Raquel Lebrero y Raúl Muñoz, investigadores del Instituto de Procesos Sostenibles de la Universidad de Valladolid (UVa), parte del equipo que ha recibido el IV Premio Fundación Naturgy-CSIC.

Raquel Lebrero y Raúl Muñoz, investigadores del Instituto de Procesos Sostenibles de la Universidad de Valladolid (UVa), parte del equipo que ha recibido el IV Premio Fundación Naturgy-CSIC. DISRUPTORES

Investigación ENTREVISTA

Investigadores españoles logran producir más biometano con residuos que la digestión anaerobia no puede aprovechar

El equipo de la Universidad de Valladolid, liderado por Raúl Muñoz, ha desarrollado una tecnología ya preparada para escalar que incorpora nuevas materias primas a la producción de este gas renovable.

Más información: Los investigadores españoles que quieren reducir el coste de los electrolizadores de hidrógeno

Publicada
Actualizada
Las claves

Las claves

Investigadores de la Universidad de Valladolid desarrollan nuevas técnicas para aprovechar residuos que la digestión anaerobia no utiliza y así producir más biometano.

La innovación combina la gasificación de materiales descartados y un proceso biológico con microorganismos para transformar el gas resultante en metano.

España tiene potencial para cubrir el 45% de su demanda de gas con biometano, pero su producción actual es mínima debido a falta de infraestructuras y desconocimiento social.

El equipo ha superado la fase de prueba de concepto y colabora con empresas para escalar la tecnología y facilitar su implantación industrial.

La dependencia energética de Europa no es nueva, sí lo es la urgencia por reducirla tras la invasión rusa de Ucrania. Desde entonces, la búsqueda de alternativas al gas fósil se ha convertido en una prioridad de Bruselas y de los Estados miembros.

Una de las respuestas es la electrificación de la economía, pero no es la única. Las soluciones también pasan por encontrar alternativas renovables capaces de producir gas para aquellos sectores donde sea necesario, como ocurre con el transporte marítimo, la industria cerámica o la del acero.

Entre ellas, el biometano se ha convertido en una de las grandes apuestas de Europa, pero existe un problema: la materia prima con la que se produce tiene un límite.

Actualmente, la mayor parte de este gas renovable se obtiene de residuos orgánicos biodegradables tratados mediante digestión anaeróbica. Una metodología más que consolidada, pero que deja fuera materiales con potencial energético que no pueden aprovecharse con este método.

"Europa se ha marcado objetivos muy ambiciosos de generación de biometano, pero para alcanzarlos necesitamos ampliar las materias primas disponibles", explica Raúl Muñoz, catedrático de Tecnologías del Medio Ambiente e investigador del Instituto de Procesos Sostenibles de la Universidad de Valladolid (UVa). "Si seguimos dependiendo únicamente de los recursos que hoy utiliza la digestión anaerobia, será muy difícil conseguirlos".

Residuos para producir más biometano

Ese es el reto que lleva años tratando de resolver el equipo que dirige Muñoz. Y la premisa desde la que trabajan cambia la perspectiva: no consiste en identificar residuos que pueden tratarse con las soluciones actuales, sino en desarrollar nuevos sistemas capaces de emplear los que se quedan fuera.

Para conseguirlo, los investigadores cuentan a este medio que combinan dos procesos. Primero, la gasificación transforma esos materiales en un gas de síntesis rico en monóxido y dióxido de carbono; y después, un conjunto de microorganismos convierte ese gas en metano mediante un método biológico que el grupo lleva años perfeccionando. Esta última es la parte más innovadora.

"Si sólo usamos los recursos que utiliza la digestión anaerobia, será muy difícil generar más biometano"

Raúl Muñoz, investigador del Instituto de Procesos Sostenibles de la Universidad de Valladolid (UVa),

"No queremos competir con las tecnologías que ya existen; queremos complementarlas", explica Raquel Lebrero, también catedrática e investigadora del mismo equipo. "Existen muchos residuos que hoy no pueden aprovecharse mediante digestión anaerobia y pueden incorporarse a la producción de biometano siguiendo otra ruta".

En la práctica, eso significa -enumera Lebrero- poder utilizar restos forestales, biomasa lignocelulósica, la fracción resto de los desechos urbanos, determinados lodos industriales o incluso algunos plásticos que hoy, en muchos casos, terminan en vertederos o reciben tratamientos que desaprovechan buena parte de su potencial energético.

