Javier Ortiz, director general de Alfa Laval Ibérica.
Si damos por cierto que la IA ha venido a cambiar el mundo, estaremos todos de acuerdo en desear y procurar que sea para hacerlo mejor. Uno de los aspectos en que este nuevo escenario se está manifestando es en el nuevo auge de los centros de datos. Casi sin solución de continuidad, nos llegan estudios que avalan su impacto económico y las enormes expectativas de inversión, incidiendo además en la innegable oportunidad que pueden suponer para España. Al mismo tiempo, se nos advierte de otro impacto fundamental, el que puede suponer para nuestros recursos energéticos, principalmente el agua y la electricidad.
De su potencial económico, apuntemos dos referencias: a nivel mundial, el mercado de centros de datos se sitúa hoy en el rango de los 300.000 millones de dólares, con previsiones de alcanzar los 460.000 millones en 2030. Por lo que respecta a España, los analistas de Arcano Research estiman que esta industria podría aportar en torno a 223.000 millones de euros al PIB nacional entre 2026 y 2035, con una inversión anual superior a los 85.000 millones.
De su impacto para el planeta, la ONU nos acaba de enviar un serio aviso. Entre otras muchas revelaciones ilustrativas, nos dice que, de cara a 2030, los centros de datos podrían consumir casi el 3% de la electricidad mundial, mientras que la huella hídrica asociada a esa electricidad podría alcanzar los 9,3 billones de litros de agua, cantidad equivalente a la que necesitan al año 1.300 millones de personas.
Pero lo que la ONU nos pide no es abandonar la IA y renunciar a todo su potencial transformador. A lo que nos invita es a actuar con inteligencia. Por un lado, no contemplar su impacto energético y ambiental de forma aislada, sino desde un enfoque transversal, atendiendo a todos los parámetros acumulados y midiéndolos con transparencia y responsabilidad compartida. Y por otro, integrando los centros de datos en la planificación energética y diseñando modelos más eficientes. En este sentido, también el Foro Económico Mundial ha apelado a la necesidad de tecnologías y prácticas operativas que mejoren la eficiencia y la sostenibilidad de los centros de datos. En concreto, llama la atención sobre el necesario enfriamiento de estos sistemas, que supone hasta el 40% de la energía que consumen y requiere ingentes cantidades de agua, a las que hay que sumar la que necesitan las plantas térmicas que los respaldan.
Un mensaje alentador
El mensaje alentador es que ya disponemos de muchas de las tecnologías que hacen posible que los centros de datos sean más eficientes, también desde el punto de vista energético. Entrando en aspectos más técnicos, conviene saber que los métodos de enfriamiento están cambiando. Para retirar el calor, los tradicionales utilizan unidades de tratamiento de aire, un bucle de agua enfriada, un condensador y una torre de refrigeración antes de ser expulsado a la atmósfera. Ahora contamos con procesos más eficientes que aprovechan el free cooling mediante agua, aire u otro fluido, así como la recuperación de calor para disminuir el consumo de energía general y ahorrar en gastos operativos.
Estas soluciones utilizan dry coolers, con lo que eliminan la necesidad de disponer de fuentes de agua y funcionan de hecho como una solución de enfriamiento plug-and-play. No sólo obtienen así un mayor ahorro de energía. Además, están en disposición de cumplir con los objetivos de sostenibilidad que establece una regulación cada vez más exigente y apremiante en el tiempo.
Por otro lado, la reutilización del calor residual convierte al centro de datos en un activo energético, capaz de suministrar calor útil a edificios, redes de distrito e industrias cercanas. Gracias a las elevadas temperaturas de los nuevos chips de IA y a las bombas de calor industriales de alta temperatura, es posible sustituir calderas de combustibles fósiles con coeficientes de rendimiento superiores al 300%. El resultado es un doble beneficio: reducir drásticamente la energía destinada a la refrigeración del centro de datos y descarbonizar simultáneamente la demanda térmica del entorno, maximizando el aprovechamiento de cada kWh consumido.
No se terminan aquí las alternativas con las que contamos. Tecnologías como DTC (direct-to-chip) o el immersion cooling son capaces de reducir la energía necesaria hasta en un 40%, disminuyendo también los costes operativos y el impacto ambiental. Y tenemos un bien abundante y muy aprovechable: el agua de mar. Diferentes estudios demuestran que el enfriamiento híbrido con este elemento mejora significativamente la eficiencia energética, reduce las emisiones de carbono y permite al centro de datos funcionar a pleno rendimiento sin menoscabo de los estándares de sostenibilidad que debe cumplir.
Pero la innovación no termina ni debe terminar ahí. El futuro va a seguir planteando nuevos retos y exigencias a la industria de los centros de datos. De acuerdo con los expertos, la investigación debe enfocarse en la integración de controles de IA para gestionar el enfriamiento, estrategias de recuperación del calor optimizadas y extender las aplicaciones de enfriamiento con agua marina.
En definitiva, la IA y los centros de datos que la desarrollan vienen para mejorar nuestras vidas y para estimular la economía, pero también para ser una pieza del engranaje energético y ambiental. Y no sólo valiéndonos de su capacidad para la prevención y gestión de los fenómenos climáticos, como incendios o sequías, o asegurando óptimas redes e infraestructuras de suministro de energía. Además, se trata de que su consumo de recursos sea eficiente y que su desarrollo vaya perfectamente alineado con la hoja de ruta que queremos diseñar para el planeta. Sería lo más inteligente.
***Javier Ortiz, director general de Alfa Laval Ibérica