Uno de los dispositivos de movilidad aérea mostrados en eMobility Expo World Congress.

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La transición hacia el coche eléctrico, en el atolladero: industria, energía y regulación chocan en la carrera hacia 2035

Expertos en el eMobility Expo World Congress señalan que la electrificación del transporte europeo exige redes eléctricas más robustas, energía más barata y una combinación de tecnologías más allá del coche de batería.

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A.I.
Málaga
Publicada

Las claves

La transición al coche eléctrico en Europa avanza de forma desigual debido a desafíos regulatorios, industriales y tecnológicos.

En enero de 2026, las matriculaciones de vehículos eléctricos alcanzaron el 19% en Europa, mientras que los coches de combustión bajaron al 31%.

Expertos del sector defienden la necesidad de combinar baterías, hidrógeno y sistemas híbridos para avanzar en la descarbonización del transporte.

El precio de la electricidad, la burocracia y la capacidad de las redes eléctricas son obstáculos clave para la electrificación, especialmente en sectores como el urbano y el marítimo.

La electrificación del transporte avanza en Europa con paso desigual, entre el empuje regulatorio de Bruselas, las tensiones industriales del sector automotriz y una realidad tecnológica todavía en fase de ensamblaje.

Ese fue, en esencia, el telón de fondo que sobrevoló varias de las conversaciones del eMobility Expo World Congress - MOW 2026, celebrado esta semana en Málaga, donde fabricantes, proveedores energéticos, expertos académicos y representantes institucionales trataron de engarzar una visión común sobre el futuro de la movilidad descarbonizada en el continente.

Un debate que, lejos de los ditirambos habituales sobre el coche eléctrico, dejó entrever un ecosistema más complejo, en el que baterías, hidrógeno y sistemas híbridos se perfilan como piezas complementarias dentro de un tablero energético en plena mutación.

Los datos muestran ya una transformación en marcha. Según cifras del International Council on Clean Transportation, las matriculaciones de vehículos eléctricos de batería alcanzaron en enero de 2026 una cuota del 19% en Europa, tres puntos más que en el mismo mes del año anterior, mientras que los coches de combustión convencional retrocedieron hasta el 31%, diez puntos menos que doce meses antes.

Empero, esta transición plantea interrogantes industriales y sociales nada menores: desde el coste de la energía hasta la competitividad del sector europeo frente a Asia o Estados Unidos, pasando por el impacto en el empleo o la velocidad a la que debe producirse la transformación del parque automovilístico.

En ese contexto, Rafael Mateo, consejero de Acciona Energía y CEO de Silence, defendió que el verdadero campo de batalla de la electrificación se encuentra en el ámbito urbano: “Hay que empezar por las ciudades, porque el 70% del consumo energético se produce allí. Si conseguimos mejorar el transporte público, podremos transformar el interior de las ciudades desde el punto de vista de los vehículos”.

Pero la ecuación no depende únicamente de la tecnología disponible. Benjamin Krieger, secretario general de la asociación europea de proveedores de automoción CLEPA, advirtió de que la competitividad industrial del continente también pasa por revisar algunos elementos regulatorios y estructurales.

El precio de la electricidad tiene que bajar y la burocracia tiene un coste demasiado elevado”, señaló, reclamando un marco normativo más flexible que permita a la industria adaptarse al ritmo real del mercado. “La legislación debe ser más realista para alcanzar los objetivos”, insistió, en un mensaje que refleja el creciente malestar de parte del sector ante lo que consideran un exceso regulatorio en la transición energética.

Uno de los consensos que emergió con mayor claridad durante el congreso fue el abandono de la falsa dicotomía entre baterías e hidrógeno. Daniel Fraile, Chief Policy and Market Officer de Hydrogen Europe, defendió que ambas tecnologías deben entenderse como vectores complementarios dentro de un sistema energético más amplio.

En el sur de España tenemos energía barata, y cuando se desarrolla una energía complementaria como el hidrógeno puede ser beneficiosa para los negocios”, explicó, recordando que los autobuses eléctricos son hoy más competitivos en muchas rutas urbanas, pero también enfrentan limitaciones operativas asociadas a los tiempos de recarga. “Aquí es donde el hidrógeno puede actuar como una energía complementaria”, señaló.

Ese mismo enfoque híbrido se extiende ya a otros segmentos del transporte. Daniel Pérez, director de Estrategia e Innovación de KM0 Energy, subrayó que la electrificación no solo constituye un instrumento para reducir emisiones, sino también un catalizador para la transformación de las flotas. “La electrificación no solo resolverá el problema de la descarbonización, sino que también facilitará la transición hacia flotas eléctricas”, afirmó, aunque advirtió de que el gran cuello de botella sigue siendo la capacidad de las redes eléctricas para absorber esa demanda creciente.

En el ámbito marítimo, donde la electrificación enfrenta retos técnicos aún más acusados, la transición se está articulando mediante soluciones híbridas que combinan baterías con otros combustibles. “La electrificación del sector marítimo es un reto complicado, pero estamos avanzando con sistemas híbridos que combinan baterías y combustible”, explicó Fernando Marcos, director comercial de EVERLLENCE. Una visión que comparte Montserrat Espín, responsable de descarbonización del transporte marítimo en Bureau Veritas Marine & Offshore, quien recordó que las baterías ya están presentes en diversos tipos de buques, aunque advirtió de la necesidad de abordar con cautela los desafíos de seguridad asociados al hidrógeno.