Más que descarbonización

Además de la innovación tecnológica, su planteamiento va más allá y encaja con los principios de la economía circular: convertir en fuente de carbono unos residuos que hasta ahora carecían de valor. El resultado, así, es doble: se reducen emisiones y, al mismo tiempo, se abre una nueva vía para reducir la dependencia energética y reforzar la autonomía europea.

Para Muñoz, esta es la verdadera dimensión del biometano. "No sólo hablamos de descarbonización, hablamos de seguridad energética. Cuanto mayor sea nuestra capacidad para producir aquí [en Europa] el gas que necesitamos, menor será nuestra dependencia del exterior".

"No sólo hablamos de descarbonización, hablamos de seguridad energética"

Raúl Muñoz, investigador del Instituto de Procesos Sostenibles de la Universidad de Valladolid (UVa),

El potencial de esta tecnología, añade, reside precisamente en ampliar el abanico de materias primas disponibles para producir un combustible renovable sin competir por las que ya utiliza la digestión anaerobia.

"Europa se ha fijado unos objetivos muy ambiciosos y, para alcanzarlos, necesitamos usar muchos más recursos de los que utilizamos hoy", subraya. No es un reto menor si se tiene en cuenta que, como recoge el plan RepowerEU de la Comisión Europea, la previsión para 2030 es producir 35.000 millones de metros cúbicos anuales de biometano. Una cifra muy lejana de los 4.900 millones de 2023.

El potencial que España no aprovecha

En este punto de la entrevista, es inevitable la pregunta sobre lo que ocurre en España. El gesto de ambos investigadores anticipa que la respuesta no es halagüeña. Cuentan que nuestro país tiene un enorme potencial para producir biometano gracias a la disponibilidad de desechos agrícolas, ganaderos, forestales y urbanos, pero -y aquí viene el varapalo- su desarrollo sigue muy por detrás del de otros países europeos.

Una paradoja que recogen los datos de la patronal del sector, Sedigas: nuestro país sería capaz de producir hasta 163 TWh de biometano al año, suficiente para cubrir alrededor del 45% de la demanda nacional de gas. Sin embargo, en los últimos doce meses la producción real apenas superó los 410 GWh, el 0,12% del consumo nacional.

"Existe un importante desconocimiento social sobre qué es realmente una planta de biometano"

Raquel Lebrero investigadora del Instituto de Procesos Sostenibles de la Universidad de Valladolid (UVa),

Para Muñoz, “el problema no está tanto en la tecnología como en el contexto que rodea su implantación.". A lo que se une una apreciación de la investigadora Raque Lebrero: "Existe un importante desconocimiento social sobre qué es realmente una planta de biometano y, en ocasiones, se mezclan debates completamente distintos", explica

A ello se suman unos procesos administrativos largos y la falta de infraestructuras que permitan inyectar el gas renovable en la red, factores que, en su opinión, ralentizan el despliegue de nuevos proyectos.

Listos para escalar

Pese a estas dificultades, el grupo de la Universidad de Valladolid ya ha demostrado su vocación por la transferencia tecnológica. Lo que les ha llevado a participar en iniciativas europeas de gran escala, desarrollar plantas piloto, registrar patentes e impulsar incluso una spin-off.

Esta trayectoria -resultado de años de trabajo- explica el reciente reconocimiento recibido con el IV Premio Fundación Naturgy-CSIC, que permitirá acelerar la maduración de esta nueva tecnología. "No entendemos la investigación como un fin en sí mismo", afirma Muñoz. "Nuestro objetivo es diseñar tecnologías que puedan utilizar las empresas y que acaben teniendo un impacto real en la sociedad".

"Nuestro objetivo es diseñar tecnologías que puedan utilizar las empresas y tengan un impacto real en la sociedad"

Raúl Muñoz, investigador del Instituto de Procesos Sostenibles de la Universidad de Valladolid (UVa),

Un planteamiento que también les ha abierto la puerta a colaborar con empresas como FCC Aqualia, FCC Medio Ambiente, Urbaser o FACSA para validar distintas tecnologías relacionadas con la valorización de gases y la producción de biometano.

La fase de la prueba de concepto ya está superada, el siguiente reto es demostrar que su propuesta puede escalar. Para conseguirlo, ahora trabajan en optimizar los biorreactores, mejorar la eficiencia y acercar la tecnología a un nivel de madurez que facilite su implantación industrial.

El objetivo, concluye Muñoz, va más allá del éxito científico. "Queremos que esta investigación salga del laboratorio y llegue a la sociedad. Sólo entonces tendrá sentido todo el trabajo que hay detrás".