Os aseguro que las casualidades existen, por eso acabé mi última columna diciendo que hace tiempo que oímos hablar de la fantasía de cultivar en la luna y justo hoy he decidido escribir sobre la misión espacial que es noticia desde hace unos días.

Si estás leyendo esto, es altamente probable que sepas que los humanos estamos volviendo a la Luna más de medio siglo después de la primera vez. Tras despegar con éxito el 1 de abril de 2026, la nave se encuentra en plena travesía lunar. La misión Artemis II está haciendo historia y dando los primeros pasos para la futura misión Artemis III y sucesivas, las cuales sirven de campo de pruebas para algún día mandar naves tripuladas a Marte.

Por ejemplo, mientras Artemis II vuela, los equipos de ingeniería ya están usando los datos de radiación que recibe el equipo liderado por el comandante Reid Wiseman para diseñar los escudos que protegerán a los futuros pioneros de Marte.

Supongo que ya habéis visto el video viral del piloto Victor Glover diciendo que la Tierra es nuestra nave espacial, destacando la importancia de la unidad y haciendo una llamada a la colaboración.  Él dijo: "Ustedes hablan con nosotros porque estamos en una nave muy lejos de la Tierra, pero ustedes están en una nave llamada Tierra que fue creada para darnos un lugar donde vivir en el universo. En todo este vacío —esto es un montón de nada, esto que llamamos universo— tenemos este oasis, este hermoso lugar en el que podemos existir juntos".

Victor aprovechó su video para hacer hincapié en que, sin importar las culturas o creencias, la vista desde el espacio es un recordatorio de que somos lo mismo y que debemos superar los retos del mundo juntos. 

Dejando estos grandes mensajes a un lado y confiando en que los políticos que lideran el mundo los oigan y los entiendan… desviaré un poco la trayectoria de mi columna para hablar de tecnología.

Es obvio que el mundo ha cambiado mucho desde que nacieron las misiones Apolo y no es nada sorprendente que la integración de la inteligencia artificial (IA) y la computación en la nube sea lo que permite que la misión actual sea mucho más inteligente que las misiones Apolo.  

Pero hay mucha más tecnología puntera en la nave y en los equipos de tierra, como el cohete SLS (Space Launch System, el más potente del mundo actualmente, capaz de generar 39 meganewtons de empuje), la cápsula Orión (con un escudo térmico de Avcoat capaz de soportar 2,800°C al reingresar en nuestro planeta), el módulo de Servicio Europeo (ESM, el "corazón" de la nave, proporcionando electricidad mediante paneles solares y regulando la temperatura interior entre 18°C y 24°C frente al frío extremo del vacío) y el proyecto AVATAR (órganos en chip, tecnología revolucionaria que usa células de los propios astronautas en dispositivos diminutos para estudiar cómo afecta la radiación espacial a los tejidos humanos en tiempo real). 

Volviendo a la IA y al cloud computing, os diré que la IA es el copiloto digital a bordo de este centro de datos volador que es la nave espacial, permitiendo el mantenimiento predictivo (analizando la telemetría del cohete en milisegundos), la navegación autónoma (en caso de pérdida de comunicación con Houston, la IA puede recalcular la trayectoria de retorno libre usando sensores ópticos que reconocen cráteres lunares como puntos de referencia) y los tan extendidos asistentes de voz. 

Del mismo modo, la nube es la que posibilita la arquitectura de datos de Artemis II, un modelo híbrido que combina varios tipos de la misma: edge computing, nube privada y soberana, y nube pública. El edge computing (y el edge AI) es la tecnología más crítica porque enviar datos a la Tierra y esperar una respuesta tarda segundos; la nave lleva su propio servidor, el Spaceborne Computer. Esto permite procesar datos científicos y hacer diagnósticos allí mismo sin depender de Houston. 

La nube privada (la nube soberana) también juega un papel fundamental: la NASA utiliza una infraestructura altamente segura para gestionar los datos de telemetría y salud de los astronautas. La razón para no dejar esta infraestructura en manos de terceros es evidente: la soberanía de datos es vital.

Por último, la nube pública juega su papel para la distribución masiva de imágenes y vídeos que la tripulación ha capturado estos días. Esto permite que millones de personas vean el streaming sin colapsar los servidores de la NASA.