Tecnología de Alfa Laval.

Tecnología de Alfa Laval. Alfa Laval

Tecnológicas

El invento del siglo XIX creado para acelerar el tratamiento de la leche y que hoy impulsa la descarbonización industrial

Con 140 años de historia, la tecnología industrial de Alfa Laval se ha convertido en un motor para la eficiencia energética, la reducción de emisiones y el despliegue del hidrógeno verde en sectores industriales intensivos.

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Suecia, 1883. En la ciudad de Estocolmo, un joven ingeniero inventa una máquina capaz de separar la nata de la leche. Se trata de una centrifugadora que sustituye los métodos manuales utilizados hasta ese momento para realizar este proceso previo a la producción de mantequilla.

El inventor era Gustav de Laval, cuyo interés por la aerodinámica y la iluminación eléctrica le llevó a registrar, a lo largo de su vida, 92 patentes fruto de sus investigaciones. Es también quien da nombre a Alfa Laval, una empresa ligada a la innovación desde sus comienzos y que hoy tiene presencia en 100 países y suma alrededor de 22.000 empleados.

Volviendo a sus orígenes, la incursión de este ingeniero en el sector lácteo pronto se extendió a otras industrias que ya en el siglo XX precisaban separar elementos con diferentes densidades en un líquido. Su actividad se amplió con rapidez, al tiempo que evolucionaba la ingeniería aplicada a sus máquinas.

Hoy, su tecnología se centra fundamentalmente en “el intercambio de calor, la separación y el manejo de fluidos”, explica el director general de Alfa Laval en España, Javier Ortiz, durante la conversación que mantiene con DISRUPTORES – EL ESPAÑOL.

Tres pilares que impactan en sectores muy distintos (energía, alimentación, industria química o transporte marítimo), pero con un denominador común: mejorar la eficiencia de los procesos industriales y reducir el consumo de recursos.

Alfa Laval en España

La llegada al mercado español tuvo lugar en los años 50. Si se echan cuentas, la presencia de la compañía en nuestro país supera ya las siete décadas. Un recorrido que explica por qué muchas de las tecnologías que hoy se asocian a la transición energética llevan décadas formando parte de su actividad.

No se trata de innovaciones ligadas únicamente a los requerimientos normativos o al aumento de la preocupación por estas cuestiones. “Muchas de las soluciones que hoy promovemos para eficiencia energética o descarbonización las llevamos trabajando desde hace muchos años, están en nuestro ADN”, subraya Ortiz.

Un acervo directamente relacionado con la cultura corporativa de Alfa Laval, que deja entrever el origen sueco de la compañía. “No es solo que la normativa obligue, hay una convicción real desde los comienzos de la empresa”, apunta Ortiz, quien insiste en que la sostenibilidad no se aborda como una imposición externa, sino que “forma parte de nuestra línea estratégica, coherente con la historia del grupo”.

En España, el sector en el que iniciaron su actividad fue el marítimo. Comenzaron suministrando equipos para el tratamiento de combustibles y aceites.

Máquinas de Alfa Laval.

Máquinas de Alfa Laval. Alfa Laval

Con el tiempo, han sumado soluciones vinculadas a la transición ecológica, como sistemas para nuevos combustibles, tecnologías que permiten reducir el consumo energético de los barcos y el tratamiento de aguas de lastre.

Ortiz menciona un sistema de propulsión asistida por viento, basado en grandes velas que funcionan como alas de avión, capaces de adaptarse automáticamente a las condiciones del viento. Se trata de un proyecto para un sector donde los barcos se diseñan para operar durante 30 o 40 años, y cualquier innovación con efecto directo sobre las emisiones es relevante. 

Industria alimentaria

Otro de los ámbitos donde esta multinacional sueca tiene una fuerte presencia en España es la industria alimentaria, especialmente en el aceite de oliva. “Fuimos pioneros en la utilización de la tecnología centrífuga en el proceso del aceite de oliva”, recuerda Ortiz.

Hoy la compañía suministra líneas completas donde la separación de fluidos resulta fundamental para obtener un producto más puro, al que, además, se añaden equipos de acondicionamiento térmico que mejoran tanto la calidad como la eficiencia del proceso. “Es un conocimiento que hemos desarrollado en colaboración directa con cooperativas y productores locales”.

En este punto, la conversación con este medio se vuelve más concreta. Ortiz aborda la descarbonización en términos industriales y sostiene que “una de las grandes vías para conseguirlo es reducir la energía que se utiliza”. En sectores intensivos, como refinerías, química o petroquímica, la sustitución de tecnologías antiguas por intercambiadores de calor más eficientes puede tener un impacto inmediato.

“Nuestros equipos son mucho más compactos y eficientes que los métodos tradicionales”. El potencial, dice Ortiz, es enorme: “A escala mundial, si se sustituyeran los intercambiadores antiguos por tecnología moderna, la reducción de emisiones de CO₂ sería equivalente a todas las emisiones de España en un año”.

Ese conocimiento también lo están aplicando a la industria cervecera. Ortiz explica que están desarrollando un sistema que permite concentrar la cerveza hasta en un 20%, de modo que el transporte se realiza con cinco veces menos volumen de agua. “Cuando llegas al punto de consumo es donde se vuelve a diluir”, detalla.

El impacto es doble: por un lado, una reducción de hasta el 80% en los costes de transporte y, por otro, una disminución directa de las emisiones asociadas a la logística. El sistema ya funciona en mercados como Japón y se están realizando pruebas con cerveceras en España para su implantación.

Hidrógeno verde y transición energética

El hidrógeno verde ocupa un espacio propio. “Sigue habiendo bastante consenso en que es una de las soluciones para los sectores más difíciles de descarbonizar”, indica Ortiz, aunque reconoce que el despliegue se ha ralentizado por costes y madurez tecnológica.

Para impulsarlo, Alfa Laval ha creado una unidad de negocio específica para hidrógeno verde y trabaja en ámbitos como la producción de agua para electrólisis, la refrigeración de electrolizadores o el almacenamiento y repostaje. “El coste del hidrógeno verde hoy todavía no es competitivo, necesitamos más eficiencia y más innovación”, resume.

España aparece, en este punto, como un territorio con ventaja. “Tenemos una gran capacidad de renovables y eso nos coloca en muy buena posición”, afirma Ortiz, que cita proyectos industriales donde la economía de escala y la demanda cercana pueden marcar la diferencia.

De cara a los próximos meses, Alfa Laval seguirá trabajando en sistemas de mejora de eficiencia energética, bombas de calor industriales, producción sostenible de alimentos y biocombustibles. Entre sus proyectos, destaca el de la planta de biocombustibles de Moeve en Huelva, a la que suministran equipos de pretratamiento para producir combustible sostenible para aviación.

A todas estas líneas de trabajo se suma un reto cada vez más transversal: el agua. “Tenemos que ser capaces de transformar la industria para utilizar mucha menos agua, reutilizarla y ser mucho más conscientes de su uso”, señala Ortiz, que apunta a proyectos de reutilización y vertido cero como una de las áreas de actuación con mayor recorrido.

El hilo que une todos estos desarrollos es la colaboración. Para Ortiz, acelerar la transición industrial pasa por trabajar junto a clientes, centros de investigación y socios tecnológicos. “Ninguna de estas soluciones se hace sola”, concluye.

Una lógica acorde con la historia de una compañía que empezó separando elementos en el sector lácteo y que hoy aplica esa misma ingeniería, más compleja y estratégica, a algunos de los grandes desafíos que tiene por delante la industria.