El impuesto a las grandes fortunas se vota el próximo mes de noviembre con Silicon Valley en el punto de mira.
El impuesto a las grandes fortunas que California someterá a votación divide a Silicon Valley
Los californianos decidirán en las urnas el próximo mes si sus multimillonarios pagan un impuesto extraordinario sobre su riqueza.
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California se prepara para una votación histórica el próximo 3 de noviembre, con una iniciativa que hace temblar a las mayores fortunas de Silicon Valley. Y el éxodo de algunos de los nombres más poderosos de la industria tecnológica ya ha comenzado.
Por primera vez, los ciudadanos del estado podrán aprobar un impuesto del 5% sobre los patrimonios que superen los 1.000 millones de dólares. Se trata de la Proposición 40, que se aplicaría a cualquier persona que residiera en California el 1 de enero de 2026, aunque se haya mudado después.
El 90% de lo recaudado se destinaría a los programas de sanidad pública del estado y el 10% restante a ayudas alimentarias y a la educación pública.
La reacción de los más ricos no se hizo esperar. Seis de los 214 multimillonarios que vivían en California se marcharon antes de la fecha límite. Entre ellos figuran grandes nombres de Silicon Valley, como el polémico cofundador de PayPal y Palantir, Peter Thiel; los cofundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin; y el ex CEO de Uber, Travis Kalanick. Mark Zuckerberg y su esposa, Priscilla Chan, compraron una mansión en Miami a principios de año, aunque desde Meta aseguran que la operación no guarda relación con el impuesto.
Los detractores de la Proposición 40 sostienen que la medida acelerará la salida de los multimillonarios que impulsaron el auge de Silicon Valley y que, junto a sus empresas, llevan años abandonando el estado debido a la elevada presión fiscal. Sin embargo, el contexto económico podría inclinar la balanza a favor del 'sí'. Los estadounidenses afrontan una inflación que se resiste a bajar, una economía que pierde fuelle y un encarecimiento de la energía provocado por la guerra en Irán.
El cofundador y CEO de Nvidia, Jensen Huang, ha asegurado que está dispuesto a pagar lo que le corresponda. Otros gigantes del sector, en cambio, han abierto la cartera para frenar la medida. Sergey Brin ha aportado 102 millones de dólares a Building a Better California, el grupo que lidera la oposición a esta ley. Thiel donó tres millones y Eric Schmidt, uno, a la California Business Roundtable, y directivos de DoorDash y Stripe también han contribuido a la causa.
Los opositores han conseguido, además, que se voten otras dos medidas, las Proposiciones 41 y 42, que anularían la 40 si cualquiera de ellas obtuviera más votos que esta. La batalla se libra también en las redes sociales, donde circulan anuncios que presentan la iniciativa como un tributo que acabará afectando a todos los californianos, algo que no recoge el texto de la ley.
Si la Proposición 40 supera ese doble filtro, el impuesto se abonaría en 2027, de una sola vez o en cinco plazos anuales con un recargo del 7,5% cada año.
El impacto en el corazón tecnológico de California es difícil de prever. Algunas grandes fortunas aceptan contribuir en un país donde la brecha social no deja de crecer. Otras advierten de que el impuesto solo acentuará la fuga hacia estados que protegen el patrimonio.
El propio gobernador demócrata, Gavin Newsom, se ha opuesto públicamente por temor a que los multimillonarios y sus empresas se marchen y defiende en su lugar un impuesto a escala nacional.
Si sale adelante, sería el primer gran impuesto general sobre el patrimonio no solo en la historia de California, sino también en la de todo Estados Unidos.