Eva García Ramos, CEO y cofundadora de Wivi Vision.

Eva García Ramos, CEO y cofundadora de Wivi Vision.

Opinión INNOVADORAS

Prevención digital: el caso olvidado de la fatiga visual

Eva García Ramos
Publicada

Vivimos en una economía radicalmente visual. Trabajamos frente a pantallas, tomamos decisiones a partir de datos y nos relacionamos a través de miles de aplicaciones digitales cada vez más complejas. Sin embargo, mientras avanzamos en automatización y digitalización de procesos, seguimos dejando fuera una pregunta básica: ¿cómo está funcionando nuestra visión en este entorno?

La respuesta suele darse por sentada. La fatiga visual se ha convertido en una de las consecuencias más normalizadas de la economía digital y, por consecuencia, no suele percibirse como un problema en sí mismo: cansancio visual, dolor de cabeza, dificultad para concentrarse o sensación de visión borrosa al final del día, aunque se utilicen las mejores gafas. Lo hemos asumido como algo normal hasta el punto de integrarlo en la rutina diaria, como si fuera un efecto inevitable del trabajo frente a pantallas, cuando realmente no lo es.

El problema es que la fatiga visual no es una anécdota. Es una señal de que el sistema visual está trabajando por encima de su capacidad durante periodos prolongados. Cuando no puede responder de forma eficaz, disminuye la capacidad de atención, aumenta la probabilidad de cometer errores por visión borrosa o doble, se reduce la capacidad lectora por fatiga y se resiente el bienestar general.

Aun así, rara vez entra en la conversación hablar sobre productividad, eficiencia visual o prevención en entornos digitales. Algo que resulta paradójico en un contexto en el que prácticamente toda nuestra actividad profesional y personal pasa por la visión y, en concreto, por un uso intensivo de la visión de cerca.

Lo llamativo es que esta normalización convive con otra realidad: en la economía digital medimos prácticamente todo. Monitorizamos el rendimiento, el tiempo dedicado a cada tarea, la eficiencia de los procesos o incluso variables de salud como el sueño o la actividad física. Y, aun así, la visión sigue quedando fuera del radar. Apenas nos preguntamos si estamos viendo de forma eficaz, si nuestro sistema visual se está adaptando bien al entorno digital o si los síntomas que arrastramos están influyendo en cómo trabajamos y tomamos decisiones. Cuando la respuesta es que sí se puede.

Este punto ciego tiene mucho que ver con cómo entendemos la prevención. Durante años, la salud visual se ha abordado de manera reactiva. Es decir, se actúa cuando el problema ya interfiere en el día a día. Pero en un entorno digital intensivo, este enfoque se queda corto. La prevención no puede limitarse a recomendaciones genéricas o a soluciones puntuales. Necesita incorporar detección, seguimiento, concienciación y una mirada más activa sobre cómo evoluciona nuestra visión con el uso continuado de tecnología.

La transformación digital nos ha enseñado algo fundamental: los sistemas mejoran cuando se observan, se miden y se ajustan de forma continua. Hemos aplicado esta lógica a procesos, modelos de negocio y tecnologías. Sin embargo, todavía no la hemos trasladado con la misma naturalidad al sistema visual, a pesar de ser uno de los principales canales de interacción con el entorno digital y la vida diaria.

Este cambio de mirada interpela directamente al usuario final. A cada profesional que termina la jornada con dolor de cabeza. A cada persona que nota cómo le cuesta más concentrarse o una tarea tan sencilla como leer un libro al final del día. A quienes han asumido esos síntomas como parte del trabajo sin preguntarse si deberían serlo. Y la prevención empieza cuando dejamos de normalizarlo.

La economía digital ha avanzado rápido en muchos frentes, pero ha dejado otros fuera del foco. La visión es uno de ellos. Integrarla en la conversación sobre innovación y productividad es ya una cuestión sobre cómo queremos trabajar y rendir en un entorno cada vez más visual, del mismo modo que, en los últimos años, hemos incorporado una mayor conciencia sobre el cuidado activo de nuestra salud.

La buena noticia es que existe margen de mejora. Hoy ya contamos con tecnología capaz de evaluar y “entrenar el sistema visual” con criterios objetivos, seguimiento y plazos definidos, y de hacerlo con la misma lógica que aplicamos en otros ámbitos de la economía digital: procesos estructurados, personalización y resultados visibles.

Tal vez ha llegado el momento de replantear cómo usamos la visión en el día a día digital.

*** Eva García Ramos, CEO y cofundadora de WiviVision.