Bryan Cheung, cofundador de Liferay.
Bryan Cheung y por qué el código abierto sigue siendo un criterio clave de compra tecnológica en Europa
El cofundador de Liferay analiza en entrevista con DISRUPTORES - EL ESPAÑOL cómo la soberanía del dato y el control del software están redefiniendo el mercado digital y abriendo oportunidades para España.
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Bryan Cheung no es un directivo al uso dentro de la industria del software empresarial. Cofundador y exconsejero delegado -actual CMO- de Liferay, lleva más de dos décadas al frente de una compañía que ha crecido deliberadamente fuera de los carriles habituales de Silicon Valley: ni salida a bolsa, ni obsesión por el trimestre, ni plataformas cerradas como mecanismo de captura del cliente.
Liferay nació a principios de los años 2000 como un proyecto profundamente ligado a la comunidad open source, cuando ese enfoque todavía se percibía como una rareza frente a colosos propietarios como IBM, Microsoft u Oracle; más si cabe respecto a sus dos grandes rivales -Salesforce y Adobe- también pertenecientes al bloque cerrado. Dos décadas después, su plataforma de experiencia digital se ha convertido en una infraestructura habitual en administraciones públicas, banca, universidades y grandes organizaciones sometidas a marcos regulatorios estrictos.
Empero, Cheung no presenta ante DISRUPTORES - EL ESPAÑOL ese recorrido como una victoria ideológica, sino como una consecuencia lógica: “El código abierto ofrece ventajas que siguen siendo estructurales, como más innovación gracias a ecosistemas diversos, más seguridad porque hay más ojos revisando el código y, sobre todo, libertad frente al vendor lock-in”, afirma.
Lo que ha cambiado, matiza, es el nivel de exigencia: “Hoy los desarrolladores están muy ocupados y priorizan soluciones estables y de alta calidad. Eso nos obliga a competir también en experiencia, arquitectura y facilidad de uso”.
Eso sí, no varía en un ápice su visión de que la tecnología, propietaria o abierta, se reduce a una cuestión de control. Quién decide, quién audita, quién puede cambiar de rumbo sin rehacerlo todo. Y ahí es donde se siente cómodo Bryan Cheung.
Europa como territorio ideal
Ese planteamiento explica por qué Europa ocupa un lugar central en la estrategia de Liferay. El endurecimiento regulatorio, la protección del dato y el debate sobre soberanía digital han convertido al continente en un entorno especialmente exigente para cualquier proveedor tecnológico. Y si no que se lo digan a las 'big tech' que enfrentan investigaciones y sanciones por doquier en el Viejo Continente.
Lejos de verlo como una barrera, Bryan Cheung lo interpreta como una validación de su enfoque. Frente al software propietario, al que describe como una “caja negra”, el código abierto permite auditar y verificar cada componente.
“La posibilidad de que los equipos internos revisen cada línea de código proporciona un nivel de confianza que los sistemas cerrados simplemente no pueden ofrecer”, subraya. Así, en sectores donde el cumplimiento normativo es innegociable, esa transparencia deja de ser una preferencia para convertirse en una necesidad operativa. A partir de ahí, la escalabilidad y la fiabilidad se garantizan con soporte de categoría empresarial, acuerdos de nivel de servicio y una gobernanza clara.
En ese contexto europeo, la flexibilidad de despliegue y el cumplimiento legislativo también se han convertido en una pieza clave. El directivo insiste en que muchas organizaciones no pueden, o no quieren, depender exclusivamente de infraestructuras ligadas a grandes hiperescalares estadounidenses.
“Las organizaciones europeas pueden desplegar nuestra tecnología exactamente donde lo necesiten: en nube pública, privada, sectorial o en sus propias instalaciones, cumpliendo todas las normas”, explica a este medio. “Nuestro objetivo es acelerar el camino hacia regulaciones como el GDPR, no añadir fricción”. La accesibilidad forma parte de esa misma lógica estructural: “Publicamos un informe VPAT anual que anticipa los requisitos del European Accessibility Act y aporta valor real a nuestros clientes europeos”.
"Los tecnólogos españoles son técnicamente muy sólidos y, además, aportan una creatividad esencial"
El desembarco cada vez mayor de la compañía en España aparece, de este modo, como una consecuencia natural de esa visión. Cheung recuerda que la multinacional llegó atraída por la fortaleza de la comunidad open source y por una adopción temprana del software abierto que facilitaba algo crítico para una empresa de producto: encontrar talento con conocimiento profundo del ecosistema.
