La mano biónica de Psyonic.

La mano biónica de Psyonic.

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Psyonic: la mano negra biónica que aprieta con fuerza y puede sostener una fresa sin aplastarla

El CEO Aadeel Akhtar muestra las habilidades de su ‘Ability Hand’ con ayuda de su director de marketing, Dale DiMassi, que nació sin una mano y es un usuario cotidiano: "Me ayuda en mi vida diaria. Me empodera".

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Houston (EEUU)
Publicada
Las claves

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La mano biónica Ability Hand de Psyonic es capaz de realizar movimientos precisos, como sostener una fresa sin aplastarla y apretar con fuerza objetos pesados.

Equipada con 30 sensores táctiles y seis motores, la prótesis permite a los usuarios sentir vibraciones que imitan el sentido del tacto y ofrece retroalimentación natural.

El dispositivo es resistente, puede ser utilizado tanto por humanos como por robots, y ya cuenta con más de 300 usuarios humanos, además de colaboraciones con empresas como NASA, Meta, Google y Toyota.

La mano biónica está cubierta por Medicare en Estados Unidos, tiene un coste entre 10.000 y 20.000 dólares y puede controlarse por sensores musculares, app móvil e incluso implantes cerebrales en desarrollo.

Fijándose en su aspecto y expresividad, cabría apostar a que el doctor Aadeel Akhtar, CEO y fundador de Psyonic, es un aspirante a estrella del rock. En cambio, la persona que lo acompaña, Dale DiMassi, con una tímida sonrisa mientras habla, podría pasar por el científico descolocado ante el interés mediático, que está deseando explicar lo suyo lo más rápido posible para regresar corriendo al laboratorio. Y entre medias de ambos, esa impresionante mano negra, biónica, que baila ante los ojos con hipnóticos movimientos de sus dedos. Cinco dedos que se asemejan totalmente a una mano humana con pulgar oponible.

DISRUPTORES tuvo oportunidad de conversar con ellos en Houston, en el evento 3DExperience de Dassault Systèmes, y de conocer de primera mano el funcionamiento de una extremidad artificial sorprendentemente evolucionada.

DiMassi es “director creativo de marketing en la empresa, y también es un usuario de la Ability Hand”, en palabras de su jefe. También un irresistible polo de atracción para la mirada por esa otra mano biónica engarzada de verdad en su antebrazo. En su caso es blanca y con envoltura semitransparente para mostrar lucecitas internas encendiéndose y apagándose, “para que se vea cómo es la actividad” cuando hay movimiento.

El creativo de marketing es un usuario real y avanzado del producto que desarrolla su compañía. Este periodista aprovechó para estrecharle la mano y sentir cómo puede ser un firme apretón de un apéndice biónico, controlado por sensores conectados al muñón de un amputado. Aunque no es el caso de DiMassi: “Yo nací sin mi mano derecha. De pequeño usé varias prótesis. Usé una de las primeras prótesis mioeléctricas en los años 80. Era pesada, voluminosa, no muy práctica para mí, siendo tan activo. Se rompía con frecuencia y tardaban meses en repararla. Para cuando la recuperaba, ya había olvidado cómo usarla. Así que dejé de usar prótesis por más de 30 años”.

“Cuando vi lo que esta mano podía hacer, quise saber más. Contacté a Aadeel y esa relación me llevó a unirme a la empresa como director creativo de marketing”, prosigue. “Y sí, la uso todos los días. Me ayuda en mi vida diaria, me permite sostener cosas y liberar mi otra mano. También ayuda socialmente, porque normalmente la gente siente lástima al ver a alguien sin un miembro. Con esta mano, la conversación cambia: ya no preguntan ‘¿qué te pasó?’, sino ‘¡qué dispositivo tan genial!’. Y quieren saber cómo funciona. Eso te da empoderamiento. Queremos que los usuarios sientan orgullo”.

