Imagen de recurso de una CPU.
La inteligencia artificial vuelve a mirar a las CPU ante el 'colapso' de las tarjetas gráficas: los vencedores y vencidos
Los agentes de IA multiplican la demanda de procesadores centrales más allá de las previsiones del sector. AMD, ARM y TSMC se antojan como los grandes beneficiados de esta tendencia, mientras que Intel sigue perdiendo cuota de mercado y TSMC enfrenta una mayor tensión en la cadena de suministro.
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Antes del auge de la inteligencia artificial, las CPU eran el auténtico músculo que daba vigor a cualquier ordenador o servidor que se precie. A más potencia de este procesador, más capacidad para ejecutar pesadas cargas de trabajo o varios procesos en paralelo. Las tarjetas gráficas, por su lado, estaban reservadas a jugadores de videojuegos o editores de vídeo y fotografía. Empero, con la llegada de la IA generativa se demostró que esta tendencia debía invertirse para sacar el máximo provecho de estos modernos algoritmos.
Las CPU, por tanto, fueron las grandes olvidadas del ciclo alcista de la inteligencia artificial. Los titulares, el dinero y la gloria fueron a parar a las GPU, a los aceleradores, a los chips diseñados para el paralelismo masivo que exige el entrenamiento de modelos. Las CPU -esas veteranas de guerra que llevan décadas orquestando la computación- quedaron relegadas a un papel secundario en la narrativa del sector. Pero esta tendencia no tardó en desembocar en un particular cuello de botella en el que la demanda de estos semiconductores superaba con creces a la oferta del casi proveedor único -Nvidia-, con el consiguiente aumento de precios y 'colapso' de una cadena de suministro extraordinariamente tensionada.
Empero, este ciclo está comenzando a cambiar. Así lo dicen los propios fabricantes de CPU, muchos de los grandes consumidores de estos recursos (hiperescalares, grandes actores de los LLM más populares, etc.) y, también, los analistas del sector. Entre ellos, Wolfe Research, que acaba de publicar un análisis en el que proyecta cómo el mercado total de CPU crecerá aproximadamente un 30% para 2028, impulsado por la llegada de la IA agéntica y la computación de orquestación.
No es un matiz menor: estamos hablando de que la demanda de procesadores centrales alcanzará cotas que el sector no había anticipado hace apenas dos años, y que ese crecimiento vendrá precisamente del mismo fenómeno -la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial- que en su día pareció condenarlas a la irrelevancia.
La IA agéntica exige más CPU de lo que nadie esperaba
La lógica del análisis de Wolfe parte de una premisa técnica bastante específica. Los nuevos sistemas de IA, especialmente los diseñados para ejecutar tareas de forma autónoma y encadenar decisiones sin intervención humana, necesitan muchos más procesadores para coordinar operaciones, gestionar memoria y recuperar datos que sus predecesores. Las GPU siguen siendo el músculo bruto del entrenamiento y la inferencia masiva, pero la arquitectura de los sistemas agénticos añade una capa de coordinación que recae, en buena medida, sobre las CPU.
La plataforma Rubin Ultra de Nvidia ilustra bien hasta dónde puede llegar esa tendencia. Wolfe estima que, a medida que esa arquitectura madure hacia 2028, la ratio entre CPU y GPU se aproximará a una relación de 1:1 -frente a los ratios actuales, en los que las GPU dominan ampliamente la ecuación de hardware en los centros de datos-. Eso solo para los procesadores de orquestación, que acompañan directamente a los aceleradores. Si a eso se suman las CPU destinadas a gestionar las cargas de trabajo de los agentes de IA, el volumen de demanda empieza a tomar una dimensión que justifica hablar de superciclo.
Hay, además, un factor de oferta que Wolfe sitúa en el centro del análisis y que con frecuencia se subestima en la cobertura del sector. El acceso a la capacidad de fabricación de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company -TSMC- será, según la firma, un determinante más relevante del posicionamiento competitivo que el rendimiento puro de los chips en los próximos años. En un mercado donde el cuello de botella no es el diseño sino la producción, las empresas con mejor acceso a los nodos avanzados del fabricante taiwanés parten con ventaja estructural, independientemente de la calidad técnica de sus productos.
AMD tiene el mayor potencial de crecimiento
La firma de análisis identifica a AMD como la compañía con mayor potencial de revalorización en relación con su tamaño y valoración actuales, y los números que sostienen esa tesis son contundentes. La firma proyecta que los ingresos de AMD por CPU para servidores crecerán de aproximadamente 17.000 millones de dólares en 2026 a 44.000 millones en 2028; un crecimiento que, en términos de beneficio por acción, podría traducirse en unos siete dólares adicionales frente a los niveles de 2025, elevando el potencial total de ganancias de la compañía a un rango de entre 25 y 30 dólares por acción para ese año.
