovechados por actores malignos para vigilar a los estadounidenses, mejorar las capacidades de los servicios de inteligencia extranjeros o tomar el control remoto de los robots".
Apelaciones todas ellas sustentadas en temores teóricos, no específicos sobre ninguna amenaza o vulnerabilidad concreta y conocida, pero que sirvieron al presidente de la FCC, Brendan Carr, para defender esta nueva iniciativa proteccionista bajo el lema de "asegurar las cadenas de suministro críticas de Estados Unidos".
Y es que, si bien son conocidos los problemas de ciberseguridad de muchos dispositivos del entorno OT (en plantas industriales, por ejemplo) a la hora de conectarse a sistemas digitales (IT), lo cierto es que el alegato geopolítico resulta muy alejado de la realidad conocida en el sector. Resulta difícil no entender este mensaje como un capítulo más de la guerra comercial que enfrenta a ambas potencias mundiales.
Mención aparte merece la prohibición extendida a los inversores de energía conectados fabricados en el extranjero. Para los neófitos en la materia, se trata de unos dispositivos que permiten conectar fuentes de energía renovable y baterías a las redes eléctricas y los predominantes equipos de centros de datos.
Además, por si fuera menos extraña la medida, las restricciones se aplican únicamente a los modelos de robots e inversores que aún no han sido lanzados al mercado. Es cierto que la FCC conserva autoridad para revocar las autorizaciones de venta de modelos que ya hayan sido aprobados para su compra en Estados Unidos, pero el mismo regulador ha incorporado todo un mecanismo de excepciones con el que no enfadar a su industria local, aunque será necesario solicitar aprobaciones condicionales caso por caso a través de un proceso supervisado por el Pentágono y el Departamento de Seguridad Nacional.
La escalada proteccionista
La prohibición de los robots importados a Estados Unidos forma parte de una escalada de medidas que se ha intensificado notablemente en los últimos meses de 2026.
El 22 de junio, China impuso controles de exportación a diez empresas estadounidenses vinculadas a robótica, drones, sistemas aeroespaciales, tecnología militar y tierras raras. Las compañías afectadas incluyen Aveox, Red Cat Holdings, Teal Drones, IMSAR, Jaia Robotics, Ball Aerospace & Technologies, Oshkosh Defense, L3Harris Maritime Services, MP Materials y USA Rare Earth.
Apenas dos semanas después, entre el 8 y el 13 de junio, el Departamento de Defensa de EE.UU. añadió 188 nuevas entidades a la Lista de Empresas Militares Chinas. Entre ellas figuran gigantes tecnológicos como Alibaba, Baidu, BGI Group, BYD, COSCO Shipping, China Mobile y China Telecom. La defensa de esta medida fue la preocupación de Washington sobre la conexión entre el sector tecnológico civil chino y las capacidades militares del país, aunque de nuevo sin pruebas claras que sustenten esos lazos temibles en materia de seguridad nacional.
Echando la vista atrás, en diciembre de 2025, la FCC ya había añadido a DJI, Autel y todos los drones fabricados en el extranjero a su "Covered List". La prohibición impedía la aprobación de nuevos modelos de drones para importación o venta en EEUU. Y en marzo de 2026, el mismo organismo regulador prohibió la importación de nuevos modelos de routers de consumo fabricados en China. El argumento, el mismo que en todos los casos antes mentados: vulnerabilidades de cadena de suministro y riesgos de ciberseguridad.
¿Es posible que la FCC se haya convertido en una herramienta de política tecnológica al servicio de la ideología de Donald Trump, contra China en particular? He ahí el patrón.
El miedo a China es su monopolio tecnológico
Quizás lo que la FCC y la Administración Trump temen en realidad es el monopolio tecnológico que China ha construido alrededor de la robótica, en especial de nuevos formatos como los humanoides y cuadrúpedos.
No en vano, el coloso asiático concentra entre el 85% y el 90% de los envíos globales de robots humanoides durante 2025, según datos de Barclays y Morgan Stanley. De los más de 13.000 humanoides distribuidos en el mundo en 2025, la empresa china AgiBot lideró con aproximadamente 5.100 unidades. Unitree le siguió con más de 4.200 unidades. Tesla, Figure AI y Agility Robotics vendieron alrededor de 150 unidades cada una.
Además, China ya cuenta con más de 400 modelos completos de robots humanoides fabricados, según datos publicados en julio de 2026 por el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información del país. Con ello, el mercado chino de robótica humanoide alcanzará un valor de 2.000 millones de dólares en 2026.
Morgan Stanley elevó drásticamente su pronóstico de envíos de robots humanoides en China para 2026, hasta las 50.000 unidades, desde sus 14.000 unidades pronosticadas inicialmente. La misma consultora aumentó su previsión para 2030 a 446.000 unidades comercializadas.