Sensores y vibraciones

Puestos a hacer pruebas, este periodista también invitó a DiMassi a escribir de puño y letra sobre un cuaderno su propio nombre, para “no publicarlo con algún error”. En este caso el error estuvo en la esperanza de verle y fotografiarlo empuñando el bolígrafo con su mano artificial, cuando en realidad es zurdo por obvias razones de nacimiento. Aun así parece posible que fuera capaz de escribir, según explica la mecánica de funcionamiento.

“Aquí pueden verse los sensores táctiles incrustados en los dedos. Cuando los toco, se ve una luz. Y hay un motor aquí que vibra”, detalla, mostrando la actividad. “Es como cuando su teléfono vibra en el bolsillo. Es similar, pero contra mi piel. Cuando agarro algo, siento esa vibración. Eso me da confianza, porque sé que tengo un buen agarre. Con otras prótesis debía moverme lentamente y concentrarme mucho. Con la retroalimentación táctil todo es más natural y más similar a una mano real”.

Dale DiMassi y Aadeel Akhtar.

Dale DiMassi y Aadeel Akhtar.

El movimiento lo provoca activando sus propios músculos. “Sí. Hay un sensor en el exterior del antebrazo y otro en el interior. Cuando flexiono un músculo, envía la señal para abrir la mano; cuando flexiono el otro, la cierra”. El movimiento es voluntario. “Es similar a flexionar o extender la muñeca. Aunque no tenga esa parte del brazo, tengo los músculos. Si pusiéramos los sensores en su antebrazo, podría hacer el movimiento y controlar la mano”, asegura.

“Si sostienes esto por abajo, ¿sientes la vibración? Ese es el tipo de sensación que él recibe”, interviene Aadeel Akhtar, ofreciendo tocar la mano negra que sostiene y agita durante toda la conversación. El creador del dispositivo aclara que cuenta con “seis motores y 30 sensores”. Lleva diez años produciendo “iteraciones” con el software 3D de SolidWorks y lo que muestra es su “generación 9.5”.

Siempre “es la misma vibración, pero un toque suave produce una vibración leve, y un toque fuerte, otra más intensa, aunque solo hay un motor. Podemos transmitir los 30 sensores táctiles de manera independiente. Y ya lo conectamos a implantes cerebrales. Salió en Good Morning America hace dos meses, con pacientes paralizados. Con solo pensar podían mover cada dedo, y cuando los vendaban [los ojos], al tocarles los dedos del dispositivo identificaban en qué dedo era, porque estimulaba la zona correspondiente del cerebro”.

DiMassi no dispone de esta última ventaja cerebral: “Tengo solo dos entradas, abrir y cerrar. Pero puedo cambiar de agarres y eso permite animar la mano o mover solo el pulgar, por ejemplo. Pero no muevo un dedo individual con un músculo específico. Eso cambia entre patrones predefinidos”.

Duras pruebas de resistencia

“Esta Ability Hand es nuestro producto más reciente. Mueve los cinco dedos y también rota el pulgar. Estoy usando estos dos botones para controlarla”, dice Akhtar, mostrando la parte inferior de la extremidad. “Si yo no tuviera mi mano, la forma más común de controlarla sería con los dos sensores musculares”.

Prosigue la exhibición de gestos y habilidades: “Podemos cambiar entre diferentes agarres. Aquí, por ejemplo, está el pellizco”, señala, haciendo coincidir las yemas de índice y pulgar. “Si estoy en un concierto de rock, puedo hacer el ‘rock on’”, señala, haciendo que se extiendan índice y meñique, mientras los otros tres dedos se recogen sobre la palma (un gesto que en España también tiene significado ofensivo). “Y uno de los favoritos de nuestros usuarios es la ‘ola con los dedos’, donde puede verse que se mueven [acompasadamente], o pueden hacer una ola lenta”.

Dale DiMassi y Aadeel Akhtar en otra imagen muestran la mano biónica.

Dale DiMassi y Aadeel Akhtar en otra imagen muestran la mano biónica.

