Juan José Martínez Díaz, consejero de Innovación, Investigación y Desarrollo del Cabildo Insular de Tenerife y presidente del Parque Científico y Tecnológico de Tenerife.
Durante años hemos asociado la insularidad a la distancia: estar lejos de los centros de decisión, de los mercados y de los lugares donde se concentra el conocimiento. Esa realidad sigue condicionando nuestras oportunidades, pero no determina hasta dónde podemos llegar. La pregunta ya no puede ser solo qué dificultades supone innovar desde una isla, sino qué puede aportar una isla a la innovación del mundo.
Porque una isla no tiene por qué ser periferia cuando hablamos de conocimiento.
La innovación ha reducido barreras geográficas. Las ideas, la ciencia y el talento pueden conectarse hoy con una rapidez impensable hace unas décadas. La distancia física continúa existiendo y los territorios ultraperiféricos convivimos con costes y limitaciones específicos. Pero estar lejos de los grandes centros económicos no significa quedar al margen de las redes de conocimiento.
Las islas permiten observar grandes desafíos contemporáneos. La energía, el agua, la movilidad, la biodiversidad, la adaptación climática, los recursos limitados y la conectividad forman parte de nuestra vida cotidiana. Cuestiones que en otros lugares pueden parecer lejanas aquí exigen respuestas inmediatas. Esa necesidad convierte a los territorios insulares en espacios valiosos para investigar, ensayar y aprender.
Cuando una isla responde a sus limitaciones, genera conocimiento útil para otros territorios. Las soluciones nacidas en sistemas aislados suelen incorporar eficiencia, adaptación y un uso más cuidadoso de los recursos. Ese aprendizaje puede viajar, enriquecerse con otras experiencias y aplicarse mucho más allá de nuestras costas.
Innovar desde una isla significa pensar desde lo local para contribuir a resolver desafíos globales.
Para conseguirlo debemos entender la innovación en toda su dimensión. No consiste solo en incorporar tecnología o levantar infraestructuras. Una sociedad innova cuando cuestiona lo establecido, acepta el aprendizaje que acompaña al riesgo y relaciona conocimientos que permanecían separados. La innovación adquiere valor cuando una idea se transforma en una solución útil para las personas y el territorio.
Aquí los parques científicos y tecnológicos cumplen una función esencial. Su valor no depende únicamente del espacio que ofrecen, sino de las relaciones que activan. Deben facilitar el encuentro entre investigación y empresa, acercar la administración al ecosistema innovador y ayudar a que el talento encuentre oportunidades. Un parque tecnológico es, ante todo, una plataforma de conexión.
Ese propósito orienta al Parque Científico y Tecnológico de Tenerife. Queremos que sus capacidades se conozcan, colaboren y accedan a redes más amplias. La pertenencia a la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España refuerza esa aspiración: nos permite compartir experiencias, aprender de otros modelos y superar la escala del mercado local.
Nuestro tamaño ofrece una ventaja. En un territorio acotado resulta más sencillo aproximar a quienes investigan, emprenden, invierten, gestionan servicios públicos o conocen los problemas que deben resolverse. Esa cercanía puede acelerar la colaboración y facilitar que las soluciones se prueben en condiciones reales, se evalúen con rigor y se perfeccionen antes de trasladarlas a otros lugares.
Hay una condición imprescindible: el talento. Ninguna estrategia de innovación tendrá recorrido si no genera oportunidades para las personas. Necesitamos que nuestros jóvenes puedan formarse, investigar, emprender y desarrollar carreras vinculadas al conocimiento sin asumir que marcharse es la única opción. También debemos atraer a profesionales y empresas dispuestos a colaborar con quienes ya trabajan aquí.
Retener talento no significa impedir que salga. Significa permitirle aprender, relacionarse con el mundo y encontrar razones para regresar o mantener vínculos con la isla. El conocimiento crece cuando circula. Nuestra responsabilidad es lograr que esa circulación fortalezca el ecosistema local y abra oportunidades a las generaciones que vienen detrás.
Tenerife puede construir una posición propia en el mapa de la innovación. No necesitamos copiar modelos ajenos. Debemos aprender de sus aciertos y desarrollar un modelo coherente con nuestras características, nuestras capacidades y los desafíos que afrontamos como isla. La diferenciación empieza por comprender bien quiénes somos.
La historia de Canarias está ligada al intercambio. Durante siglos fuimos lugar de encuentro entre continentes, culturas y personas. En el siglo XXI podemos trasladar esa vocación al conocimiento y consolidarnos como un territorio que conecta ideas, ciencia, empresas y talento. Los parques tecnológicos pueden dar continuidad a esa forma contemporánea de apertura.
El reto no consiste en dejar atrás nuestra condición insular, sino en utilizarla con inteligencia. Una isla permite comprender antes problemas de un planeta con recursos limitados y obliga a buscar respuestas adaptadas a la realidad. Si conectamos talento, investigación e iniciativa empresarial, nuestra posición geográfica dejará de definir los límites de nuestra aportación.
Innovar desde una isla es demostrar que el conocimiento no entiende de periferias. Desde Tenerife, en el Atlántico y conectados al mundo, podemos generar respuestas útiles, compartirlas con otros territorios y participar con voz propia en las redes del futuro.
***Juan José Martínez Díaz, consejero de Innovación, Investigación y Desarrollo del Cabildo Insular de Tenerife y presidente del Parque Científico y Tecnológico de Tenerife