Si nos fijamos en el ámbito de los robots industriales, se repite la misma premisa: China lleva trece años consecutivos liderando el mercado global. La participación de las marcas nacionales en el mercado doméstico supera el 50%. Además, de enero a mayo de 2026, los ingresos de las empresas chinas de robótica de gran escala superaron los 90.000 millones de yuanes (aproximadamente 12.500 millones de dólares), con un crecimiento del 26,9% en relación al mismo período del año anterior.
En ese mismo sentido, China instaló 290.000 robots industriales en 2024. La cifra representa más de la mitad de la demanda global, según el informe World Robotics Report 2025 de la International Federation of Robotics. De seguir con esta tendencia, la IFR estima que las instalaciones de China en 2025 serán aproximadamente diez veces mayores que las de Estados Unidos.
Robot humanoide Unitree R1 Omicrono
Y en lo que nos concierne, la balanza comercial, no podemos obviar que las exportaciones de robots industriales fabricados en China aumentaron un 19% interanual en el primer semestre de 2026. Superaron los 6.000 millones de yuanes (alrededor de 980 millones de dólares estadounidenses), según datos de la Administración General de Aduanas de China. El destino de dichas exportaciones abarca 140 países y regiones. Si aterrizamos los datos, vemos además que las exportaciones de robots humanoides chinos crecieron un 210% en el primer trimestre de 2026 en comparación con el mismo período del año anterior.
En algunos segmentos, como el de robots cuadrúpedos, el dominio chino es aún más abrumador. El país controla alrededor del 70% de las ventas globales de perros robot y concentra más de la mitad de los modelos de robots humanoides disponibles en el mundo, según datos del Ministerio de Industria y Tecnología de la Información de China.
Industria norteamericana en jaque
Viajando a Estados Unidos, las sensaciones son diametralmente opuestas. Las principales empresas de robótica humanoide de EEUU vendieron apenas 450 unidades en 2025, según cifras recopiladas por Visual Capitalist. Las competidoras chinas colocaron 12.868 unidades. Tesla Optimus, el proyecto más mediático de Elon Musk, puso en el mercado alrededor de 150 dispositivos. Figure AI, la startup promesa americana, también vendió aproximadamente 150 unidades. Agility Robotics colocó otras 150 unidades.
A su vez, en términos de instalaciones de robots industriales, Estados Unidos registró apenas 38.000 unidades en 2025. El crecimiento fue del 11% en relación al año anterior, según datos de la IFR. El sector automotriz continúa siendo el mayor adoptante de robots industriales, con 13.500 unidades instaladas, un 1% menos que el año anterior. La densidad robótica en el país de las barras y estrellas se sitúa en 307 robots por cada 10.000 trabajadores.
No todo es negativo en la panorámica del sector. El mercado de robótica industrial en Estados Unidos alcanzará los 54.280 millones de dólares en 2026, apuntando a 94.380 millones de dólares en los próximos años, según Mordor Intelligence. Si bien hay que matizar que estas estimaciones cuentan con un margen de error ingente, ya que los analistas de SVRC Research reducen este mismo nicho de actividad a 11.400 millones de dólares en 2026.
La balanza comercial, como pueden imaginar, no está del lado de Estados Unidos. Las exportaciones procedentes de EEUU representaron apenas el 5,4% del total de exportaciones de robots en 2022, de nuevo en base a los datos que maneja la ITIF. Las empresas estadounidenses representaron menos del 5% de las ventas de robots humanoides en 2025, por el 90% de las empresas chinas.
La prohibición presenta, por tanto, importantes desafíos para los fabricantes de robots estadounidenses, lejos de ser una ventaja competitiva como puede pretender Trump y sus secuaces de la FCC. Muchos de estos proveedores todavía dependen de componentes chinos o realizan parte de su ensamblaje en el extranjero. Esta circunstancia podría hacerlos inelegibles para vender en EEUU bajo la nueva regla de la FCC, por no mencionar que el coste de fabricar y vender un robot 100% nacional aumentará de forma dramática y afectará de lleno a los proyectos de implementación y los márgenes de beneficios de la ya débil industria estadounidense.
La cronología de una guerra sin fin
Empero, la rivalidad tecnológica entre China y Estados Unidos no es fruto del extraño clima geopolítico que vivimos desde hace dos cursos. Podemos remontarnos a 2018, cuando la primera Administración Trump impuso las primeras restricciones a la exportación de chips avanzados a China.
En diciembre de 2024, Joe Biden, en sus últimas semanas en el cargo, impuso nuevas restricciones a las exportaciones de chips avanzados. La medida requería autorizaciones para cualquier exportación o reexportación a terceros países.
En enero de 2025 comenzó el segundo mandato de Trump. Desde entonces, la política de desacoplamiento tecnológico se ha intensificado hasta el punto de convertir la cadena de suministro tecnológica en una auténtica montaña rusa de consecuencias todavía por descubrir.