Todo ello lleva a Akhtar a subrayar que “los dedos son muy flexibles, puedo tomar esto [un objeto sobre la mesa] y aplastarlo. La he dejado caer desde diez metros, desde el techo de una casa. Ha sobrevivido. La he pisado. La puse en una secadora durante diez minutos. Hemos hecho pruebas rompiendo tablas en llamas. Fue con tres tablas de madera, las encendimos y uno de nuestros usuarios las rompió de un puñetazo. Y la mano quedó completamente bien. Incluso hice lucha de brazos contra el campeón nacional paratriatleta… y perdí. Así que esta mano es muy robusta. Puede resistir golpes fuertes. Si pierde un dedo, hay tres tornillos y puedes reemplazarlo en menos de diez minutos”.

Por otra parte, asegura que “lo especial es que también es la mano biónica más rápida del mundo. Los dedos se cierran en 200 milisegundos. Y es la primera que ofrece retroalimentación táctil. Tenemos un sensor táctil en la punta, en la zona almohadillada, dos en los lados exteriores y dos en los interiores. Se transmite mediante el motor vibratorio”.

Además, el dispositivo está “cubierto por Medicare en Estados Unidos. Está aprobada por la FDA [la autoridad del medicamento]. Ya tenemos más de 300 usuarios humanos y más de 50 empresas de robótica, incluidas NASA, Meta, Google, Amazon… Mercedes está fabricando coches con ellas con el robot humanoide de Aptronics, que usa nuestras manos. También Toyota, GM, las principales empresas de interfaces cerebro-máquina y de logística industrial”.

“Es exactamente la misma mano que usan los humanos y los robots”, añade Akhtar. “Acabamos de iniciar una colaboración con Nvidia, en la que estamos tomando datos de nuestros usuarios humanos para entrenar modelos de IA y que los robots puedan hacer exactamente lo mismo. Porque nuestros usuarios pueden hacer casi todo lo que los robots intentan hacer, y es la misma mano para ambos”.

Buena para humanos y robots

En cuanto a la ingeniería desarrollada, incide en que “todo está dentro de la mano en sí. Todos los motores y electrónica están dentro. Podemos instalarla en un humano, un robot humanoide o un brazo robótico industrial. Tenemos una alianza con Universal Robots y funciona directamente ‘out of the box’. También hemos hecho integraciones con ABB, FANUC, KUKA, etcétera”.

“¿Hacia dónde vamos con esta tecnología en el futuro? Buscamos una integración fluida entre humanos y robots. Acabamos de recibir una subvención del Departamento de Defensa de Estados Unidos para desarrollar microelectrodos, y de hecho los tengo aquí”, continúa mientras muestra cables y conectores. “Esto sería su hueso; por ejemplo, el del codo. Este es un implante de titanio que iría dentro del hueso, la piel llegaría hasta aquí, y estos microhilos irían directamente a los nervios, permitiendo controlar cada dedo…”.

Y aparte de todo eso, “hay una app para controlarla —hay una app para todo hoy en día— y poniendo la mano frente a la cámara [del móvil]… Sí, exacto” proclama triunfal, mostrando cómo la mano biónica reproduce los gestos de la de carne y hueso. “Ese nivel de control es el que tendremos con los implantes nerviosos”.

No obstante, la condición artificial tiene habilidades más chocantes como la capacidad de rotar 360 grados en la muñeca, o “reproducir música”, que no es precisamente lo mismo que, por ejemplo, tocar la guitarra. Tiene batería para funcionar entre seis y ocho horas y se recarga completamente en una. Puede sostener sutilmente un huevo sin reventarlo, (“lo probamos con una fresa”, aclara Akhtar) o cargar “hasta 63 kilos”. Lleva siete microprocesadores, incluyendo uno por cada dedo, y en un par de años esperan empezar a hacer implantes que incluyan cirugía para un mejor control.

En la actualidad hay tres centenares de usuarios, de momento sólo en Estados Unidos, con un coste por dispositivo entre 10.000 y 20.000 dólares, aunque buena parte de ese dinero lo cubre el seguro, dice el fundador de Psyonic, que calcula que en todo el mundo hay unos diez millones de posibles clientes.

“Lo más importante es que nuestros usuarios humanos pueden hacer las cosas de la vida diaria”, sentencia Akhtar.