Pintura rupestre de la Cueva de Altamira.

Pintura rupestre de la Cueva de Altamira. Unesco

Investigación

Así ayudará un gemelo digital a preservar 36.000 años de arte rupestre en la cueva de Altamira

Modelos tridimensionales, sensores en tiempo real y décadas de información científica para la conservación predictiva de este enclave arqueológico.

Más información: Dentro de Dataland, el primer museo del mundo donde cada visita es una obra de arte única creada con inteligencia artificial

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Las claves

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La cueva de Altamira alberga arte rupestre de hasta 36.000 años y es Patrimonio de la Humanidad desde 1985.

El Ministerio de Cultura desarrolla un gemelo digital con inteligencia artificial para preservar las pinturas de Altamira.

El sistema integra datos tridimensionales, ambientales e históricos para monitorizar y anticipar riesgos de deterioro.

Modelos predictivos permiten a los investigadores tomar decisiones rápidas para proteger este patrimonio único.

Se la conoce como la “Capilla Sixtina del arte rupestre”. Las pinturas de bisontes, caballos, ciervas y otros animales, realizadas entre hace 36.000 y 14.000 años, son de tal calidad que, cuando el arqueólogo santanderino Marcelino Sanz de Sautuola, las dio a conocer a finales del siglo XIX, muchos científicos negaron su autenticidad.

No concebían que los primeros Homo sapiens tuvieran la capacidad intelectual, ni artística, para dibujar obras que aprovechaban la forma de las piedras para darles realismo. Su reconocimiento llegó cuando en Francia se hizo un hallazgo similar.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1985, la Cueva de Altamira alberga algunas de las pinturas rupestres más famosas del mundo.

Se han conservado casi intactas durante miles de años gracias a su aislamiento del exterior, un equilibrio que se vio ligeramente alterado tras su apertura al público en el siglo XX.

El calor corporal, la humedad y el dióxido de carbono que emiten las personas; o los cambios de temperatura y aparición de microorganismos afectaron a las condiciones que hasta ese momento habían conservado las pinturas durante milenios.

Un frágil equilibrio

Preservar ese frágil equilibrio es también un reto tecnológico. El Ministerio de Cultura está desarrollando, junto con Ineco, un gemelo digital de la Cueva de Altamira reforzado con herramientas de inteligencia artificial.

Hoy, este enclave arqueológico es un laboratorio de investigación para saber más de las poblaciones que habitaron Europa en el Paleolítico, pero también un centro de pruebas donde desarrollar nuevas técnicas de conservación, que posteriormente la Unesco traslada a otros enclaves Patrimonio de la Humanidad.

¿Por qué no se puede visitar?

La fragilidad de su microclima llevó al cierre temporal de la cueva en 1977. Tras un periodo de acceso restringido, en 2002 se puso fin a las visitas turísticas para preservar unas pinturas cuyo valor reside, precisamente, en que nunca se han restaurado. Actualmente, se puede visitar la Neocueva, una reproducción fiel a la original en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira.

Durante décadas, estas técnicas se han basado en vigilar la cueva para comprobar su estado de forma continuada. Para ello, se instalaron sensores para registrar variables como la temperatura, la humedad relativa, el CO2 o el radón. Unos datos a los que se sumaban análisis microbiológicos, geológicos, observación de las pinturas y escaneados en 3D.

Gracias a esta información, los investigadores podían detectar cambios y planificar medidas de protección. Sin embargo, faltaba una herramienta que les permitiera anticiparse a lo que podría suceder, y no actuar únicamente sobre lo ya ocurrido.

El gemelo digital de Altamira

Este salto es el que pretende dar el proyecto impulsado por el Ministerio de Cultura, y ejecutado por Ineco. La iniciativa se basa en una plataforma que integra la geometría tridimensional de la cueva, modelos BIM, información geoespacial y datos medioambientales del interior de la cavidad que recogen los sensores en tiempo real.

Este sistema funciona como los gemelos digitales que ya se usan, por ejemplo, en entornos industriales para anticipar averías, pero en esta ocasión aplicado a la conservación de un patrimonio de más de 14.000 años de antigüedad.

“Todo ello se complementa con el valioso archivo histórico y científico del museo, permitiendo por primera vez disponer de una visión global, precisa y continuamente actualizada del estado de la cueva”, detallan desde Ineco.

Uno de los principales avances es la incorporación de modelos predictivos basados en inteligencia artificial. Estos sistemas analizan variables como la concentración de CO₂ o de radón, junto con décadas de datos históricos, para detectar patrones y anticipar posibles alteraciones antes de que afecten a las pinturas.

Además, la plataforma es accesible desde cualquier dispositivo autorizado, lo que permite a investigadores y equipos técnicos “consultar la información en tiempo real, visualizar la evolución de los distintos parámetros ambientales y tomar decisiones con mayor rapidez, coordinación y rigor científico”.

Esta capacidad predictiva, según Ineco, mejorará la gestión de los protocolos de actuación y facilitará la toma de decisiones para minimizar el riesgo de deterioro de este patrimonio excepcional del arte rupestre.