Cáscaras, pieles de distintas frutas y otros tantos residuos alimenticios podrían viajar muy pronto de los cubos de basura al sector de la construcción.
Los top semanales del Índice de la Digitalización: de residuos alimenticios a material de construcción para edificios
El Consenso de Tendencias analiza informes internacionales que subrayan las brechas que existen en la aplicación de la IA en el entorno empresarial.
Más información: Wake Up Box: la nueva herramienta para el 'reskilling' permanente de los líderes empresariales
Cáscaras, pieles de distintas frutas y otros tantos residuos alimenticios podrían viajar muy pronto de los cubos de basura al sector de la construcción, donde aspiran a convertirse en material de fabricación de los edificios del futuro. Esa es la propuesta de un equipo de científicos de la Universidad de Pennsylvania, que investiga la transformación de desperdicios comestibles en materiales de construcción biodegradables. Estos biocompuestos, creados principalmente con pieles de cítricos, piña o melón, sustituyen a otros elementos más contaminantes y, además, aportan propiedades inéditas, como la emisión de aromas naturales o la variación de color según las condiciones ambientales.
Esta es solo una de las innovaciones que reúne esta semana Wake Up BOX, la herramienta de reskilling que aloja el índice de digitalización Inndux 500 y publica los análisis más completos de decenas informes internacionales, agrupados en el Consenso de Tendencias. En el top 10 de esta semana, y además del reciclaje de desperdicios alimenticios para la fabricación de material de construcción, figuran un sistema que mide la contaminación del tráfico en tiempo real con cámaras y datos móviles, un gemelo digital que simula invernaderos para mejorar el diseño de robots recolectores, y un novedoso método que hace ‘brillar’ virus para controlar la desinfección del aire.
Al mismo tiempo, y como es bien sabido, la adopción de la inteligencia artificial en el entorno empresarial ha pasado de una fase experimental a otra de despliegue operativo en múltiples sectores. No obstante, incluso en los puestos de trabajo más expuestos, la IA solo cubriría en torno al 33% de las tareas, lo que evidencia una brecha significativa entre la capacidad tecnológica y su uso efectivo. Así lo recoge el último informe sobre Talento y Casos de Éxito publicado esta semana en Wake Up BOX, donde se expone además que los beneficios de la productividad derivados de la IA se concentran casi exclusivamente en perfiles avanzados, una realidad que amplía la diferencia de rendimiento dentro de las organizaciones en lugar de reducirla.
Transformar cáscaras en material de construcción
El desarrollo de la Universidad de Pennsylvania se asienta sobre un proceso muy claro. Primero se recolectan los residuos alimenticios, como cáscaras de huevo o pieles de frutas, sin que lleguen a convertirse en desechos. Después se secan, trituran y unen con aglutinantes naturales que facilitan su adhesión.
El resultado es una nueva generación de biocompuestos que puede utilizarse para distintas aplicaciones, como fabricación de paneles, revestimientos o elementos de aislamiento. Aun así, también se investiga su uso en soluciones más avanzadas, como la creación de piezas que cambian de color para detectar la contaminación o de superficies que favorecen la captura de carbono.
En relación con esto último, un equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha logrado radiografiar casi en tiempo real la contaminación que genera el tráfico en las grandes ciudades. Las pruebas se llevaron a cabo en Nueva York, y se usaron cámaras urbanas y datos anónimos de teléfonos móviles.
Gracias a ello se ha obtenido un preciso mapa de las emisiones que permite incluso consultar los niveles de contaminación por calle y hora, lo que mejora con creces a cualquier sistema tradicional. Este método, respetuoso además con la privacidad de la ciudadanía, emerge así pues como un recurso clave para evaluar el impacto real de las políticas urbanas.
Un método que hace ‘brillar’ a los virus en el aire
Sobre la detección de partículas contaminantes, investigadores de la Universidad de Michigan han desarrollado también un método que mide en minutos la eficacia de la desinfección del aire, un proceso que hasta ahora podía llevar horas. La técnica se basa en el análisis de las partículas virales, que ‘brillan’ al ser iluminadas con luz ultravioleta.
Además, cuanto más activo está el virus mayor es la luz que emite, lo que permite estimar rápidamente cuál es su capacidad de contagio sin necesidad de pasar por el laboratorio. Un avance que podría acelerar el desarrollo de purificadores más eficaces y mejorar la respuesta ante futuras enfermedades respiratorias.
Los residuos pueden convertirse en una valiosa materia prima para una edificación más sostenible.
Por último, investigadores de la Universidad de Wageningen, en Países Bajos, trabajan en un gemelo digital que mejora el diseño de robots recolectores de tomates en invernaderos. Este sistema reproduce de forma digital la interacción entre máquinas y plantas, e incorpora variaciones reales como el crecimiento de los cultivos, la posición de los frutos o la forma de las hojas.
Ello permite realizar pruebas en un contexto, el agrario, donde los ensayos físicos son difíciles de controlar, y facilita la evaluación de cambios en el diseño y entrenamiento de los robots, con el objetivo de hacer más eficiente su aplicación en la agricultura.
Las brechas de la IA en el ámbito empresarial
Aunque la adopción de la inteligencia artificial en el entorno laboral se ha acelerado en los últimos dos años, su impacto real dista de ser uniforme. De hecho, incluso en los puestos más expuestos a esta tecnología apenas se cubre un tercio de las tareas disponibles. Una brecha que, tal y como se explica en el último informe sobre Talento y Casos de Éxito publicado esta semana en Wake Up BOX, revela un ajuste más lento de lo esperado de las capacidades de la IA en el ámbito empresarial. Al mismo tiempo, las ganancias de productividad no se reparten por igual y benefician sobre todo a perfiles más cualificados.
Este desfase entre potencial y resultados sería estructural, según analizan los documentos internacionales que recoge el informe, en los que se destaca también que los mayores avances se concentran en entornos donde la IA se integra directamente en procesos completos, y especialmente en áreas como la cadena de suministro o la industria. Ejemplos como el de la multinacional taiwanesa Foxconn, que ha logrado reducir a la mitad la carga operativa en determinados procesos, ilustran que el verdadero valor surge cuando la inteligencia artificial deja de ser una herramienta puntual y se convierte en parte del funcionamiento central de la organización.
Junto a estos cambios visibles, emerge una transformación más silenciosa en la infraestructura de las empresas. La expansión de la inteligencia artificial pone el foco en factores como la capacidad de cómputo, el acceso a datos y la conectividad, que se vuelven decisivos para escalar su uso. En este contexto, sectores tradicionalmente menos rentables, como las telecomunicaciones, están ganando protagonismo en la cadena de valor. Esta evolución, según se desprende del informe sobre Talento y Casos de Éxito publicado en Wake Up BOX, redefine dónde se genera valor y cómo deben adaptarse las decisiones empresariales.