Centro de datos de alta tecnología con racks de servidores. Istock
El crecimiento de la IA reconfigura el sector de los centros de datos y tensiona energía, capital y regulación
Los últimos informes de JLL y Baker McKenzie muestran un sector en plena expansión, con capacidad e inversión disparadas por la inteligencia artificial, pero condicionado por cuellos de botella energéticos, retrasos estructurales y una complejidad regulatoria creciente.
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El sector de los centros de datos ha entrado en una fase nueva, que va más allá de una etapa de expansión o un gran ciclo inmobiliario impulsado por la nube. Estamos, principalmente, ante un cambio estructural de esta industria provocado por el auge de la inteligencia artificial.
Así lo atestiguan los datos de los dos informes más recientes y completos publicados sobre el sector, el 2026 Global Data Center Outlook de JLL y Data Centers Unlocked de Baker McKenzie. Ambos apuntan en la misma dirección: la infraestructura digital se enfrenta a una combinación inédita de crecimiento acelerado, restricciones físicas y complejidad financiera y regulatoria.
La magnitud del fenómeno se entiende mejor en términos de capacidad y de capital. JLL estima que la capacidad global instalada de centros de datos pasará de 103 gigavatios a cerca de 200 GW en 2030. A su vez, Baker McKenzie amplía ese marco temporal y financiero y sitúa la inversión acumulada necesaria hasta final de década en hasta 6,7 billones de dólares, con más del 40% concentrado en Estados Unidos.
La inteligencia artificial no actúa como una carga adicional sobre la infraestructura existente, sino que está redibujando el perfil completo del sector. Según JLL, las cargas de trabajo de IA representarán aproximadamente el 50% de la capacidad total de los centros de datos en 2030, frente a alrededor del 25% en 2025. En otras palabras, en apenas cinco años, la IA duplicará su peso relativo dentro del sector.
Este desplazamiento no es neutro. JLL identifica un punto de inflexión en 2027, cuando las necesidades de inferencia superarán a las de entrenamiento. Eso implica que la infraestructura dejará de concentrarse solo en grandes instalaciones dedicadas al entrenamiento de modelos para extenderse como capacidad permanente al servicio de sistemas de IA en producción. La consecuencia directa es una presión constante sobre potencia, latencia y disponibilidad.
El impacto ya es visible en el mercado. Las instalaciones diseñadas para entrenamiento de IA requieren hasta diez veces más densidad de potencia que un centro de datos convencional y, según JLL, pueden justificar primas de hasta el 60% en las rentas.
Crecimiento fuerte, pero sin señales de burbuja
En un contexto de expansión tan acelerada, la cuestión sobre la sostenibilidad del crecimiento es inevitable, máxime teniendo en cuenta los ingentes montantes que muchas tecnológicas están destinando a estos menesteres.
JLL es clara al respecto: los indicadores del sector no apuntan a una burbuja inmobiliaria. La ocupación global se sitúa en torno al 97% y el 77% del pipeline de construcción ya está precomprometido con clientes. Es decir, la mayor parte de la nueva capacidad tiene demanda asegurada antes de entrar en operación.
Las rentas refuerzan esa lectura. JLL prevé un crecimiento medio global del 5% anual hasta 2030, con América liderando el incremento, en torno al 7% anual, debido a una restricción de oferta que empieza a ser estructural. En otras palabras, el problema del sector no es el exceso de capacidad, sino la dificultad para desplegarla al ritmo que exige la demanda.
Capital abundante, ejecución limitada
Desde el punto de vista financiero, el sector vive una fase de maduración acelerada. JLL habla de un superciclo de inversión de hasta 3 billones de dólares en los próximos cinco años, que incluye alrededor de 1,2 billones en creación de valor inmobiliario y unos 870.000 millones en nueva financiación vía deuda. Baker McKenzie, con una perspectiva más amplia como decíamos, eleva el volumen total de inversión hasta los 6,7 billones de dólares acumulados a final de década.
