Llevamos apenas 116 días de 2026 (aunque parezcan muchos más) y el sector tecnológico ya ha ejecutado o anunciado más de 100.000 despidos a escala global. A un ritmo de casi 900 bajas diarias, la industria que durante décadas se vendió como el gran creador de empleo del siglo XXI lleva meses comportándose como una auténtica e insensible trituradora humana. Pueden parecer cifras inauditas, o que este desgraciado fenómeno se está produciendo a una velocidad endiablada. Empero, seguro que si echan la vista atrás verán que este patrón se reproduce en estos lares con relativa frecuencia.
Como ya escribí en esta misma columna a principios de 2024 -cuando Discord, Amazon, SAP o Duolingo protagonizaban titulares similares-, estas oleadas responden a un patrón cíclico que se repite cada pocos años. En 2022-2023 fueron más de 200.000 los afectados, tras el sobredimensionamiento salvaje de la pandemia. Entonces la culpa se atribuyó, al menos de puertas hacia afuera, a la subida de tipos, la guerra en Ucrania y el fin del dinero gratis. Por suerte o por desgracia, en 2024 el hype de la inteligencia artificial generativa actuó como amortiguador y alivió temporalmente la presión.
Ahora, en 2026, el ciclo vuelve a girar y esa misma IA que hace un par de cursos fue vista como el mismísimo Salvador llegado del Olimpo de OpenAI, es en estos momentos la diana favorita de todas las culpas para justificar la presente reestructuración masiva.
Los números hablan por sí solos. Oracle ha anunciado la salida de entre 20.000 y 30.000 empleados (hasta el 18% de su plantilla global) para ahorrar unos 10.000 millones de dólares con los que pagar la costosa factura de sus hipotecadas infraestructuras de IA. Meta a su vez ha anunciado el despido de 8.000 personas (el 10% de su plantilla) más el cierre de 6.000 vacantes abiertas, con efecto previsto para el 20 de mayo. Microsoft ha activado un programa de jubilaciones voluntarias que afecta a unos 8.750 empleados, el 7% de su fuerza laboral en Estados Unidos. Amazon ejecuta su segunda ronda de recortes del año, con cerca de 16.000 afectados; mientras que Ericsson recorta 1.900 puestos principalmente en Suecia. ASML, el gigante holandés de semiconductores, elimina 1.700 posiciones en nombre de la "simplificación organizativa" al tiempo que GoPro despide al 23% de su plantilla global. Hasta la europea Bolt prescinde de un tercio de sus empleados para "pivotar hacia la IA".
La lista sigue con Taboola, Quora, Pinterest, UKG, Cars.com… Es casi imposible llevar la cuenta de todos los despidos anunciados este curso que, según la plataforma SkillSyncer, suman ya 155 eventos distintos los registrados en lo que va de año.
En España el panorama no es más alentador. Al impacto que tengan en el mercado local las reestructuraciones globales antes mentadas hemos de sumar que Capgemini ha ejecutado un ERE que afecta a 750 trabajadores de sus más de 11.000 empleados en el país, citando expresamente el impacto de la inteligencia artificial sobre su modelo de negocio. Inetum ha comunicado la pasada semana un ERE de hasta el 5% de su plantilla española, unos 400 empleados. Telefónica arrastra los efectos de su propio ERE cerrado a finales de 2025. Avatel y Ericsson España completan un sector de las telecomunicaciones que acumula cerca de 6.000 salidas anunciadas solo en los primeros meses del año.
La coartada de la IA: verdad a medias
Seré directo: la excusa de la inteligencia artificial es parcialmente cierta. Las grandes tecnológicas necesitan transformar sus plantillas y los perfiles que necesitan hoy (ingenieros de prompts, especialistas en MLOps, arquitectos de sistemas de agentes autónomos) no son los que contrataron masivamente entre 2019 y 2022. Ya no es necesario tener tantos programadores base ni comerciales que se dediquen a vender las bondades de productos que se han quedado obsoletos por el advenimiento de la IA.
Lo irónico es que resulta que es más barato despedir y contratar talento nuevo que reciclar y formar al personal existente, por mucho que ese personal lleve años siendo productivo y leal a su firma. Así que no, la IA no destruye empleo; de momento, sino que destruye empleos concretos y crea otros distintos. Otra cosa bien distinta es que las empresas elijan el camino más fácil a corto plazo en lugar del más humano y provechoso a largo plazo: esto es el capitalismo puro y duro, señores.
Además, hay una segunda categoría de despidos que tiene poco que ver con la IA y mucho con el SaaSpocalipsis que lleva gestándose desde que los tipos de interés dejaron de ser cero. Durante años, decenas de empresas construyeron negocios de software como servicio sobre productos commodity: herramientas de gestión, colaboración, análisis o automatización sin verdadera diferenciación competitiva. En un entorno de dinero barato, eso funcionaba, pero cuando la IA generativa puede reproducir en semanas funcionalidades que tardaron años en desarrollarse, esos modelos de negocio se esfuman como el viento. Los despidos en este segmento no los provoca la IA directamente: los provoca el fin de un modelo de negocio que nunca debió haber durado tanto.
Y luego está la tercera categoría, la menos confesable de todas. Hablo de esas empresas que aprovechan el momento y la coartada para hacer lo que llevan tiempo queriendo hacer: mejorar márgenes, ganar credibilidad ante los analistas y demostrar disciplina financiera en un contexto de incertidumbre geoeconómica (aranceles, tensiones entre bloques, volatilidad de los mercados) donde Wall Street premia a quien recorta antes de que le pregunten. Decir "estamos reestructurando para adaptarnos a la IA" suena mucho mejor que "estamos reduciendo costes porque los inversores están nerviosos". Que el relato salve una decisión empresarial cuestionable, por hablar en plata.
La oportunidad de pescar en río revuelto
Sería ingenuo por mi parte y un engaño hacia usted, estimado lector, pensar que esta ola ha tocado techo, puesto que la mayoría de los grandes anuncios globales todavía no se han materializado en Europa debido a los (gracias a Dios) procesos de consulta obligatoria, los convenios colectivos, los comités de empresa y la regulación laboral continental. Sin embargo, todo lo anterior no es más que un freno para lo inevitable y, en los próximos meses, veremos cómo los ERE anunciados se convierten en bajas efectivas, y probablemente veremos nuevos procesos que aún no están sobre la mesa.
La estimación más conservadora (fruto de RationalFX) apunta a que 2026 podría cerrar con más de 264.000 despidos en el sector tecnológico global, superando el récord de 245.000 de 2025. Si la historia del sector sirve de guía (y el ser humano es el único que tropieza mil veces en la misma piedra-, habrá al menos una nueva ronda de anuncios en otoño, coincidiendo con la presentación de resultados del tercer trimestre.
Pero toda noticia negativa puede leerse en clave positiva, si uno se esfuerza lo suficiente. Durante años, pymes y startups españolas y europeas se han quejado de la imposibilidad de competir por talento especializado frente a los salarios de las grandes tecnológicas. Por ello, los próximos meses representan una oportunidad real para pescar en río revuelto: ingenieros, product managers, especialistas en datos y perfiles de IA que hasta hace poco estaban inaccesibles van a estar disponibles, y no siempre con las expectativas salariales de antaño.