Alex Saiz Verdaguer, CEO de Monei.
Durante siglos, Barcelona creció protegida por sus murallas. Aquellos límites habían servido para ordenar la ciudad, defenderla y darle forma. Pero llegó un momento en que la misma estructura que había permitido su desarrollo empezó a impedir su futuro. La ciudad necesitaba aire, movilidad, espacio y una nueva lógica urbana. El derribo de las murallas y el Plan Cerdà representaron algo más que una ampliación física, fueron una decisión de escala.
Esa imagen resume bien el momento que viven muchas compañías tecnológicas en España y en Europa. Hemos aprendido a crear empresas, a lanzar productos, a atraer talento y a competir en mercados exigentes. Ahora necesitamos dar un paso más ambicioso. El debate ya no puede girar únicamente en torno a cómo nacen nuevas startups. La verdadera pregunta es cómo conseguimos que las mejores compañías nacionales crezcan, se consoliden y se conviertan en los próximos campeones tecnológicos del futuro.
Durante años, el ecosistema emprendedor español ha demostrado una capacidad extraordinaria para construir desde la escasez. Muchas empresas han nacido con menos capital, mercado inicial y visibilidad internacional que sus competidores de otros mercados. Como emprendedor, sé muy bien de lo que hablo. Y, a pesar de este viento en contra, nuestras compañías han demostrado que desde España se puede competir con rigor. Esa etapa ha sido decisiva, pero crear una startup y escalar una compañía son retos distintos.
Escalar exige otra mentalidad porque implica pasar de ser una pyme para convertirte en una multinacional. Pasar de conocer a todo el equipo a profesionalizar todos los procesos y competir con una visión radicalmente diferente.
En la cultura tecnológica europea, hablamos mucho de lo que falta. Pero también tenemos que fijarnos en lo que ya existe. Europa cuenta con talento técnico, tejido industrial, capacidad regulatoria, confianza institucional, empresas sólidas y una forma de entender la tecnología muy conectada con la economía real. España, además, tiene una posición especialmente valiosa.
Por eso, resulta tan importante la labor asociativa española que está ayudando a colocar la escalabilidad en el centro de la conversación económica. Dar visibilidad a las scaleups, reconocer su peso productivo y generar interlocución con instituciones, inversores y grandes empresas es una parte fundamental del camino. Pero esa conversación también tiene que llegar al interior de las propias compañías porque la escala empieza antes de aparecer en una cifra. Realmente lo hace cuando una empresa decide verse a sí misma como una posible líder de categoría.
En Europa seguimos hablando de tecnología con Silicon Valley como referencia inevitable. Tiene sentido aprender de los mercados que han creado grandes compañías globales, pero esa comparación también limita. Cuando el punto de partida siempre está fuera, cuesta más construir una ambición propia.
El salto de startup a scaleup es, en el fondo, un cambio de ambición. España ya ha probado que sabe crear compañías tecnológicas relevantes. Ahora debe demostrar que puede hacerlas crecer, consolidarlas y convertirlas en referentes europeos. Para lograrlo harán falta inversión, talento, colaboración público-privada y mercados capaces de acompañar ese crecimiento. Pero también, orgullo empresarial. La convicción de que nuestras compañías pueden ocupar un lugar central en la economía que viene.
Barcelona tuvo que derribar sus murallas para imaginar una ciudad mayor. El ecosistema tecnológico español tiene hoy una tarea parecida. Debe dejar atrás los límites mentales que durante años han condicionado su ambición y construir con la seguridad de quien sabe que el futuro también puede tener acento propio.
***Alex Saiz Verdaguer es CEO de Monei.