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La tribuna

Talento, un bien corriente y constante

1 marzo, 2023 01:47

Ahora que se habla de escasez, de energía, de agua, también hablamos recurrentemente, sobre todo en las empresas, del problema de la escasez de talento. Sin embargo, la escritora Doris Lessing decía que el talento es algo bastante corriente y que lo que escasea no es la inteligencia sino la constancia. Podríamos quizás aplicarnos esa máxima. No hablamos de un don que necesariamente crezca por sí solo, generalmente necesita ayuda para aflorar y expandirse. Posiblemente, las sociedades modernas no hemos sido lo suficientemente constantes ni diligentes para dotarnos del talento que necesitamos. O tal vez los cambios sobrevienen a tal velocidad que nos han encontrado con el pie cambiado.

Lo cierto es que el tsunami en el que estamos inmersos no va a dar marcha atrás. La OCDE nos dice que el 65% de los niños que hoy van a la escuela realizarán un trabajo que aún no existe, y el Foro Económico Mundial que sólo en 2022 surgieron 133 millones de nuevas profesiones. Según el INE, en España tenemos unos 145.000 puestos de trabajo vacantes. Y el Observatorio de la Ingeniería de España avisa de que necesitaremos 200.000 ingenieros más en los próximos diez años para hacer frente a los proyectos que el país requiere. No es que España sea de los países con más puestos vacantes, pero sí destaca por el contraste con nuestras altas tasas de paro.

Contrarrestar el desajuste entre oferta y demanda de trabajo es un desafío urgente, pero además tenemos otro a más largo plazo: formar a los profesionales y, sobre todo, a las personas del futuro. Necesitamos constancia, visión y determinación para cimentar un mercado laboral eficiente y sostenible apoyado en una sociedad del conocimiento. Que ponga a las personas en el centro a la vez que ofrezca a las empresas la posibilidad de contar con el mejor talento para ser competitivas. Para ello, propondría anotar algunas consideraciones y sí, ser constantes para ponerlas en práctica:

Es cierto que necesitamos talento STEAM (en ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas), como desde muchos ámbitos se nos avisa. Pero debemos tener en cuenta que el avance tecnológico también va a transformar muchas de estas disciplinas y automatizar no pocos trabajos que hoy consideramos cualificados. Deberíamos también aplicar perspectiva y centrarnos en aquellas materias científicas y técnicas en las que prevalezcan las capacidades que no tienen las máquinas ni los robots, como el pensamiento crítico y analítico, la creatividad o la toma de decisiones. En definitiva, más allá de que estudien ciencias o humanidades, lo importante es que los jóvenes aprendan a pensar y crear.

Y a cambiar. Ya no nos formamos para un trabajo o una carrera profesional. Ésta ahora implica aprender durante toda la vida. A medida que la tecnología avanza y la realidad social se transforma, se requieren nuevos conocimientos y nuevas habilidades para nuevos trabajos que demandan las empresas y la sociedad. El mundo que viene, que ya tenemos aquí, nos pide personas flexibles con capacidad para hacer diferentes cosas y de reinventarse para hacer otras nuevas. Se nos dice que asistimos a un nuevo Renacimiento, en el que se valoraba la capacidad multidisciplinar del ser humano en el arte y en la ciencia. Pero recordemos que ya mucho antes, Cicerón nos dijo que “dedicarse constantemente a una misma cosa vence con frecuencia al talento y al arte.” Ya no habrá lugar para el trabajo perpetuo y uniforme.

Estas dos consideraciones deberían ser transversales a todo lo que nos propongamos hacer en materia de educación y formación para instaurar un mercado laboral sostenible y para sembrar el talento del futuro. Por ejemplo, nuestro sistema de FP será más efectivo si contempla, al amparo de la nueva ley, la adaptación de la oferta a los cambios tecnológicos y empresariales; y podemos ampliar el currículo escolar con la enseñanza desde edades tempranas de los lenguajes y herramientas de programación, pero poniendo énfasis en que lo más importante no será tener buenos programadores, sino creadores de soluciones a través de la programación.

Necesitamos asimismo reforzar la conexión entre universidad, empresa y sociedad, de manera que si la primera facilita el desarrollo de los futuros empleados, la segunda aporte su experiencia y la realidad del mercado, garantizando la viabilidad de los programas, para que sea la sociedad la que se beneficie tanto de la disponibilidad del conocimiento como de los profesionales formados. También deberemos contar con planes de reinserción laboral, a fin de aprovechar el conocimiento y la experiencia de aquellos que se quedan fuera de las empresas y sin embargo siguen siendo perfectamente aprovechables. Y será fundamental abordar la brecha de talento digital femenino. Según Experis, las empresas españolas ya necesitan 120.000 mujeres de perfil tecnológico, mientras que éstas sólo representan el 25% de los estudiantes de ciencias, ingeniería y tecnología, de acuerdo con el Ministerio de Educación.

Pero también decía Goethe que “el talento se desarrolla en lugares tranquilos, el carácter en el tumultuoso curso de la vida”. Necesitamos tranquilidad política y visión a largo plazo para moldear un sistema educativo perdurable en el tiempo. Que, por encima de coyunturas, ideologías o intereses partidistas, se fije como meta primordial formar a los profesionales y, sobre todo, a las personas que serán necesarias para un futuro próspero. Todos debemos entender la educación y la formación como una cuestión de país, conscientes de la responsabilidad que tenemos, empresas e instituciones, con las nuevas generaciones y con no dejar a nadie atrás. Y que el talento sea, efectivamente, un bien de uso corriente, constante y abundante.

*** Andrés Vicente es presidente de Ericsson y vicepresidente de la Fundación I+E.

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