AMD Versal y AMd Ryzen Embedded
La posición de AMD en el mercado de servidores x86 -donde ha ganado cuota de manera sostenida frente a Intel durante los últimos años- la convierte en la beneficiaria más directa de la expansión del mercado de CPU tradicionales para centros de datos. Pero Wolfe apunta también a su exposición a las cargas de trabajo agénticas como un vector de crecimiento que va más allá del ciclo ordinario de renovación de infraestructura.
ARM puede capturar entre el 50% y el 75% del mercado agéntico
El otro gran protagonista del análisis es ARM Holdings. Siempre de acuerdo a los datos consultados por DISRUPTORES - EL ESPAÑOL, las arquitecturas basadas en ARM capturarán entre el 50% y el 75% de la cuota del emergente mercado de CPU para IA agéntica, apoyándose en sus ventajas en eficiencia energética y en el procesamiento multihilo. En el escenario base -el de una captura del 50%-, la cuota de ARM en la industria global de CPU ascendería a aproximadamente el 45% para 2028, frente al 15% actual. El desplazamiento sería histórico.
Para ARM Holdings, Wolfe ve varias palancas de ingresos que convergen en el mismo horizonte temporal. Los ingresos por licencias ligadas a CPU para centros de datos podrían alcanzar los 1.500 millones de dólares en 2027 y escalar hasta los 2.500 millones en 2028. A eso se suma el negocio de silicio propio, con ingresos cercanos a los 2.000 millones de dólares en 2028. En conjunto, la firma estima una capacidad de ganancias próxima a los 4,50 dólares por acción ese año, aunque advierte de que la acción ya cotiza con una valoración exigente que deja poco margen para sorpresas negativas.
Nvidia: más de cuatro millones de CPU este año
Nvidia, la gran reina de las tarjetas gráficas, no llega tarde ni mucho menos tarde a esta fiesta. La compañía lleva tiempo construyendo su posición en el mercado de CPU, y Wolfe proyecta que comercializará más de cuatro millones de unidades este año, incluyendo aproximadamente 1,3 millones de CPUs Vera destinadas a cargas de trabajo agénticas -la mayoría de esas entregas, previstas para el cuarto trimestre-. Con ello, sus ingresos por CPU agénticas podrían pasar de los 6.600 millones de dólares en 2026 a los 24.600 millones en 2028, con un precio medio de venta cercano a los 5.000 dólares por unidad para servidores.
Pero, en su caso, Wolfe matiza que el impacto sobre el beneficio por acción de Nvidia será relativamente modesto -alrededor de 0,50 dólares adicionales frente a 2025-, precisamente porque el negocio de aceleradores tiene una escala tan descomunal que absorbe cualquier otro vector de crecimiento de la compañía. Para Nvidia, las CPU son una línea de negocio relevante, pero no el partido que define la temporada.
Intel crece en términos absolutos pero sigue perdiendo cuota
El caso de Intel es el más especial de todos, teniendo en cuenta la difícil situación por la que pasa la empresa de Santa Clara y su papel residual en la era de la IA. Según los analistas, los ingresos de Intel por CPU para servidores subirán de los 22.600 millones de dólares en 2026 a los 41.500 millones en 2028; un crecimiento nada desdeñable en términos absolutos. Lo que sería una noticia excelente se convierte, a ojos de Wolfe, en un resultado agridulce, puesto que la compañía seguirá perdiendo cuota en los segmentos que más importan para el futuro: las CPU de orquestación y las cargas de trabajo de IA agéntica.
Oblea de procesadores Intel. Omicrono
El vector de pérdida de cuota más visible es Google, que está incrementando el uso de sus propios procesadores Axion en detrimento de la arquitectura x86 de Intel en sus centros de datos. La arquitectura x86 conserva fortalezas en aplicaciones de un solo hilo y en determinados entornos de computación empresarial, pero en la nueva capa de infraestructura que construye la IA agéntica, sus ventajas se erosionan frente al diseño ARM.
Asumiendo un margen operativo del 30% sobre los ingresos incrementales, Wolfe estima que el crecimiento del negocio de CPU podría aportar aproximadamente un dólar por acción en ganancias frente a 2025 (una cifra discreta si se compara con los 7 dólares que proyecta para AMD).
El crecimiento de la demanda de CPU también llega a los fabricantes de obleas
El análisis de Wolfe se extiende más allá de los diseñadores de chips. El crecimiento esperado en la demanda de CPU podría traducirse en un incremento cercano al 20% en la demanda de obleas durante los próximos dos años para los fabricantes de equipos de semiconductores.
TSMC es, de nuevo, el actor central de esa ecuación: aunque las GPU y las XPU seguirán siendo los principales motores de demanda para la capacidad de fabricación avanzada, la expansión del mercado de CPU añade presión adicional sobre una cadena de suministro que ya opera cerca de su límite.