José Ramón Padrón, responsable de comunidades hispanohablantes y crecimiento en Automattic.

José Ramón Padrón, responsable de comunidades hispanohablantes y crecimiento en Automattic.

Opinión LA TRIBUNA

Escribir código en tiempos de la IA

José Ramón Padrón
Publicada

¿Reemplazará la inteligencia artificial a los desarrolladores web o, más bien, impulsará una evolución inevitable en el sector? La pregunta se repite con frecuencia en foros, redes sociales y conversaciones entre profesionales del software. Lo cierto es que la irrupción de herramientas como GitHub Copilot, Cursor o Perplexity ha abierto una nueva etapa en la creación de aplicaciones, en la que la forma de escribir código empieza a cambiar, y la construcción de sistemas apoyados en herramientas inteligentes gana peso.

A lo largo de la historia, cada avance tecnológico ha suscitado temores sobre la sustitución humana. Ocurrió durante la revolución industrial, con la automatización del software, y vuelve a suceder ahora con la inteligencia artificial generativa. Si observamos estos procesos desde cierta perspectiva, el factor humano no ha desaparecido, aunque sí ha ido adoptando funciones distintas a medida que la tecnología avanzaba. Del mismo modo que los vehículos a motor llevaron el transporte a nuevas escalas de eficiencia, las herramientas de IA están ampliando el alcance del trabajo de los desarrolladores.

Uno de los efectos más evidentes de este salto de era en el desarrollo web es la redistribución de tareas. Durante años, los procesos siguieron un esquema lineal que abarcaba desde la planificación hasta las pruebas. Hoy, esas fases se entrelazan con algoritmos capaces de sugerir funciones, generar documentación (qué alivio) o depurar errores en tiempo real. En este contexto, el programador empieza a asumir un papel más orientado a coordinar y validar un flujo de trabajo compartido entre el humano y la máquina.

El cambio no es menor. Al apoyarse en herramientas de IA para tareas repetitivas, los equipos pueden concentrarse en cuestiones que exigen juicio, contexto y alineación con las necesidades del negocio. La arquitectura, la accesibilidad, la experiencia de usuario o la seguridad ganan protagonismo en un entorno en el que la velocidad ya no es el principal obstáculo. Así, la productividad se multiplica, pero también lo hace la responsabilidad, porque cada avance plantea nuevas preguntas.

¿Cuál es el riesgo de automatizar el desarrollo si perdemos la traducción humana entre la necesidad real del cliente y la implementación técnica que genera la IA por pura estadística? ¿Cómo podemos evitar que el desarrollo de software se convierta en una 'caja negra' en la que la velocidad de entrega oculte nuestra incapacidad para explicar por qué el sistema funciona (o por qué falla)?

Gran parte de las fallas detectadas en desarrollos apoyados por IA se deben a una supervisión sénior insuficiente. La imprecisión en los prompts, las alucinaciones del modelo o un entrenamiento deficiente pueden producir soluciones operativas, pero técnicamente mediocres o inseguras. El bagaje técnico y el juicio del desarrollador siguen siendo pilares necesarios para auditar, ajustar y certificar el código autogenerado antes de su despliegue definitivo en sistemas reales.

En este escenario, la figura del desarrollador está evolucionando hacia una función más analítica y estratégica. Las soft skills serán más decisivas en los procesos de selección, al haber delegado la parte técnica en la IA y al dar preferencia a profesionales que entiendan mejor los procesos de negocio, la ética del software y la comunicación con el cliente.

Comprender cómo operan los modelos, de dónde obtienen la información y cómo evaluar la calidad de sus resultados ya forma parte del oficio. Programar implica, cada vez más, saber formular bien los problemas, revisar las respuestas obtenidas y decidir cómo integrarlas de forma coherente en el producto final.

De este modo, la creación web deriva hacia una metodología híbrida que vincula el dominio del código con una evaluación rigurosa de la gestión de riesgos y de la toma de decisiones. El programador deja de ser un esclavo de la sintaxis (que caduca rápido) para convertirse en un estratega de la lógica (que es un valor permanente).

La IA no sustituirá al capital humano en la programación, pero sí establecerá una brecha insalvable entre los desarrolladores que la dominen y los que no. El reto actual es orquestar estas herramientas para liberar carga cognitiva y atender decisiones que requieran discernimiento humano. La excelencia técnica, la robustez de los sistemas y la experiencia de usuario seguirán vinculadas a la maestría acumulada por el profesional, especialmente cuando la innovación supera los estándares establecidos. Justo en el ejercicio del criterio experto se halla la frontera del desarrollo de software que la computación no logra traspasar ni replicar.

***José Ramón Padrón es responsable de comunidades hispanohablantes y crecimiento en Automattic.