La economía digital alcanzará 28 billones de dólares en 2026. Pexels
La economía digital repuntará un 9,5% pero con retos como soberanía, energía y empleabilidad
Apoyada en habilitadores como la inteligencia artificial, la economía de la información supone ya el 22% del PIB mundial, según la Organización para la Cooperación Digital.
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Que el crecimiento interanual de la economía digital mundial es una tendencia imparable no supone ninguna noticia novedosa habida cuenta de que la transformación tecnológica se ha convertido en el principal motor de prosperidad y soberanía de los distintos países y empresas públicas y privadas.
El valor real del análisis se muestra en su velocidad de crucero en comparación con otros vectores, las herramientas que lo hacen posible y en cómo está modelando la forma en que vivimos, trabajamos e interactuamos las personas y las compañías.
En estos parámetros se mueve la tercera edición del informe ‘Tendencias de la Economía Digital 2026’ que, por lo pronto, cifra la previsión de repunte en un 9,5% con respecto al año pasado -tres veces más rápido que el conjunto de la economía mundial-, lo que se significa en unos 28 billones de dólares. Esto supone más que la suma del Producto Interior Bruto (PIB) actual de potencias como Alemania, Japón e India juntas. De ser un país, sólo estaría por detrás de Estados Unidos en estos términos.
El documento ha sido elaborado por la Organización para la Cooperación Digital, una entidad independiente con sede en Riad (Arabia Saudí) que tiene entre sus objetivos acelerar la transformación digital “inclusiva” y fomentar la cooperación internacional entre gobiernos, industrias, instituciones académicas y sociedad civil.
De este modo, la comparación en términos nominales arroja otro dato revelador: la economía digital real representa el 22% del PIB global. Por ponerlo en órbita, España crece en consonancia (26%), según un estudio elaborado por Adigital en colaboración con la consultora BCG, aunque el objetivo es llegar a cotas cercanas al 30% en los próximos años.
Por distintos sectores de actividad que ayudarán al crecimiento de la economía digital destacan la inteligencia artificial avanzada, ciberseguridad, ecommerce, infraestructura sostenible, soberanía y talento y capacitación digital. En cualquier caso, el informe se centra en la IA como el principal habilitador de esta nueva era. El organismo señala que esta tecnología está dejando de ser experimental para empezar a incidir de forma más que tangible en los negocios.
En otras palabras, el dinero está empezando a regar ya los distintos tejidos productivos, con industrias avezadas como banca, automoción, salud, logística y manufactura, entre otras.
Inteligencia artificial, principal motor
Esta promesa de bajar la IA de las musas al teatro, de pruebas aisladas a despliegues a escala, se está configurando como el paso previo a la “economía de los agentes”. El estudio trata a estos no solo como herramientas complementarias, sino como sistemas que ejecutan procesos completos, generando que las empresas puedan optimizar su operativa con menos recursos.
En este sentido, incide: “Las compañías con más datos tendrán una ventaja estructural”. Pero también destaca cierta automatización de los puestos de trabajo y la necesidad de reestructurar y lanzar nuevos perfiles al mercado.
De hecho, su adopción se asocia a un aumento medio del empleo del 2,5% en los próximos 18 meses. Un porcentaje que se antoja corto si tenemos en cuenta que la productividad crece más rápido que el número de trabajos y de que el estudio no arroja datos sobre destrucción de empleos aunque advierte de la democratización en la automatización de tareas repetitivas frente a la aparición de nuevos roles como supervisor de modelos o relacionados con el gobierno de la información.
Asimismo, el documento anticipa dos riesgos que podrían frenar sobremanera el crecimiento de la economía digital. Por una parte, relaciona directamente a la inteligencia artificial con un aumento del consumo de datos y la proliferación de cada vez más centros de datos con una necesidad de redes eléctricas más robustas. Y es que esta tecnología se ha convertido en uno de los principales demandantes de energía digital. Un reto que gobernadores y empresas deberán sortear para que, entre otras opciones, no se abra una brecha entre geografías.
De otro lado, pone de relieve cierto miedo a la concentración tecnológica. Es decir, el desarrollo de los modelos grandes de lenguaje (LLM, de sus siglas inglesas) es cosa de solo unos pocos actores, en su mayoría norteamericanos.
También el dominio de infraestructura de nube y de construcción de chips habilitados para esta nueva era, aunque su mercado se esparce también en el continente asiático y Europa pelea por tratar de ser protagonista en los próximos años.
La soberanía tecnológica gana enteros
En este sentido, y para combatir los posibles oligopolios, el estudio prevé que la soberanía digital será tendencia durante las próximas décadas. Entendida, eso sí, no solo como la capacidad de fabricar chips o clouds nacionales, sino como el liderazgo de los países para controlar infraestructuras críticas, datos, normativa, talento y desarrollo tecnológico interno.
La rivalidad entre grandes bloques ha convertido la tecnología en un activo estratégico, y estos estados, entre los que destaca Estados Unidos, han desplegado una guerra comercial en torno a los componentes que hacen posible estas tecnologías. De hecho, el propio presidente, Donald Trump, lleva desde el inicio de su mandato imponiendo sanciones a otros países y elevando los aranceles a las exportaciones tecnológicas.
Esto puede derivar, según el estudio, en una fragmentación que degenere en un internet menos abierto, menor interoperabilidad y una subida cuantiosa de los costes. Además, advierte de que no todos los países pueden ser autosuficientes en sus cadenas de suministro.
En conclusión, asevera la secretaria general de la Organización para la Cooperación Digital, Deemah AlYahya, las herramientas digitales han pasado a ser “motores de resiliencia económica, puertas de acceso a la participación social y determinantes de la competitividad global”. Por ello, subraya, el informe pretende ser una “llamada a la acción” para avanzar hacia una economía digital más inclusiva, segura y sostenible.