La actividad corporativa acompaña ese crecimiento. Según JLL, desde 2020 se han registrado más de 300.000 millones de dólares en operaciones de fusiones y adquisiciones en el sector. Baker McKenzie añade que solo en 2024 las transacciones alcanzaron los 73.000 millones de dólares, un máximo histórico. El capital institucional ha entrado de lleno: fondos core, joint ventures, REITs, YieldCos y titulizaciones mediante ABS y CMBS forman ya parte habitual de la estructura financiera del sector.
JLL señala que la emisión de instrumentos ABS y CMBS se ha duplicado aproximadamente cada año desde 2020 y podría alcanzar los 50.000 millones de dólares en 2026. Además, estima que la formación de capital de fondos core especializados en centros de datos podría superar también los 50.000 millones ese mismo año, con estrategias que buscan retornos del 10% o superiores.
Energía, el principal cuello de botella
El mayor condicionante del crecimiento del sector no está en la financiación ni en la demanda, sino en la energía. JLL sitúa los plazos medios de conexión a red por encima de los cuatro años en los principales mercados. Ese desfase temporal choca frontalmente con la velocidad a la que los hiperescalares y los operadores necesitan desplegar capacidad.
En algunos mercados, como Dublín o Texas, se han impuesto de facto modelos de “bring your own power”, en los que los operadores financian su propia generación eléctrica. En Estados Unidos, el gas natural está ganando peso como solución para aliviar las limitaciones de red, tanto como energía puente como, en algunos casos, generación permanente in situ.
Al mismo tiempo, los grandes hiperescalares ya igualan sus portfolios de centros de datos en Estados Unidos con energía renovable. En Europa, JLL destaca proyectos que combinan renovables con líneas privadas de transmisión, capaces de reducir el coste de la energía hasta un 40% frente a la red convencional.
El almacenamiento también gana protagonismo. Los sistemas de baterías permiten gestionar interrupciones de corta duración, mejorar la resiliencia operativa y, en algunos casos, acelerar los procesos de interconexión. JLL prevé que la combinación de solar y almacenamiento será un componente clave de las estrategias energéticas globales hacia 2030.
La nuclear aparece en el radar, especialmente en forma de pequeños reactores modulares, una opción que Baker McKenzie menciona como parte del debate estratégico. Pero JLL introduce un matiz relevante: una capacidad nuclear significativa no se desplegará de forma generalizada antes de la década de 2030, por lo que no resolverá las tensiones actuales del mercado.
Construcción, plazos y fricción industrial
A las restricciones energéticas se suman las dificultades en la cadena de suministro y en la ejecución de obra. Más de la mitad de los proyectos en 2025 sufrieron retrasos de al menos tres meses, a pesar de que muchos desarrolladores preordenan equipamiento con hasta 24 meses de antelación. El tiempo medio de entrega de equipos se sitúa en 33 semanas, un 50% más que antes de 2020.
La industria está respondiendo con un mayor uso de soluciones modulares. JLL estima que las ventas anuales de sistemas de construcción modular y micro data centers alcanzarán los 48.000 millones de dólares en 2030. No es una solución estructural a todos los problemas, pero sí una forma de reducir incertidumbre y ganar previsibilidad en un entorno de alta presión.
Un asunto de importancia nacional
Más allá de lo económico, ambos informes apuntan a un cambio de estatus del sector. JLL señala que la infraestructura de IA se ha convertido en un asunto de importancia estratégica nacional, con inversiones soberanas en infraestructura doméstica que podrían alcanzar los 8.000 millones de dólares en CapEx hasta 2030.
La relación con el mercado de semiconductores refuerza esta lectura: los chips de IA podrían pasar del 20% al 50% de los ingresos del sector en esta década, con un peso creciente del silicio personalizado desarrollado por los propios hiperescalares.