El ambiente en la primera jornada de Advanced Factories 2026.

El ambiente en la primera jornada de Advanced Factories 2026.

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Advanced Factories abre su décima edición con un llamamiento a una estrategia nacional de industria

El congreso que congrega a más de 33.000 profesionales abre con un diagnóstico unánime entre políticos, patronales y agentes productivos: sin una estrategia industrial de Estado, Europa pierde la carrera contra China y EEUU.

Más información: Víctor Blanc (Advanced Factories): "Será la edición más hiperautomatizada y robotizada con el foco puesto en las pymes"

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Las claves

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Advanced Factories celebra su décima edición en Barcelona, reuniendo a más de 33.000 profesionales y 758 empresas expositoras que presentan casi 1.700 soluciones tecnológicas.

La feria destaca el avance de la automatización y la robótica industrial, con robots humanoides y sistemas de inteligencia artificial aplicados ya en fábricas reales de Europa, EE.UU. y China.

Se hace un llamamiento a una estrategia nacional de industria y a políticas públicas que incentiven la demanda de tecnología, especialmente en un entorno dominado por pymes.

Cataluña superó por tercer año consecutivo los 100.000 millones de euros en exportaciones, a pesar de los retos como aranceles y crisis sectoriales, gracias a la rápida reacción empresarial.

¿Pueden Europa y España seguir compitiendo en el terreno industrial? ¿Estamos avanzando al ritmo innovador que exige un escenario geoeconómico cada vez más convulso e impredecible? ¿Hasta qué punto la apuesta por la autonomía estratégica y la digitalización del sector fabril es una realidad tangible? Hay muchas preguntas sobre la mesa cuando uno se aproxima al siempre dinámico ecosistema industrial patrio, congregado esta semana en Barcelona alrededor de Advanced Factories.

Esta feria es buen testigo de cómo ha ido evolucionando este sector en su imprescindible confluencia con las tecnologías digitales pujantes del momento, llámesele gemelo digital hace unos años, llámesele inteligencia física ahora. Nació en apenas 3.000 metros cuadrados y menos de 80 empresas expositoras hasta ser la cita de referencia para más de 33.000 profesionales, 758 firmas expositoras que muestran 1.697 soluciones tecnológicas.

Muchas de ellas, como confiesa a un servidor su director general -Albert Planas- llegadas directamente de Hannover Messe. Y, por el lado de la demanda, centenares de casos de uso y proyectos en curso que desfilan por el pabellón de Fira Barcelona en ese particular juego de aprendizaje y colaboración conjunta que caracteriza a esta colectividad.

Más allá de los números, los brazos articulados que llevan décadas soldando carrocerías de automóviles o apilando cajas en almacenes son ahora los encargados de dar la bienvenida a todos los asistentes en un pasillo de pretendido marcado futurista.

Dentro, robots humanoides por doquier: figuras bípedas, de movimientos aún algo tentativos pero inequívocamente eficaces, que hace apenas dos años solo existían en presentaciones de laboratorio y que hoy empiezan a aparecer en pilotos reales dentro de fábricas de Estados Unidos, China y, tímidamente, Europa.

Carlos Méndez, presidente de Advanced Factories, los mencionó en su discurso inaugural como lo que son: no una curiosidad para impresionables neófitos en el sector, sino una señal de que la curva de adopción de la robótica está a punto de volver a acelerarse de un modo que muy pocos habían previsto hasta la fecha.

Pero si algo es prueba de la madurez de una integración que hasta hace poco parecía aspiracional, esa es la convergencia real entre los sistemas de información de las empresas y sus sistemas operativos de planta, lo que el sector llama IT/OT. Gemelos digitales que replican en tiempo real el comportamiento de una línea de producción entera; visión artificial capaz de detectar defectos que el ojo humano no alcanzaría a ver en cadencias de producción masiva. Aprendizaje automático que anticipa averías antes de que se produzcan y elimina esas paradas no programadas que se comen los márgenes.

Casos de uso concretos los hay en estos lares por docenas, como anticipábamos. Volkswagen, Renault, Mercedes-Benz, Airbus, Coca-Cola, Repsol, Novo Nordisk son sólo algunos de los nombres más destacados: empresas de sectores radicalmente distintos que venían a contar, en primera persona y con sus propios directivos al micrófono, cómo habían resuelto el tránsito de una planta analógica a una planta inteligente. Hablando en plata: el conocimiento compartido como atajo para no repetir errores caros.

Empero, el tono político de la jornada ha sido imposible de soslayar, porque llevaba razón de ser. Méndez habló en ese sentido de que la automatización industrial debe ser una cuestión de política de Estado, no una decisión que cada empresa tome en solitario mirando sus propios números.

Las grandes potencias lo están entendiendo así. La asociación americana de robótica estuvo la semana pasada ante el Congreso de los Estados Unidos defendiendo una estrategia nacional, programas de I+D y grandes inversiones públicas. La VDI alemana, la mayor organización de ingeniería de Europa, lleva meses advirtiendo del peligro que corre el continente en esta carrera global. Y Alicia Asín, vicepresidenta de AMETIC, alertó de que el 80% de las patentes de inteligencia artificial generativa son de China, India y Estados Unidos. Una cifra que no deja en buen lugar, precisamente, al Viejo Continente.

"Tenemos estímulos para generar oferta tecnológica, pero no los suficientes para generar demanda", dijo Asín, poniendo el dedo en la llaga, en el nudo gordiano que lleva años sin cortarse: aquí se financia la investigación, pero no se construye el mercado que la absorba. Y en un ecosistema donde el 99% del tejido empresarial son pymes, esa demanda no se genera sola, como resulta evidente. Si a ello le añadimos, como reconoció Pilar González, del CDTI, la falta de una hoja de ruta clara y compartida, la receta está lista para la crónica de un desastre anunciado.

El conseller catalán Miquel Sàmper llegó a la cita con los deberes hechos, sabedor de que esta cuestión iba a ser transversal en el evento. Propuso a la sazón un Pacte Nacional per a la Indústria con vigencia 2026-2030, firmado con patronales, sindicatos, universidades, centros tecnológicos y cámaras de comercio, diseñado expresamente para sobrevivir a los gobiernos.

Y lo ilustró con el dato de resiliencia que más necesitaba el público que tenía delante: Cataluña superó por tercer año consecutivo los 100.000 millones de euros en exportaciones, y lo hizo en un ejercicio marcado por los aranceles americanos sobre el acero, el aluminio y la automoción, y por una crisis de peste porcina que afectó al segundo sector manufacturero de la región.

"La empresa tuvo la capacidad de reacción inmediata, rápida, que nos permitió superar esos condicionantes", reconoció el conseller. Quizás esa acción empresarial sea la que ahora deba recibir el espaldarazo público para recuperar la competitividad industrial europea de la que antaño hacíamos gala...