“Los tecnólogos españoles no solo son técnicamente muy sólidos, también aportan una creatividad esencial para desarrollar software puntero”, afirma. Con el tiempo, ese vínculo se ha consolidado hasta convertir al país en uno de los tres principales mercados globales de Liferay y en una base estratégica para apoyar el crecimiento europeo. La reciente celebración en Madrid de su conferencia global de desarrolladores es, en sus palabras, “la expresión de un compromiso profundo con un ecosistema que comparte nuestras prioridades”.
¿'Legacy' como puntal de futuro?
La tensión entre la creciente ambición digital y el necesario control sobre la misma atraviesa los grandes proyectos de transformación en los que está inmersa Liferay. Para Cheung, la herencia de su firma como plataforma de portal no es un lastre, sino una ventaja estructural.
“Nuestra plataforma es inherentemente interoperable y extensible, lo que da a los clientes la libertad de ensamblar el mejor stack tecnológico para sus necesidades sin verse forzados a entrar en silos propietarios”, explica. “Los clientes pueden usar nuestras funcionalidades o integrar otras tecnologías que encajen mejor con su contexto”.
Esa capacidad de actuar como capa de abstracción permite modernizar sistemas heredados o sustituir proveedores sin afectar a la experiencia del usuario final. “Las organizaciones pueden cambiar lo que hay por debajo sin que el usuario lo perciba”, resume el directivo.
La adopción del low-code lleva esa lógica un paso más allá. Bryan Cheung reconoce que este paradigma está cambiando de forma profunda quién puede construir soluciones dentro de las empresas: “Estamos viendo a analistas de negocio, personas que entienden el problema pero no programan, crear sus propias aplicaciones con herramientas visuales”.
"Estamos viendo a gente que entendía los problemas de una empresa, como analistas de negocio, crear sus propias aplicaciones gracias al 'low-code'"
Pero esa democratización no implica ausencia de control: “Nuestras capacidades low-code están gobernadas por IT, con un sistema de permisos granular que permite definir quién puede crear, dónde puede desplegar y qué acciones puede ejecutar”. El framework de publicación añade, además, auditoría y capacidad de reversión para evitar la proliferación descontrolada de soluciones.
Dónde queda la inteligencia artificial
La inteligencia artificial introduce una capa adicional de expectativas y riesgos. Bryan Cheung huye a las preguntas de DISRUPTORES - EL ESPAÑOL del entusiasmo fácil y aterriza el impacto en términos muy concretos.
“El beneficio inmediato es el time to market”, afirma.“Estamos viendo ciclos de creación de contenidos que pasan de días a horas”.
Frente al riesgo de dependencia de proveedores externos de IA, Cheung insiste en que la apertura de la plataforma está diseñada precisamente para evitar el lock-in. “Nuestros APIs headless son agnósticos respecto al proveedor, lo que permite integrar hoy un modelo y cambiarlo mañana si aparece otro mejor o más alineado con requisitos de soberanía”, explica.
Esa flexibilidad se acompaña de un control estricto del dato: “Cuando un usuario interactúa con una funcionalidad de IA, sus datos permanecen dentro de su instancia de Liferay. Enviamos únicamente un prompt específico; no estamos trasladando bases de datos completas a terceros”. Además, los modelos heredan los permisos del usuario que los invoca, evitando accesos indebidos y manteniendo la trazabilidad.
Comparado con gigantes como Adobe o Salesforce, Cheung reconoce que existen áreas, especialmente en capacidades orientadas al marketing, donde otros actores han madurado antes. Pero sitúa ahí una de las grandes apuestas estratégicas de la compañía: el desarrollo de una plataforma de datos que unifique la visión del cliente y nuevas capacidades de marketing de contenidos buscan cerrar esa brecha sin abandonar el enfoque abierto.
“No queremos construir una suite monolítica y cerrada”, afirma el ejecutivo de la multinacional. “Queremos ofrecer un conjunto coherente de capacidades que puedan ampliarse o sustituirse según las necesidades reales de cada organización”.
Tras más de veinte años al frente de la compañía, Cheung vuelve una y otra vez a la idea de propósito: “Construir una empresa que dure requiere una ambición que vaya más allá del éxito financiero”, en sus palabras. Esa visión explica la decisión de seguir siendo una empresa privada, sin la presión del trimestre ni la obsesión por la rentabilidad inmediata, y también iniciativas impulsadas desde los propios equipos para generar impacto en las comunidades locales. “Medimos el éxito no solo por el balance, sino por el impacto tangible que generamos”.